Ardeidos

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♦ LA VIDA SOBRE ZANCOS

♦ Aves como las garzas, los mirasoles y los hocoes conforman la muy extendida familia Ardeidae. Dependiendo de las especies su tamaño se ubica entre mediano y grande, y tienen un vuelo lento y elegante. ¿Cuáles son las características comunes que agrupan a este singular conjunto de animales?

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

Con sus largas plumas nucales, el dorso gris celeste, sus cubiertas canela estriadas y el pecho amarillento, el chiflón, Syrigma sibilatrix, es uno de los ardeidos más vistosos de nuestra geografía. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez

♦ Las aves que conforman la familia de los ardeidos están relacionadas, característicamente, al medio acuático o semiacuátíco. En realidad, no nadan como los patos ni son zambullidores como los macáes porque han renunciado a las zonas profundas y en cambio se contentan con las aguas someras. Es allí donde adquieren sentido sus largas patas que, como zancos, les permiten ir recorriendo ese territorio de las orillas, aprovechando, como pocos otros animales, sus posibilidades y recursos. Tienen picos largos, rectos y terminados en punta y sus cuellos son extensos y están capacitados para contorsionarse hasta formar una apretada «S»; estas conquistas anatómicas, combinadas, conforman una herramienta de precisión preparada especialmente para atrapar presas en movimiento.

En lo relacionado con la coloración del plumaje no se presentan diferencias entre machos y hembras de una misma especie, aunque sí hay variaciones estacionales y otras que se corresponden con la edad de los individuos. Para la época de la reproducción aparecen en ciertas especies plumas largas y de barbas despeinadas que nacen en el pecho y en el dorso y que se encuentran en ambos sexos. Estas plumas reciben el nombre de «egretas» y tienen carácter puramente ornamental, relacionándose con la exhibición sexual en los períodos reproductivos.

La garcita azuldada, Butorides striatus, tiene hábitos arborícolas, pero también puede ser vista en el suelo, sobre todo entre la vegetación palustre, mientras busca su alimento. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez

En cierto momento, hace varias décadas atrás, estás plumas se pusieron de moda para lucimiento de una soberbia multitud de señoras elegantes y, como consecuencia de ello, miles y miles de estos animales fueron sacrificados. Las garzas blancas, Ardea alba, por ejemplo, fueron duramente perseguidas y su población en la provincia de Buenos Aires fue prácticamente exterminada sólo en una decena de años, entre 1890 y 1900. Recién muchos años después, cuando el uso de las plumas ornamentales de las garzas había ya pasado de moda, pudieron estos animales comenzar a recuperarse, regresando en muchos casos a sus antiguos hábitats.

En la uña del dedo medio las garzas presentan una estructura comparable a un peine. Esta «uña pectinada» cumple una función importante en el mantenimiento del plumaje, ya que con su auxilio y la ayuda del pico, las aves frotan en sus plumas una sustancia similar al talco que las mantiene en condiciones y que procede del llamado «plumón del talco», que no se muda y que crece continuamente desde la base, deshaciéndose en los extremos.

Si bien en términos generales las garzas son animales gregarios, también existen aves de este grupo que desarrollan vidas solitarias.

Se alimentan de una gama amplia de organismos, entre los que se cuentan peces, batracios, reptiles, insectos, crustáceos, pichones de aves y hasta algún mamífero de pequeñas dimensiones.

 

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