El chiflón

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♦ LA GARZA QUE SILBA

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ 21 – 10 – 2018

Chiflón, Syrigma sibilatrix. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

El Chiflón, cuya denominación científica es Syrigma sibilatrix (Temminck, 1824), y que recibe por nombres comunes, entre otros, también los de garza silbadora y garza amarilla, mide unos 50 cm. aproximadamente, y es, seguramente, uno de los ardeidos de más hermoso colorido –cosa que se aprecia sobre todo en época reproductiva, momento en el que su coloración adquiere su máximo esplendor, y cuando se logra ver algún ejemplar de la especie plenamente iluminado por la luz del sol–. Su nombre común más conocido deriva del típico sonido que produce en vuelo o posado mientras estira el cuello y abre el pico, y que se asemeja a un “silbido”. Otra vocalización es más breve y ronca (Di Giacomo, 1988)

Características

Presenta el pico rosado-rojizo con el tercio distal negro; en la cabeza, la región frontal, la corona, y una delgada línea que se extiende bajo los ojos son gris pizarra; la piel desnuda del lorum y periocular aparecen azul-celeste bastante intenso. La región auricular es canela, las largas plumas nucales son grises con las puntas amarillento-blanquecinas; el cuello y el pecho son amarillo-grisáceos; el vientre y abdomen amarillo claros; el dorso es gris, y las cubiertas alares son amarillo-acaneladas  con dos líneas negruzcas apartadas del raquis y paralelas a él. Las patas son negras.

El chiflón, Syrigma sibilatrix, es una de las garzas de más hermoso y llamativo colorido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Hábitat y distribución

A veces puede vérselo en humedales diversos pero es mucho más independiente de la presencia de agua que otras garzas, siendo habitual así encontrarlo en pastizales y zonas arboladas, campos dedicados a la cría de ganado, banquinas húmedas, y hasta en espacios parquizados.

Su distribución es neotropical y la especie es única en su género. Son reconocidas normalmente dos subespecies: S. s. Fostersmithi  (Friedmann, 1949), que se distribuye por el este de Colombia y norte y centro de Venezuela, y S. s. sibilatrix (Temminck, 1824), que habita Bolivia, Paraguay, sureste de Brasil, Uruguay y norte de Argentina, al este de la cordillera de los Andes, desde Jujuy, Salta, Formosa y Misiones hasta Córdoba, La Pampa y Buenos Aires.

Alimentación

La dieta del chiflón está compuesta por una gama bastante amplia de presas. Martin Rodolfo de la Peña (2011) realizó observaciones de garzas de esta especie alimentándose de ranas y ratones de campo. No obstante, cierta vez permanecí observando a dos chiflones junto a un arroyo cazando por largo rato y no pude menos que preguntarme qué sería lo que con tanto éxito atrapaban y devoraban. La respuesta me la dieron posteriores observaciones y, además, se encuentra muy bien expuesta desde hace mucho tiempo en un viejo artículo de El Hornero, en el que Arnoldo de Winkelried Bertoni (1918) contaba que “una garza cazada en una quinta agrícola de Puerto Bertoni, a las 8 a.m., contenía en el estómago 86 acridios y dos arañas grandes”. Indicaba además que, para demostrar el interés directo que tiene esto para el agricultor, había que añadir que “se trataba de las tres especies de langostas llamadas Tukú ihvíh por los guaraníes (Ommexecha y Orphula), las cuales son muy dañinas al tabaco y otras plantas cultivadas”. Sobre la garza en cuestión agregaba que  “es la llamada «Flauta del Sol», Kuaraíh-mimbíh, o sea la Syrigma sibilatrix, especie muy conocida como mansejona y frecuente en las quintas, aun en los arrabales de Asunción”. Cabe resaltar que este tipo de dieta que mencionaba Bertoni explica además el por qué de su independencia relativa de las lagunas y bañados.

Por otra parte, estudios centrados en la alimentación de estas aves y efectuados en la región del Paraná Medio, en la provincia de Santa Fe (Olguín et al. 2017), dan cuenta de que el análisis de los contenidos estomacales de 19 individuos capturados a los que se hizo regurgitar su alimento, mostró que S. sibilatrix tiene una dieta basada principalmente en insectos, que obtiene fundamentalmente en la unidad ambiental del pastizal.

También Alexander Wetmore (1926) señaló que encontró ejemplares en el departamento de Rocha, en el este de Uruguay, “caminando en campos secos en busca de abundantes saltamontes”.

