El guanaco

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♦ ADAPTABLE CAMÉLIDO AMERICANO

♦ Por Jorge Néstor Samaniego

♦ Notas sobre sistemática y distribución por Elio Daniel Rodríguez.

♦ 05 – 01 – 2020

En esta hermosa imagen se aprecia un momento en la vida familiar del guanaco, Lama guanicoe. Fotografía: Gentileza Juan José Rodríguez.
En esta hermosa imagen se aprecia un momento en la vida familiar del guanaco, Lama guanicoe. Fotografía: Gentileza Juan José Rodríguez.

♦ Siendo el mayor de los camélidos de esta parte de mundo, el guanaco (Lama guanicoe) llega a medir entre la cabeza y el cuerpo unos 250 cm,  con una altura a la cruz de 120 cm. Con estas dimensiones llega a pesar unos 100 kg en el caso del macho, y de 70 a 80 kg, para las hembras, en ejemplares adultos.

La estilizada silueta de un guanaco lo hace distinguible desde mucha distancia. Observando la conformación de la cabeza y el cuello, induce a pensar, sin lugar a dudas, que se trata de un miembro de la familia de los camélidos, incluidos los del viejo mundo. La cabeza del guanaco esta ornada por un par de orejas bastante angostas pero muy largas. Los ojos, de un diámetro muy apreciable (unos 3 cm) son de color marrón, con pupilas alargadas, de posición horizontal, como la mayoría de los artiodáctilos, y están rodeados de enormes y decorativas pestañas, lo que le confiere una mirada muy expresiva. El desarrollo de sus grandes ojos solo se justifica por la necesidad de mirar a una gran distancia, lo que gracias a la ausencia de obstáculos visuales está completamente permitido en los hábitats de nuestro personaje. En cuanto al típico labio superior hendido, en el guanaco está perfectamente desarrollado como para cumplir la función de dedos, al servirle para tomar los vegetales que lo alimentan. El color de la cabeza difiere bastante al del resto del cuerpo por ser gris, aclarándose hacia las mejillas hasta llegar a un blanco sucio. El resto del cuerpo es más o menos de un sepia oscuro por el dorso, aclarándose en los flancos, y blanco en la zona ventral y en el interior de sus extremidades.

Elio Daniel Rodríguez junto a un revolcadero de guanacos. Fotografía. Juan José Rodríguez.
Elio Daniel Rodríguez junto a un revolcadero de guanacos. Fotografía. Juan José Rodríguez.

Las costumbres del guanaco son bastante conocidas, ya que es más o menos fácil observarlas aunque sea a larga distancia. Suelen vivir agrupados. Por un lado, tropas de machos juveniles sin maduración sexual y, por otro lado, los grupos formados por un macho adulto dominante, llamado en nuestras tierras con el nombre de “relincho”, y las hembras que conforman el harén del mismo más sus crías. El macho defiende el conjunto ardorosamente, sobre todo cuando se produce la intromisión de un macho contrincante en busca de conformar un nuevo harén.

Los grupos de machos juveniles se van formando a medida que estos son expulsados por el relincho del seno familiar, por representar en un futuro cercano un peligro al competir sexualmente. De esta manera, la sabiduría de la naturaleza evita la endogamia y, por consiguiente, la degradación de la especie por efecto de la consanguinidad.

Los guanacos viven en grupos separados pero no demasiado alejados unos de otros. Están los grupos plenamente constituidos por un macho dominante y unas cuatro a ocho hembras, algunas con sus respectivas crías. Otros tipos de grupos –casi siempre los más numerosos– son los compuestos por machos y hembras juveniles, de los cuales se van desprendiendo los futuros machos dominantes para competir con otros machos seniles o impedidos físicamente para defender su grupo y su territorio. De estos grupos juveniles también saldrán nuevas hembras que se incluirán en grupos definidos, salvo el de su origen. También existen ejemplares solitarios, que, por lo general, son machos con cierta incapacidad física, así como también hembras enfermas que son expulsadas del grupo.

