1987, en el camino de cornisa Salta-Jujuy

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♦ EL DESCUBRIMIENTO DEL ALILICUCU YUNGUEÑO O LECHUCITA DE HÖY

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ 28 – 12 – 2019

Derivatio nominis: Nombramos a este búho en honor a un ornitólogo que mucho lo merece por sus investigaciones  sobre la vida de las aves en el norte de Argentina, nuestro amigo y colega Gunnar Hoy (Salta), quien colectó el espécimen y nos dio un apoyo activo en nuestro trabajo en el campo.

(König y Straneck, 1989)

Paisaje desde el camino de cornisa Salta-Jujuy, terra typica del alilicucu yungueño o lechucita de Höy, Megascops hoyi. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
Paisaje desde el camino de cornisa Salta-Jujuy, terra typica del alilicucu yungueño o lechucita de Höy, Megascops hoyi. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

A través de la bruma del tiempo, sostenido apenas por el hilo de un recuerdo que a veces se desvanece,  veo sentado en un pequeño sillón a un anciano, que con la voz algo gastada por los años me cuenta de una noche de luna. Era en la selva; en un territorio poblado de sombras misteriosas, sonidos intrigantes y silencios profundos. Ese anciano, algo más joven entonces pero no demasiado, escuchó nuevamente allí el canto de una lechuza que no podía identificar. Comenzó a indagar en las ramas cargadas de bromelias y otras epífitas que cubrían los arboles inmensos, pero la oscuridad era una puerta cerrada a la curiosidad y el apetito científico del hombre. Siguió buscando. Giraba la cabeza lentamente, observando en detalle cada movimiento o cada bulto sospechoso; y de pronto, con la luna de fondo y perfectamente definido contra el disco blanco del satélite natural de la Tierra, encontró al autor de los ruidos irreconocibles. Muy despacio, con sus ojos clavados en aquel punto, se apoyó la culata del arma sobre el hombro y, experto tirador, apuntó conteniendo la respiración.  El  hombre era Gunnar Höy, y la lechuza, el alilicucu yungueño –o, como a mí me gusta llamarla, la lechucita de Hoy–, que permanecía, hasta ese día de 1987, desconocido para la ciencia. Escuché su relato con fascinación, pero posiblemente me olvide de algún detalle o me falte algo importante por señalar; sólo eso recuerdo de lo que a principios de 1990 me contó el ornitólogo noruego, ya jubilado, una tarde que fui a visitarlo a su casa de la calle Benito Graña, en la ciudad de Salta.

Muchos años después, en 2013, Andrés Höy, hijo de Gunnar, me narró algunos pormenores del hallazgo. Me dijo que cierta vez su padre había escuchado un canto que no conocía y las linternas no lograban descubrir quién era el autor de los sonidos. Cuando por fin pudo verla, le disparó y la abatió, pero al examinarla se dio cuenta de que aquella ave era muy posiblemente nueva para la ciencia, que era distinta a lo que hasta entonces se conocía. En aquella oportunidad, Gunnar se encontraba en el camino de cornisa que une las provincias de Salta y Jujuy en compañía de Claus König, uno de los mayores expertos mundiales en búhos y lechuzas y autor de la monumental obra publicada en 2008, junto a Friedhelm Weick y Jan-Hendrik Becking, Owls of the World (Christopher Helm, Londres). Höy la cazó, pero König propuso escribir él el artículo científico sobre el animal con la primera descripción.  Según recuerda Andrés, König sugirió redactar el trabajo ornitológico con un argumento que Höy no pudo rechazar: “¡Ah, me encanta este trabajo! –Le dijo–: ¿Por qué no me dejas que yo lo escriba?; me gustaría llamarlo ‘Hoy’. Déjame que yo lo haga; lo llamaré Otus hoy”.

Debe tenerse en cuenta en relación a esto que la persona que describe por primera vez una especie es el «autor» y es a la que le cabe el privilegio de darle nombre. Cuando el autor elige asignar un nombre específico derivado de un nombre propio, lo que hace es rendir un homenaje o reconocimiento a alguien, ya se trata de un colega, un amigo o un familiar, y debe hacerlo en forma latinizada; además, se considera de mal gusto y signo de egocentrismo que el autor se dedique la especie a sí mismo.

Andrés Höy no participó de aquella salida de campo pero recuerda vívidamente el trabajo de su padre: “Teníamos un paraguas que se daba vueltas y que había sido pintado con una pintura reflectante, como si fuera una pintura de aluminio. Ahí, en el centro, por una perforación,  se pasaba un micrófono –por supuesto, no se tenía la tecnología de hoy–  se le apuntaba ese micrófono  como si fuera un rifle al ave que podía estar a 50 metros… en esas épocas había que ingeniárselas. Eso te amplificaba mucho los ruidos de la noche”.

Lo captado por ese tipo de micrófono, montado junto a la contera de un paraguas al que se le había dado vuelta la tela impermeable, era grabado meticulosamente. Después se efectuaba la gráfica y se comparaba con la grafica del canto de otras especies afines. El oído humano puede fallar, pero hay menos riesgos de equivocación si se ven graficados los sonidos del ave impresos en un papel. Ese fue un trabajo anterior; cuando se comprobó que en ese lugar existía un ave que emitía sonidos diferentes de los de otras aves que ya se conocían, se resolvió profundizar las investigaciones y colectar el ave.

