Anfibios del noroeste argentino

386

♦ UNA LUCHA CONTRA LA EXTINCIÓN

♦ Esteban O. Lavilla es tucumano y nació en 1955. Es doctor en zoología y  director del Instituto de Vertebrados de la Fundación Miguel Lillo. Desde chico, sintió una profunda atracción por el universo de los anfibios y hoy ve con preocupación el porvenir de este grupo de animales a los que dedicó una parte importante de si vida ¿Qué les pasa a los anfibios en el noroeste argentino?

♦ Entrevista por Elio Daniel Rodríguez

-¿Cuál es la situación, en lo que a conservación se refiere, que atraviesan los anfibios en el noroeste argentino?

Para contextualizar la respuesta a esta pregunta, debemos recordar que, desde mediados de la década de 1980, estudiosos de diferentes regiones del mundo comenzaron a percibir que algunas poblaciones de anfibios, otrora saludables, mostraban una notable declinación en su número o habían desaparecido por completo. Esta situación, que cada uno de nosotros creyó que ocurría a nivel local, se demostró que tenía escala planetaria. Treinta años después, la situación no solo no se ha revertido, sino que fue empeorando paulatinamente, y hoy muchas especies de anfibios, a nivel mundial (y también en el noroeste argentino) muestran una situación preocupante.

El problema de las declinaciones poblacionales y extinciones no afecta a todas las especies por igual. Refiriéndonos al NOA, aquellas que viven en la llanura chaqueña aún conservan algunas poblaciones saludables, mientras que las que viven en las selvas de montaña y en las regiones puneñas y altoandinas andinas muestran poblaciones en un estado de mayor vulnerabilidad.

Esteban Lavilla en una charla con alumnos de escuela primaria. Fotografía: Gentileza de Esteban Lavilla.

-¿Cuáles son las principales amenazas que atentan contra la supervivencia de las especies de este grupo de animales en nuestra región?

Las causas son múltiples y actúan de manera sinérgica. Una amenaza de gran impacto es la relacionada con las pérdidas irrevocables de hábitats debidas a diversas razones, incluyendo, entre otras, la expansión de la frontera agropecuaria, a la minería a cielo abierto, la explotación de hidrocarburos y el crecimiento urbano no planificado. Para ejemplificar el efecto multiplicador y complejo de las actividades humanas, tomemos el primer caso, ejemplificándolo con las acciones alrededor de un cultivo de soja. Como primera medida, un espacio natural en el que se desarrollaba una comunidad animal-vegetal integrada por numerosísimas especies es sometido a tala rasa, con frecuencia seguida de fuego que deja la tierra yerma. A continuación se siembra una sola especie, que para que prospere y sea económicamente rentable necesita de agroquímicos. Estos son de varios tipos, pero podemos dividirlos en tres categorías, los fertilizantes, los plaguicidas y los herbicidas.

Los plaguicidas son venenos que matan todo (aunque las propagandas digan lo contrario), por lo que no es necesario detenernos a ampliar el concepto. Los fertilizantes, por su parte, agregan sobre todo nitrógeno y fósforo al cultivo, y luego de las lluvias son arrastrados a charcos, lagunas y otros cuerpos de agua, donde se reproducen anfibios. Ese exceso de nutrientes en el agua provoca el crecimiento desmesurado de vegetación, que consume todo el oxígeno disuelto, con lo que la fauna que vive en esos ambientes muere. Y con respecto a los herbicidas, la soja que se cultiva en el NOA es transgénica, y está desarrollada para resistir la acción del glifosato (C3H8NO5P), un herbicida total de amplio espectro, que en sus formulaciones comerciales ha demostrados poseer efectos nocivos no solo contra otros vegetales, sino también sobre los animales en general y el hombre en particular, aunque oficialmente se niegue su acción carcinógena.

Y para colmo de males, y en especial para los anfibios, quizás relacionado esto con alteraciones de diversa magnitud de la temperie, atribuidas a procesos todavía no cuantificados de cambio climático, local y global, han surgido una serie de las llamadas enfermedades emergentes, producidas por hongos y virus que atacan especialmente a los anfibios, diezmando sus poblaciones.

-¿Hay casos ya en nuestras provincias de especies severamente amenazadas o acaso ya se han producido extinciones de algunas de ellas?

Las dos especies de anfibios que se han declarado formalmente extinguidas en la República Argentina, Telmatobius ceiorum y Telmatobius laticeps, vivían en el noroeste argentino. La primera en la selva de montaña de la vertiente oriental de las Cumbres Calchaquíes y Nevados del Anconquija, y la segunda en el Valle de Tafí, en Tucumán. Otras severamente amenazadas en la región NOA incluyen las tres especies de ranas marsupiales del género Gastrotheca, las otras especies andinas y puneñas del género Telmatobius, a la que se suman el sapo del Baritú, Rhinella rumbolli, la rana mono Phyllomedusa boliviana, la rana de las vizcacheras Leptodactylus laticeps y las ranas de desarrollo directo del género Oreobates.

-¿Cuántas especies habitan actualmente el NOA?

Alrededor de 70 especies, muchas de ellas microendémicas, es decir, que poseen una distribución muy limitada, siendo conocidas de una o de muy pocas localidades.

-Y de las que están en serio peligro, ¿cuáles son las más comprometidas?

Sin dudas, las ranas altoandinas del género Telmatobius, las ranas marsupiales del género Gastrotheca y las dos especies de desarrollo directo del género Oreobates.