En la cabeza del guanaco se destacan las alargadas orejas y los grandes ojos de extensas pestañas, lo que ayuda a darles una mirada muy expresiva. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
En la cabeza del guanaco se destacan las alargadas orejas y los grandes ojos de extensas pestañas, lo que ayuda a darles una mirada muy expresiva. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Lo curioso es que estos animales detectan cualquier alteración física, con bastante anticipación a que se declare netamente. Ello ocurre, por ejemplo, con la sarna, que suele matar a los que la contraen y que es sumamente contagiosa. Por lo tanto, el individuo afectado, es expulsado sin miramientos, lo que evitará el contagio del resto del grupo. Se encuentran, desde luego, algunos machos solitarios en perfecto estado de salud, que solo fueron desplazados de grupos constituidos por otro macho más fuerte, aunque esta situación es menos probable.

Conviene aclarar que el apodo de relincho se le da al macho dominante por poseer una voz similar a la de los caballos, la que deja oír cuando detecta algún peligro, dando aviso a las hembras que se encuentran pastando o descansando mientras están rumiando. Esto sucede de la siguiente manera: mientras las hembras realizan las funciones antes mencionadas, por lo general, se encuentran en depresiones del terreno en donde la visión queda entorpecida; el vigilante y preocupado macho se ubica en un nivel más elevado de la zona montañosa, sin alejarse demasiado, desde donde otea el horizonte en busca de probables enemigos que pudieran atentar contra la integridad física de su grupo o de él mismo. Detectado el peligro lanza su relinchada con insistencia, para luego emprender la fuga conjuntamente con su clan. Esta alarma también suele ser aprovechada por los grupos de machos juveniles que se encuentran cercanos. Luego de recorrer una distancia que consideran suficiente, se detienen a mirar al agresor. Si el enemigo avanza, los guanacos retoman la huida, reiterando el procedimiento. Cuando el agresor es un verdadero peligro, no se detienen hasta poner gran distancia de por medio o desaparecer por completo en la inmensidad de la montaña.

El macho adulto dominante de un grupo se conoce con el nombre de "relincho". Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
El macho adulto dominante de un grupo se conoce con el nombre de «relincho». Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

No todo es estresante en la vida de nuestro altivo guanaco, puesto que suele emprender ciertos juegos. Generalmente, se corretean mutuamente y simulan combates, además de revolcarse en lugares donde el suelo es arenoso y que son llamados, precisamente, “revolcaderos”. Estos suelen apreciarse desde mucha distancia y pueden ser comunitarios. Esta tarea –que funciona como acicalamiento– la realizan casi a diario, experimentando gran placer al efectuarla.

En esta lograda secuencia fotográfica se puede ver a un guanaco, Lama guanicoe, revolcándose. Fotografías: Gentileza Juan José Rodríguez.

Su alimentación la encuentran en las quebradas o zonas llanas, donde, naturalmente, existe agua o humedad. Allí es donde consumen pastos y hojas de algunos arbustos.

Los enemigos naturales del guanaco son: el puma (Puma concolor) , el zorro colorado (Pseudalopex culpaeus), el cóndor (Vultur gryphus), etc. Por lo general, todos estos depredadores atacan ejemplares jóvenes y especialmente ejemplares enfermos. En cierto sentido, constituyen un beneficio para el guanaco, ya que nivelan la población, evitando que haya superpoblación y consiguientemente, sobre-pastoreo, minimizando la degradación del ecosistema. Además, por atacar ejemplares enfermos, regulan la sanidad eliminando a los individuos no aptos. Todo este delicado equilibrio es desarticulado por los humanos ignorantes de qué ejemplar “debe” ser cazado. Habitualmente, el humano tiene tendencia a capturar al más grande y mejor de los individuos de cualquier especie, entorpeciendo de esta manera la posibilidad de que se transmitan genéticamente las mejores cualidades. Esto no sería tan perjudicial si, al menos, se hiciera una captura con alto grado de prudencia en cuanto a cantidad, evitando ciertas fechas como las de celo y parición.

