El coipo o mikilo

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LA “NUTRIA” QUE NO ES TAL

Por Jorge Néstor Samaniego

Entre los roedores adaptados a ambientes acuáticos en el noroeste argentino figura el coipo o mikilo, mal llamado también nutria. Este animal mide entre cabeza y cuerpo unos 50 cm y otros 40 corresponden a la cola.

Su denominación científica es Myocastor coypus y es el único miembro de la familia Myocastoridae, exclusiva de Sudamérica.

El color del pelaje es generalmente pardo, aunque algunos individuos son claros y otros oscuros, siendo el dorso algo negruzco y alrededor de la boca, blanco. En cambio, sus extremidades son negruzcas, con un pelaje ralo. También la cola está cubierta de unos pocos pelos y presenta una piel escamada.

Es tal la adaptación del mikilo a los ambientes acuáticos, que sus extremidades posteriores desarrollaron una membrana interdigital que toma cuatro de sus cinco dedos, lo que le permite un desplazamiento (natación) en el agua bastante cómodo. Además, la nariz y los oídos poseen membranas que el animal obtura a voluntad cuando se sumerge, ya sea buscando alimento o escapando de algún peligro y evitando de esta manera que el agua penetre en estos.

El pelaje también nos muestra una adaptación al medio. Debajo del pelo cerdoso y más largo, estos animales poseen una especie de lanilla que es muy suave y abrigada. La disposición de este tipo de pelaje evita que la dermis del animal se moje, ya que cuando este se sumerge o nada, entre estos pelos queda atrapada una capa de aire que cumple la función de aislante térmico, pues el mikilo o coipo, en los más crudos inviernos no siente aversión por el agua.

Se trata de una especie de hábitos marcadamente gregarios, que vive en colonias a orillas de los ríos, arroyos, y más aún en lagunas con abundante concentración de vegetales, como la totora (Thypa dominguensis), el junco (Scirpus californicus), etc.

Cuando vive a orillas de ríos y arroyos excava madrigueras casi al ras del agua, en barrancas con algo de vegetación. Estas cuevas le sirven tanto para refugio como para sus pariciones. Los ejemplares que viven en lagunas, construyen plataformas de juncos donde descansan y, algunas veces, también para criar.

Su dieta consta de un 90 % de vegetales; le gustan por lo general las plantas acuáticas o pastos que crecen a orillas del agua. Cuando consumen juncos o totoras, le agrada sobremanera la base del vegetal; para lograr esto, el animal se sumerge y corta el tallo de las plantas, llevándolas luego hasta la plataforma donde las come sentado sobre sus cuartos traseros y tomando el tallo con sus manos. Es apreciable la habilidad que posee para manipular el alimento, buscando el lado que considera más apetecible. También suele mojar algunos alimentos antes de consumirlos.

En las lagunas donde la población es abundante, y sobre todo donde no se los molesta, se suele escuchar el sonido que emiten estos animales, algo similar a un mugido más o menos grave de acuerdo a la edad del animal y a las circunstancias, ya que cuando están en celo es más frecuente escucharlos, pues los machos son muy combativos por el territorio y por la posesión de las hembras. Cuando sucede esto, o sea, durante las luchas, emiten graves y fuertes mugidos acompañados de poderosos mordiscos.

Despliega su mayor actividad en horas de la mañana, atardecer y parte de la noche, para buscar sustento, guarida o pareja.

Las hembras pueden dar a luz unas tres veces al año, con una camada de cuatro a seis cachorros; esto nos demuestra una alta tasa de natalidad, bastante común en la mayoría de los roedores, pero muy a pesar de esta ventaja el mikilo sufre también un mal manejo por parte del ser humano, puesto que se caza tanto por su piel como por su carne.

La cópula en estos animales se lleva a cabo en el agua o en tierra, y tienen un periodo de gestación de unos cuatro meses, con una lactancia de dos meses aproximadamente, incluyendo también vegetales.

Algo notable y común en los roedores es el gran desarrollo de sus incisivos (de crecimiento continuo), que se pueden apreciar a simple vista pues están recubiertos externamente de un esmalte color naranja fuerte, que en los ejemplares jóvenes comienza con un tono amarillento.

Los principales depredadores de este popular roedor son algunas aves rapaces, los zorros, el yacaré y -como siempre, ocupando la cúspide- el hombre. Este animal motivo el emplazamiento de grandes criaderos en nuestro país y en el extranjero, pues su piel tuvo alta demanda en peletería.

En cuanto a su distribución, en estado salvaje se lo puede encontrar todavía en gran parte del territorio argentino, el este de Bolivia, sur de Brasil, centro y sur de Chile, en Paraguay y en Uruguay.

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