-Siempre hablando de la región noroeste, ¿podría suponerse que aún hay especies que no conoce la ciencia y que esperan aún ser descubiertas?

Sí. Seguramente hay muchas especies todavía desconocidas a lo largo de la cordillera de los Andes, de los valles interandinos y de la selva de montaña (Yungas). Además, estudios citogenéticos y moleculares sobre especies “comunes” y de amplia distribución geográfica han mostrado, en algunos casos recientes, que en realidad no se trataba de una sino de un mosaico de especies crípticas, es decir, de morfología muy similar.

¿Qué implicancias puede tener para los ecosistemas la desaparición de una especie de anfibio o de varias de ellas, como se dice que está actualmente ocurriendo en el mundo?

Los ecosistemas pueden ser vistos como súper-organismos extremadamente complejos, en el que las plantas y los animales han interactuado entre sí y con el ambiente  durante miles de años. Esa interacción ha llevado a un proceso de ajuste conocido como co-evolución,  en el que cada organismo influye sobre, y es influido por, todos y cada uno de los restantes integrantes del sistema. La pérdida de uno de estos componentes provoca un desequilibrio, que en condiciones normales puede ser restaurado por la incorporación de otro(s) componente(s) al sistema, pero cuando las alteraciones son de proporciones pueden tener lugar efectos cataclísmicos. Volviendo a la figura del súper-organismo, imaginémonos a nosotros, y cómo sería nuestra calidad de vida si nos extirparan definitivamente alguno de los miembros u órganos que nos componen…

-¿Es equivalente lo que está ocurriendo en nuestra región con los anfibios a lo que está sucediendo en el mundo?

Para esto no hay una respuesta unívoca. La declinación poblacional y las extinciones son fenómenos globales, pero en cada región hay componentes que pueden marcar algunas diferencias. Argentina, como muchos países en vías de desarrollo, basa su economía en un modelo exportador de recursos agropecuarios, mineros y de hidrocarburos con poco o ningún valor agregado, lo que se traduce en acciones directas sobre el ambiente. Además, desde la implantación de doctrinas políticas neoliberales, con eliminación de restricciones y retenciones a las exportaciones, la expansión de la frontera agropecuaria y los pedimentos para explotaciones mineras se han visto incrementados, lo que implica que en el país se reducen a pasos agigantados los pocos espacios naturales que aún existen.

-Cuénteme, por favor, algunas peculiaridades de los anfibios; es decir ¿qué los hace especiales o diferentes a otros grupos animales?

Las características que hacen de los anfibios un grupo de un tremendo valor científico y práctico son numerosas. Más allá de su papel como reguladores de poblaciones de invertebrados real o  potencialmente nocivos, y de su rol como alimento de otras especies, particularmente reptiles y aves,  los anfibios son los vertebrados más avanzados que poseen el número más elevado de modos de reproducción y desarrollo y que conservan un estado larval de vida libre, lo que permite realizar estudios de elevado valor teórico. Entre los aspectos aplicados, se puede afirmar sin lugar a dudas que la piel de los anfibios es la “farmacia” más rica de la naturaleza, y que las glándulas allí contenidas desarrollan productos  biogénicos de marcado interés farmacológico, incluyendo el analgésico más potente que se conoce, los reguladores de tensión arterial más eficientes, miorrelajantes, antivirales, antiácidos y muchos más.

Rhinella spinulosa, una de las tantas especies de anfibios presentes en el noroeste argentino. Fotografía Elio Daniel Rodríguez

-¿Qué lo llevó a usted a comenzar a interesarse en estos animales?

No creo que a los cinco o seis años de edad haya tenido una razón consciente para interesarme en los anfibios, pero no recuerdo mi niñez (y de hecho, mi vida)  sin estar relacionado de un modo u otro con ranas, sapos y escuerzos…

-Y de todas las cosas que ha estudiado u observado en lo referente a ellos ¿qué es lo que más lo ha sorprendido o lo que más ha llamado su atención?

Con respecto a los anfibios casi todo es sorprendente, pero para poder realizar estudios que llegaran a un fin, dediqué buena parte de mi vida profesional al estudio de su reproducción y desarrollo, focalizando especialmente en la morfología y anatomía de las larvas (los renacuajos), y los cambios que se producían para alanzar el estado adulto, en ese complejo proceso conocido como metamorfosis.

-¿Tienen esperanzas los anfibios en nuestra región?

Desde lo emocional, quiero pensar que el hombre, en algún momento, tomará conciencia de que aislado del entorno natural (no solamente de los anfibios), no podrá sobrevivir, y ayudará a la preservación de los recursos naturales Desde lo racional, y viendo las acciones llevadas a cabo en los últimos 50 años, estoy profundamente desesperanzado.

-Y la última: ¿por dónde debemos comenzar para asegurar la supervivencia de las especies que aún nos quedan?

Estoy convencido que la solución de los problemas de la preservación de los recursos naturales en general, y de los anfibios en particular, ha dejado de ser una tarea de los biólogos, para pasar a ser una asignatura pendiente de los tomadores de decisiones a nivel gubernamental. El conocimiento científico para lograrlo ya fue generado y mucha de la legislación necesaria ya existe. Lo que hace falta ahora es una política de estado que asegure su aplicación y continuidad en el tiempo. Sin embargo, con un Ministro de Ambiente de la Nación que justifica su ignorancia en el área que le compete diciendo que las cuestiones de ambiente son cuestiones de sentido común, estas acciones entran en el plano de las utopías…

 

DEJAR UN COMENTARIO