Atropellamiento de animales

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♦ MUERTES QUE NO TIENEN FRENO

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ 03 – 08 – 2019

♦ Una lechucita de las vizcacheras, Athene cunicularia, se posaba sobre el cartel que indicaba la dirección a seguir para llegar a Amblayo. La escena me pareció simpática y le tomé unas fotografías; luego seguimos. Pero al volver por el mismo camino, observé con tristeza que el animal había sido atropellado y sólo sus plumas se movían al compás del viento, sobre el cuerpo inerte del ave. Era otra víctima de la velocidad que desarrollan los automóviles –esta vez con el agravante de que aquella ruta atraviesa un Parque Nacional, Los Cardones, en Salta– y las pocas consideraciones de muchos conductores, a los que muchas veces solamente les interesa llegar lo más rápidamente a destino.

Lechucita de las vizcacheras, Athene cunicularia, a la vera de la Ruta Provincial 33, que se dirige a Cachi. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez
Poco tiempo más tarde, apenas un par de horas después de haber tomado la imagen anterior, el autor de este artículo encontró a la misma lechucita de las vizcacheras sin vida, atropellada en el camino. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

La tragedia del atropellamiento de animales en las rutas del todo el mundo es una realidad  que se lleva la vida de millones de seres vivos cada minuto que pasa.  Los datos que se conocen son alarmantes. Sólo en los Estados Unidos (1), algunas estimaciones indican que mueren atropellados por automóviles cerca de un millón de animales vertebrados por día. Nótese que estamos hablando aquí sólo de vertebrados y únicamente en el transcurso de un día. En España, con una superficie territorial mucho menor, se calcula que mueren de la misma manera unos 10 millones de vertebrados por año. En la lamentable lista entran, por supuesto, perros y gatos, pero también lobos, jinetas, jabalíes, ciervos, zorros, conejos, erizos, lechuzas, culebras y lagartos, entre otros.

Las cosas en Argentina no están mucho mejor, y es tanto y tan diverso lo que se mata con los autos, que es muy probable que se pudiera, mediante una recolección de los restos de animales atropellados, hacer un relevamiento completo de la fauna de vertebrados de cualquier región.

Los datos que se conocen para la provincia de Misiones indican que solamente en su zona norte, donde se ubica el Parque Nacional Iguazú, mueren actualmente 3000 animales por año; si se tiene en cuenta que lo que se calculaba para la década de 1990 era que se producían unas 500 muertes de animales atropellados en las rutas, se advierte que las cosas no solamente no han mejorado sino que han empeorado de forma alarmante (2). Es más, los atropellamientos de fauna en rutas se cobran la vida incluso de animales que se encuentran en riesgo de extinción en nuestro país, como sucedió en esa provincia el domingo 25 de marzo de 2018, cuando una hembra juvenil de yaguareté (Panthera onca) fue atropellada  en la ruta provincial 19, lindera al parque provincial Urugua-í. La autopsia que se le practicó al animal confirmó que estaba preñada de dos cachorros (3).

Pava de monte común, Penelope obscura, embestida por un automóvil en la Ruta Nacional 9, entre la ciudad de Salta y General Güemes. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Las rutas del noroeste argentino siguen la misma regla: poca acción por parte de las autoridades pertinentes y una notoria negligencia y falta de respeto hacia la vida salvaje de parte de los conductores de vehículos en general. Todos los días, en las rutas de Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero, encuentran la muerte animales que ya se encuentran muy amenazados por otros factores, como la reducción de sus hábitats, la cacería, la persecución de ganaderos y los agrotóxicos.

¿Qué puede hacerse?

Entendiendo que las soluciones no vendrán solas, deben desarrollarse acciones dirigidas a revertir la curva ascendente de mortandad de animales en nuestras rutas, y debe hacérselo con acciones concretas y eficaces. Por el alto número de animales que continuamente pueden encontrarse atropellados en los caminos queda demostrado que lo que se ha venido haciendo hasta el momento no alcanza y que para parar la masacre hay que tomar de manera urgente nuevas medidas.

La mejora del terrible cuadro imperante depende de una estrategia en esos dos sentidos; más acción gubernamental y más responsabilidad ciudadana, en un circulo que debe retroalimentarse, ya que la acción de los gobiernos locales y nacional debe ir encaminada a crear más conciencia acerca del problema y el aumento de la preocupación social por el tema debe generar necesariamente una respuesta más adecuada de los gobiernos de turno.

Comadreja overa, Didelphis albiventris, atropellada en la Ruta Provincial 33, en la quebrada de Escoipe, en Salta. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Lo primero que debiera hacerse es trabajar en la recolección sistemática de datos para lograr un conocimiento más o menos completo de lo que está sucediendo; de esta manera podría pensarse en cuáles son los puntos estratégicos en los que se debe comenzar a actuar, cuáles son las especies más afectadas o qué solución es la mejor según el caso.

Contando con esa información, una de las medidas que pueden implementarse es la instalación de pasafaunas sobre o bajo el nivel de las rutas, que permiten vincular áreas que han quedado separadas por el trazado vial, permitiendo que los animales pasen a través de él. En ciertas zonas, lomos de burro para que se reduzca la velocidad o radares que permitan detectar infracciones relacionadas con la velocidad máxima permitida no estarían de más. En zonas donde no existan pasafaunas se podrían implementar barreras físicas como alambrados, que induzcan a los animales a utilizar los pasafaunas, que debieran ser muchos para lograr cumplir con su cometido. La instalación de bastones para evitar sobrepaso de vehículos también podría ser una alternativa a analizar en ciertos lugares.

En todo el recorrido de caminos densamente transitados por animales silvestres se podría muy fácilmente aumentar la señalización y la instalación de cartelería, que sirva para reforzar las tareas de concientización acerca de la problemática.

Gato montés, Oncifelis geoffroyi, atropellado en la Ruta Nacional 34, cerca de Cabeza de Buey, en Salta. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Podría analizarse la posibilidad de que la velocidad máxima quede reducida a los 60 km/h en lugares donde se registre un número importante de accidentes en los que esté relacionada la fauna, y los controles pertinentes para que esto se cumpla deben tener una presencia mayor y ser más estrictos, tanto en lo que respecta a la confección de actas de infracción como al cobro de las multas.  Es llamativo pensar que prácticamente no se ven animales atropellados en caminos de tierra, lo que nos da una idea del rol fundamental que juega la velocidad en todo este problema.

Pero no todos son accidentes. Lamentablemente hay gente que de manera premeditada mata animales silvestres usando como arma letal sus propios automóviles. Los ofidios seguramente deben ser uno de los grupos más fuertemente afectados por este tipo de actitudes, que nacen de la ignorancia, cuando no de la más pura crueldad.

En este, como en otros temas, falta educación, control y gestión. De todos depende que los animales salvajes no sigan pagando con su vida nuestro gusto por llegar siempre rápido a todos lados y el desinterés de otros, que siguen mirando para otro lado.

Zorrino, Conepatuts chinga, atropellado en la Ruta Nacional 68, cerca de Alemanía, Salta. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

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