El hombre todavía persiste en llevar a cabo actos heredados de sus ancestros, los cuales fueron muy útiles en aquellas remotas épocas, pero hoy resultan innecesarios, puesto que no es imprescindible cazar para subsistir.

El guanaco y sus parientes (vicuña, llama y alpaca) son rumiantes en todo el sentido de la palabra, puesto que tragan el alimento sin masticarlo para luego volverlo a la boca y triturarlo con ayuda de saliva para una mejor digestión.

En cuanto a la reproducción, el celo comienzo para primavera y verano. Luego de una gestación de once meses se producen las pariciones, dando a luz una cría o, raramente, dos. La cría, como sucede en la mayoría de los artiodáctilos, puede acompañar a la madre en su deambular a las pocas horas de nacer. Cuando sucede esto, todo el clan se da cita en el lugar para conocer al nuevo integrante del grupo, observándolo con mucha atención y olfateando todo su cuerpo aún húmedo.

Huella de guanaco: Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
Huella de guanaco: Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

La cría acompaña a la madre casi todo su primer año de vida, o sea, hasta la próxima parición, momento en el que el macho dominante la expulsa decididamente del grupo. A veces, la hembra madre también colabora en la expulsión, en particular, si el futuro adulto es una hembra.

La situación numérica del guanaco es todavía bastante buena en la provincia de Salta, ya que en los lugares poco accesibles se lo puede encontrar en apreciable numero. En estas zonas, son cazados solo por algunos lugareños que utilizan su carne para suplir la necesidad de proteínas en su magra economía, siendo la lana utilizada en tejeduría. Por suerte, en estas latitudes, todavía no se lo considera plaga –por su competencia de pastoreo con el ganado introducido por el hombre– como ocurrió años pasados en provincias del sur, donde fueron diezmados.

Los hábitos del guanaco son plenamente diurnos. Los lugares que frecuenta para el descanso suelen encontrarse en medio de quebradas suaves, donde están protegidos de los fuertes vientos de la zona, no muy retirados de sus habituales comedores.

El guanaco vive en América del Sur a lo largo de la cordillera de los Andes, desde el norte de Perú hasta el extremo sur del continente, ocupando allí toda la región patagónica. En la actualidad se reconocen tres subespecies: L. g. cacsilensis, que habita Perú, puna de Bolivia, norte de Chile y noroeste de Argentina, L. g. voglii, que habitan la región chaqueña de Argentina, Bolivia y Paraguay, y L. g. guanicoe, de la Patagonia argentina y chilena y de Tierra del Fuego.  La subespecie L. g. cacsilensis es el ancestro de la llama.

El guanaco, Lama guanicoe, es una especie muy adaptable, virtud que lo lleva a estar presentes en áreas a nivel del mar como en territorios de alturas superiores a los 4000 msnm. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
El guanaco, Lama guanicoe, es una especie muy adaptable, virtud que lo lleva a estar presentes en áreas a nivel del mar como en territorios de alturas superiores a los 4000 msnm. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

 

Bibliografía:

Bárquez, Ruben M., Díaz, M. Mónica & Ojeda, Ricardo. 2006. MAMÍFEROS DE ARGENTINA. SISTEMÁTICA Y DISTRIBUCIÓN. SAREM (Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos). Tucumán.

Canevari, Marcelo & Vaccaro, Olga. 2007. GUÍA DE MAMÍFEROS DEL SUR DE AMÉRICA DEL SUR. L.O.L.A. Buenos Aires.

Samaniego, Jorge Néstor. 1997. MAMÍFEROS DEL NOROESTE (PARTE II). COBAS (Comisión Bicameral Examinadora de Obras de Autores Salteños. Salta.

Guanaco, Lama guanicoe. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
Guanaco, Lama guanicoe. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

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