Derecho al sol

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CLARO QUE EXISTE TAL COSA

Por Elio Daniel Rodríguez

Durante siete años de mi vida habité un departamento en el que nunca entraba el sol. Bueno, en realidad, temprano en la mañana lo hacía por la pequeña ventana de una de las habitaciones, pero pronto ascendía y sus calidos rayos dejaban de ingresar en mi hogar. Ciertamente lamentaba el hecho, pero me resignaba ante la idea y la aceptaba estoicamente. En verano, el sol apenas ingresaba de soslayo por el living, y aquello era objeto de deleite para los que allí vivíamos. Durante los inviernos ni por asomo se aproximaba hasta donde estábamos.  Por otra parte, no entendía cómo era que, a plena luz del día, algunos de mis vecinos cerraran completamente las ventanas de sus propios departamentos, algunos de los cuales sí reciban de lleno y por varias horas la luz y el calor del sol. En el mío no pasaba eso.

Aparentemente el tema se reducía a que cuando proyectaron la construcción de los departamentos en los que yo vivía, a nadie se le ocurrió pensar que era importante el hecho de que a todas las viviendas ingresara el sol. ¿Qué podía cambiar para familias, hasta entonces sin vivienda, si las habitaciones, el comedor o lo que fuere quedaban orientadas en tal o cual posición? ¿Si entraban o no los rayos del sol? Pero, aunque muchos no lo consideren así, el tema es más importante de lo que parece. Los hombres somos habitantes de la luz, y nuestros sentidos se maravillan cuando somos acariciados por el calor de la estrella más próxima.

Derecho al Sol, de Rodríguez, Elio Daniel

En su libro, Historia ecológica de Iberoamérica II, de la Independencia a la Globalización (Capital Intelectual 2009), Antonio Elio Brailovsky recuerda el que es considerado el testamento artístico del gran director de cine Akira Kurosawa, la película Madadayo. En el film, la muerte le pregunta al protagonista, un anciano profesor, “¿estás listo?”, a lo que él le responde “aún no”. Eso significa en japonés la expresión Madadayo: “aún no”. En un momento de aquella gran película los discípulos del profesor se movilizan en procura de evitar que una moderna construcción le quite el sol que recibe su vivienda. Brailovsky expresa -y no sin razón- que, el mencionado, es uno de los pocos testimonios artísticos que existen sobre la lucha por el derecho al sol. Así de simple: por el derecho al sol…La expresión me hizo reflexionar. ¿Existe en verdad tal cosa llamada “derecho al sol”? Ciertamente. Como existen derechos básicos que, por obvios, no tenemos en cuenta. Derecho al aire que respiramos, A las lluvias de primavera y verano, a la contemplación de la luna, a tener ilusiones, a pensar por nosotros mismos, a una vida en comunión con nuestro mundo y el universo… Tenemos derecho al sol, y, por ello, que nadie lo prive de él. Que sus rayos, dadores de vida, nos sigan bañando -por supuesto, en la medida de lo saludable-, calentando nuestros cuerpos y llenándonos de luz el alma.

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