♦ Queridos amigos:

En Argentina acaba de aprobarse una reforma previsional, diseñada para ahorrar dinero en el pago de las jubilaciones. Para justificarla, dijeron que el Estado gastaría menos pero que los jubilados ganarían más. Cuando la contradicción fue demasiado evidente, agregaron que no había dinero porque, más o menos, los gobiernos anteriores se habían robado todo. Suponiendo que eso sea cierto, lo que correspondería era aumentar los impuestos a los que realmente pueden pagarlos para compensar el dinero que faltaba.

Sin embargo, hicieron exactamente lo contrario: una reforma tributaria para que el Estado cobre menos impuestos a las empresas y más a las personas que trabajan. Como va a haber menos dinero, necesitan reducir las jubilaciones.

La reforma se hace de este modo:

– Bajan impuesto a las ganancias y otros impuestos a las empresas.

– Reducen los aportes patronales a la seguridad social.

– Cobran impuesto a las ganancias a los trabajadores por las indemnizaciones por despido.

– Se agrega un impuesto a la renta financiera, pero solamente para los bonos en dólares que estén bajo legislación argentina. “De la norma quedarían exceptuados los títulos públicos emitidos por el Estado nacional bajo legislación extranjera”. Como los bonos del Estado emitidos bajo legislación argentina van a pagar impuestos pero los que se emitan bajo legislación extranjera no van a pagar nada, los inversores van a elegir los bonos del Gobierno argentino que se emitan bajo legislación norteamericana o de otros países.

Parece que una forma de “ingresar al mundo” es someter la política financiera a las leyes de los centros financieros internacionales. ¿Alguien me puede recordar qué significaba la palabra “soberanía”, que me olvidé?

Presten atención a las cifras: en la misma Cámara de Diputados y con pocas horas de diferencia los mismos Diputados aprueban la reforma previsional con 128 votos y la reforma tributaria con 147 votos. Sin embargo, son dos caras de la misma moneda: en la reforma tributaria se les bajan los impuestos a las empresas. Eso hace que el Estado tenga menos dinero para pagar las jubilaciones. ¿Por qué esa diferencia de votos ante lo mismo? Porque todo el mundo sabe que bajar las jubilaciones es antipopular, pero hay menos gente que sabe que si se quitan impuestos a las empresas habrá menos dinero para pagar a los jubilados.

Ya había un par de aspectos anteriores para mencionar: se eliminaron las retenciones a las exportaciones mineras y se redujeron las de soja; además se autorizó a que los exportadores no liquidaran las divisas en el país, lo que es una invitación a invertir en el exterior. Tal vez en los mismos paraísos fiscales con los que, según denuncias periodísticas, están o estuvieron relacionados el propio presidente y varios de sus ministros. No imagino a ningún inversor del mundo dispuesto a poner dinero en un país cuyo presidente y su gabinete están sospechados de tener sus fortunas en el exterior.

A esta altura es anecdótico decir que las empresas de juegos de azar (como los bingos) no pagan impuestos, mientras que los alimentos de primera necesidad sí lo hacen.

Este año la Argentina va a pagar 406.500 millones de pesos, lo que significa casi 21.000 millones de dólares solamente de intereses. Como somos unos 44 millones, este año vos (y cada persona que conocés, incluyendo los bebés que van a nacer este año) vas a pagar más de 9 mil pesos solamente de intereses a los bancos internacionales y sus especuladores. ¿Cómo lo pagás? Con menores jubilaciones, sueldos que aumenten por debajo de la inflación, menos servicios públicos, mayores impuestos, mayores tarifazos, etc.

Por supuesto que el Gobierno anterior malversó fondos públicos. Pero esto no tiene nada que ver con la corrupción de los anteriores sino con la ¿corrupción? de los actuales. Si uno cree que las cuestiones de economía no le interesan, es probable que usen ese desinterés para engañarlo.

ESTO SE INVENTÓ CUANDO SE CREÓ LA GLOBALIZACIÓN

Lamentablemente, no se trata de un invento argentino. La escritora Naomí Klein documentó innumerables situaciones en todo el mundo, en las que se aprovechan situaciones de emergencia, inundaciones, terremotos, episodios de violencia o ingenuidad electoral para imponer reformas privatizadoras, que concentran la riqueza y perjudican a quienes tienen menos. Estas reformas en todos los casos empeoran las situaciones que dicen corregir.

El libro de Klein se llama “La doctrina del shock” y muestra una estrategia coherente que se aplica en todo el mundo para empobrecer a los pobres y enriquecer a los ricos.

LOS RITMOS DE LA NATURALEZA DE LA QUE SOMOS PARTE

Ese conjunto de medidas suelen ir asociadas a una presión cultural para olvidar nuestra pertenencia a la naturaleza. Los mismos sectores económicos interesados en reducir salarios, jubilaciones y, en general, eliminar derechos laborales, son los que lucran con la destrucción del medio natural que nos sustenta. La misma economía que convirtió a los ecosistemas en “recursos naturales”, transformó a las personas en “recursos humanos”. Y trató a ambos como descartables.

Por eso mi insistencia en recordar los ritmos de la naturaleza, que están en la base de todas las culturas humanas, menos las dominadas por los grandes capitales.

 

 

 

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