Y a propósito de su manera de alimentarse, muy característica es su peculiar forma de cazar, cuando al acercarse a su presa, extremando los cuidados y la atención, justo antes de lanzar el pico hacia adelante, mueve el cuello lateralmente para luego rematar el movimiento con un picotazo certero.

Una de las características distintivas del chiflón en relación a muchas garzas es que busca su alimento muchas veces lejos del medio acuático o en sus inmediaciones. Aquí se ve a un ejemplar atrapando insectos en un pastizal bastante seco. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

 Comportamiento

Puede hallárselo solo o en parejas, aunque en determinadas ocasiones puedan encontrarse también grupos de varios ejemplares.

En junio de 2007, observé uno compuesto por entre 12 y 15 individuos –al que me había atraído desde bastante lejos un atípico bullicio–  en una represa ubicada al norte de Campo General Belgrano (Salta), que para esa época del año se hallaba prácticamente seca; en la ocasión, las aves desarrollaban llamativas acrobacias aéreas y aparentemente eran presa de gran excitación. El día estaba soleado pero frio; me fui acercando al sitio ocultándome entre la vegetación y al abrigo de los árboles que rodean la represa. Al trepar el terraplén que oficiaba de contenedor de las aguas en tiempos más lluviosos, pude observar a las garzas, que volaban en círculos y, por lo que veía, daban la impresión de perseguirse en el aire; mas cuando un ejemplar se aprestaba a posarse en tierra, abría de nuevo las alas y se alejaba en vuelo.

Era algo extraño observar la manera en que el “ritual”, en el que los animales demostraban un asombroso dominio del vuelo, se repetía una y otra vez. Yo, privilegiado espectador de esa cautivante “danza” aérea –realmente tenía la sensación de estar asistiendo a una depurada representación de talentosos y esforzados bailarines voladores–, estaba bien oculto entre el ramaje de los árboles y supuse, por supuesto, que tal comportamiento no obedecía al hecho de que lograban advertirme; pero para salir de la duda, luego de un rato, cuando ya las aves se habían calmado y posado, me puse a descubierto, comencé a caminar lentamente a algunas decenas de metros de las garzas y éstas siguieron dedicadas tranquilamente a sus actividades, por lo que podía observar, concentradas en la búsqueda de alimento.

Lamentablemente no pude ser testigo de lo que pasó momentos antes de mi llegada al lugar, y la fecha de las observaciones da pie a algunos interrogantes, pero es posible  que lo observado pueda estar relacionado con los elaborados comportamientos de cortejo de la especie. Estos incluyen contorsiones y erizamientos del plumaje de cabeza y cuello de los ejemplares posados en tierra, o, posiblemente también, en alguna rama gruesa de un árbol.

La lectura de un trabajo de Wetmore (1926), me demostró que, muchos años antes que yo, él vio lo mismo que pude observar en aquella represa. En sus Observaciones de las aves de Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile dejó constancia de que él también presenció el tan interesante comportamiento de los chiflones en vuelo. Cuenta allí que “una pareja observada en despliegue sobre una pequeña laguna, el 24 de septiembre, voló rápidamente de un lado a otro y luego configuró las alas para volar rápidamente en círculos cortos, mientras que primero giraban a un lado y luego al otro para mostrar alternativamente la espalda oscura y el pecho claro. La actuación se ejecutó con un movimiento y velocidad que habrían hecho mérito a un pato y me recordaron en cierto modo las rápidas maniobras ejecutadas en ocasiones por aves costeras”.

Pichón de chiflón, Syrigma sibilatrix, en su nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Nidificación

Esta ave nidifica  sobre ramas de los árboles, y no forma colonias. El nido consiste en una estructura de palitos, débil y no demasiado elaborada, sobre la que pone por lo general tres huevos verdosos o sepia, con tenues pintas grises y pardas (De la Peña, 2015). Aunque una puesta de tres huevos es lo más usual, ciertas veces, el número puede llegar a cuatro (Salvador et al. 2015).

En el mes de diciembre de 2012 pude observar y fotografiar de cerca un nido de chiflones. El mismo consistía en una plataforma rudimentaria, aparentemente frágil, traslúcida, de finos palitos, ubicada en la rama horizontal de un seibo, a unos 7 metros de altura sobre el suelo, en el espacio parquizado perimetral de una casona en Villa San Lorenzo (Salta), de la Reserva del Huaico, que resguarda un área muy cercana a la ciudad de Salta de la Selva Tucumano-Boliviana.