Fue en el año 1975 en que Claus König llego a Tucumán para visitar a Claes Olrog, y ese mismo año conoció a Gunnar Höy, que vivía en Salta. Esta primera visita al norte argentino lo dejó con muchas ansias por conocer más de lo que, en una conversación que mantuve con él en 2013, calificó como una “tierra tan fantástica con gente tan amable”. Regresó a esta región una y otra vez, y desde su primera visita, a mediados de la década de 1970, hasta el año 2001 estuvo en ella en quince oportunidades. En 1987 comenzó, junto a Gunnar Höy y Roberto Straneck, a estudiar lechuzas pequeñas, especialmente caburés (género Glaucidium), y fue durante una de las excursiones a la selva que atraviesa el camino de cornisa que une las provincias de Salta y Jujuy cuando fue descubierta una población  del Alilicucu yungueño, cuyo nombre científico es ahora Megascops hoyi.

Un par de años después, apareció publicado en Alemania, de autoría de Claus König y de Roberto Straneck, Eine neue Eule (Aves: Strigidae) aus Nordargentinien / Una Nueva Lechuza (Aves: Strigidae) del Norte Argentino (1989). Pero la historia del alilicucu yungueño o lechucita de Hoy, tiene antecedentes anteriores a 1987, año en el que fue colectado el espécimen por parte de Gunnar Höy. En 1974, Olrog señaló que cuatro lechuzas de una especie  de “Otus” en la colección del Instituto Miguel Lillo en Tucumän no podían asignarse taxonómicamente. Los creyó miembros de una población aislada en Calilegua y señaló que «ninguna descripción publicada corresponde a ella».

Straneck, Ridgely y Mata (1987) documentaron por primera vez el canto de la especie en Calilegua y en el Parque Nacional El Rey, y llegaron, pero sin poder ver la lechuza, a la conclusión, basada únicamente en la similitud de los cantos, de que debía ser Otus guatemalae.

En 1987 como parte de una investigación sobre especies neotropicales del género Glaucidium, al colectar Höy la lechucita en el selvático paisaje del camino de cornisa entre Salta y Jujuy, recién se pudo realizar la comparación con las hasta entonces enigmáticas pieles presentes en las colecciones del Museo Argentino de Ciencias Naturales en Buenos Aires y del Instituto Miguel Lillo en Tucumän, y se descubrió que había una piel en Buenos Aires y un total de ocho pieles en Tucumän (incluidas las cuatro mencionados por Olrog), que sin duda pertenecían al mismo tipo que la pieza colectada en 1987 (König y Straneck, 1989) Todos tenían los patrones de dibujo típicos, que los distinguían de O. choliba (una especie parecida pero de ambientes distintos y canto diferente) y O. guatemalae.

Durante los años 2000 y 2001 Claus junto a su esposa, Ingrid König, lograron filmar por primera vez a este estrígido en su hábitat natural. La película, cuyo nombre es Owls in the mist, es un documento único, donde pueden apreciarse imágenes muy logradas de esta ave en su hábitat natural. El trabajo es de excelente calidad, y cuenta con bellos primeros planos de la especie y de otras interesantes aves.

Alilicucu yungueño o lechucita de Höy, Megascops hoyi. Fotografía: Gentileza Gabriel Nuñez.
Alilicucu yungueño o lechucita de Höy, Megascops hoyi. Fotografía: Gentileza Gabriel Nuñez.

Agradecimientos:

Quiero expresar mi sincero agradecimiento a Claus König, quien gentilmente atendió mis llamadas, respondió mi correspondencia y me envió una separata, dedicada por él de puño y letra, con la primera descripción de Megascops hoyi, más algunos otros de sus escritos desde Alemania. También agradezco a Andrés Höy, hijo de Gunnar Höy, quien me contó algunos recuerdos de los años en que fue descubierto Megascops hoyi. Por último quiero agradecer a mi amigo Bernhard Kläui, quien me ayudo con la traducción de los artículos en alemán y hasta participó de una salida de campo para observar a la lechucita de Höy una noche muy estrellada y llena de insectos y murciélagos.

Como dos "lechuzos" más: Elio Daniel Rodríguez junto a Bernhard Kläui estudiando al alilicucu yungueño o lechucita de Höy, Megascops hoyi. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
Como dos «lechuzos» más: Elio Daniel Rodríguez junto a Bernhard Kläui estudiando al alilicucu yungueño o lechucita de Höy, Megascops hoyi. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Fuentes consultadas:

Höy, Andres. 13 de mayo de 2012. Entrevista con Elio Daniel Rodríguez. Transcripción íntegra en posesión de Elio Daniel Rodríguez.

König, C. & R. Straneck. 1989. Eine neue Eule (Aves: Strigidae) aus Nordargentinien. Stuttgarter Beiträge zur Naturkunde, Ser. A. 428: 1-20.  Stuttgart.

König, Claus. 22 de mayo de 2013. Carta a Elio Daniel Rodríguez. Archivo personal de Elio Daniel Rodríguez.

Olrog, C. C. 1974. Notas ornitolögicas. X. Sobre la colecciön del Instituto Miguel Lillo. Acta Zoológica Lilloana 31 (8): 71 – 73. Tucumán.

Straneck, R., R. Ridgely & Mata, J. R. 1987. Dos nuevas Lechuzas para la Argentina: Cabure Andino Glaucidium jardinii y Lechucita Vermiculada Otus guatemalae (Aves, Strigidae). Communicaciones Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia» (Zoologia) 4(18): 137-139; Buenos Aires.

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