En el nido se encontraban tres pichones bastante crecidos que, al momento de la observación presentaban el pico grisáceo, el área de piel desnuda que bordea el ojo y llega hasta el pico amarillo-verdosa, y el iris amarillo-ocre claro. La cabeza, el cuello, la espalda, el lomo y, aunque en menor proporción, el pecho, estaban cubiertos todavía por largos y abundantes plumones. La garganta era blanquecina. Bajo los filamentosos plumones, en la zona auricular, ya se observaba un canela claro, y en la frente y la corona aparecía la típica coloración gris de los adultos de la especie. En el pecho y vientre se presentaban estrías grisáceas sobre un fondo blancuzco. Las cobertoras alares ya contaban con el clásico diseño de  los mayores. El abdomen era blanquecino y las patas grises.

Di Giacomo (1988) observó que para construir el nido utilizan palitos y ramas finas, tomados de las cercanías del sitio elegido para nidificar. Indica, además, que los chiflones recogen estos elementos del suelo o bien quiebran con el pico ramas secas de los árboles próximos, que el nido es construido por los dos integrantes de la pareja, y que por lo general un ejemplar (supuestamente el macho) acarrea los materiales –que al llegar al nido puede depositar directamente o entregárselos a su pareja para que los reciba y los acomode en la plataforma– mientras que el otro permanece posado sobre o cerca del nido.

Chiflón, Syrigma sibilatrix, en vuelo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Historia y etnología

Arenas y Porini (2009) indican que, por su grito aflautado característico al paso de algún transeúnte,  los tobas del oeste de Formosa, que llamaban a esta ave piyoGo’na he’di o piyoGo’na he’tien, podían sospechar que alguien deambulaba por las inmediaciones y tomaban esta señal muy en cuenta, especialmente en tiempos pretéritos, cuando la presencia de contrarios hacía temer enfrentamientos.

Los mismos autores señalan también que los datos por ellos reunidos refieren que se trata de un ave “vinculada con los chamanes” y que hay un relato en el que se la menciona como ayudante o interlocutor de un chamán, ya que se dice que era muy poderosa y que curaba a los enfermos.

En sus Apuntamientos para la historia natural de los páxaros del Paraguay y Río de la Plata Azara cuenta que los guaraníes le daban por nombre Curabí-remimbí, que traducido al español significa “flauta del sol”, e indica que la gente de campo cree que su canto anuncia cambios de tiempo.

Alexander Wetmore (1926) señala que los indígenas “ocasionalmente ofrecían las plumas cobertoras del ala y las largas de la nuca para el trueque”.

Fuentes consultadas:

Azara, Félix de. 1805. Apuntamientos para la historia natural de los páxaros del Paraguay y Río de la Plata. Tomo III. Imprenta de doña Manuela Ibarra. Madrid.

Bertoni, A de W. 1918. Apuntes sobre aves del Paraguay. El Hornero, Volumen 1, Nº 2, p: 188-191.

De la Peña, M. R. 2011. Observaciones de campo en la alimentación de las aves. Biologica – Naturaleza, conservación y sociedad, Nº 13. Museo Provincial de  Ciencias Naturales Florentino Ameghino. Santa Fe.

De la Peña, M. R. 2015. Aves argentinas (incluye nidos y huevos) Tomo 1. Ediciones UNL, Santa Fe, y Eudeba, Buenos Aires.

Di Giacomo, A. G. 1988. Nidificación del Chiflón (Syrigma sibilatrix) en Salto, Buenos Aires, Argentina. El Hornero. Vol. 13. Nº 1.

Olguín, Pamela Fernanda, Simonetti, Pía, Leon, Evelina Jésica, Beltzer, Adolfo Héctor & Lorenzón, Rodrigo Ezequiel. 2017 Biología alimentaria de Syrigma sibilatrix (Aves: Ardeidae) en un humedal del Río Paraná Medio, Argentina. Cuadernos de Investigación UNED Vol. 9 (1): 91-96.

Rodríguez, Elio Daniel. 2012. Aves del cerro San Bernardo y de las serranías del este de la ciudad de Salta. Fondo Editorial. Salta.

Salvador, S. A.; Fiorucci, M.; Santillán, M. A.; Liébana, M. S. 2015. Registros de nidadas de cuatro huevos y cuatro pichones de chiflón (Syrigma sibilatrix) en Argentina. Nuestras Aves 60: 92-94.

Soothill, E & Soothill, R. 1982. Wading Birds of the World. Blandford Press. United Kingdon.

Wetmore, Alexander. 1926. “Observations on the birds of Argentina, Paraguay, Uruguay, and Chile” Smithsonian Institution. Bulletin 133. Washington. Pgs 56-57.

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