El jaguar

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♦ MONUMENTO NATURAL  EN EXTREMO PELIGRO

♦ Como en otras áreas del mundo, la cadena trófica está coronada y dominada por grandes carnívoros; en nuestro caso, el jaguar o yagüareté, monarca indiscutible, comparte sus dominios con otros felinos de menores dimensiones. Conocerlo es el primer paso para seguir contando con su emblemática presencia.

♦ Por Jorge Néstor Samaniego

♦ Notas sobre medidas, distribución y situación poblacional por Elio Daniel Rodríguez

♦ Fotografías: Dante Apaza

♦ 09 – 12 – 2017

Como ocupante de la cúspide en la cadena alimentaria la dieta del jaguar está constituida por pequeñas como por grandes presas. Fotografía: Gentileza Dante Apaza.

♦ El jaguar (Panthera onca) es un felino de notables tamaño y belleza, con una longitud que puede alcanzar, desde el hocico hasta la punta de la cola en los machos, en la región noroeste de Argentina, los 2,70 m. El peso puede estar situado en el orden de los 135 kg, siendo las hembras bastante menores y, por ende, menos pesadas. Mediciones para otras regiones del mundo arrojan un peso de 57 kg para machos en Bélice y 100 kg, también para machos, en el pantanal brasileño.

El color de la piel es de un fondo amarillo naranja, salvo alrededor de la boca, pecho, zona ventral y patas, áreas que son blancas. Su cabeza está cubierta de lunares negros. Las orejas son negras exteriormente, con la característica mancha blanca que posee la mayoría de los félidos manchados. En el dorso presenta grandes manchas negras irregulares, y, llegando a parte del dorso más los flancos, se ubican manchas negras con forma de rosetas, que presentan en algunos casos puntos negros en su interior. Las extremidades están cubiertas de lunares de tamaño variable, que en la cola forman franjas o anillos, sobre todo cerca de la punta. Suele ser afectado esporádicamente de melanismo (individuos negros), y más raramente de albinismo (individuos blancos). Además, no todos los ejemplares son de un mismo tono, los hay más claros o más oscuros, incluso dentro de una misma región.

La especie se distribuye desde el extremo sur de EEUU (donde en los últimos años todavía se han visto ejemplares vagabundos cerca de la frontera con México) hasta el norte de Argentina, pero con discontinuidades. Hasta comenzado el siglo XX su distribución abarcaba desde el estado de Arizona, en los EEUU, hasta el sur  de nuestro país, pero ha desaparecido de El Salvador y Uruguay.

El jaguar establece una profunda relación con los cuerpos de agua de las zonas que habita, y no muestra resistencias a adentrarse en ellos. Fotografía: Gentileza Dante Apaza.

La actividad del jaguar transcurre de manera solitaria, y es tanto diurna como nocturna. Abarca vastos territorios (60 km2), delimitados por rugidos, arañazos en troncos y feromonas descargadas con la orina, no permitiendo, el poseedor de un territorio, la intromisión de otros machos adultos en el suyo. En cambio, manifiestan cierta tolerancia con ejemplares jóvenes y, más aún, con hembras. Así, se puede considerar al jaguar como un animal algo sedentario, salvo en épocas de inundaciones o de intensa cacería por parte del hombre, cuando busca nuevos territorios.

Como ocupante de la cúspide en la cadena alimentaria, su dieta se compone tanto de pequeñas como de grandes presas. Puede capturar desde ratones, aves, reptiles, monos y pecaríes hasta grandes herbívoros, como el poderoso anta o tapir (Tapirus terrestres), animal que llega a los 300 kg. de peso. La técnica de caza normalmente es el acecho, para lo cual posee interminable paciencia; nunca devora la presa en el lugar donde la abatió, sino que siempre la traslada a otro sitio lo más apartado y oculto posible.

En una oportunidad tuve la suerte de constatar la caza de un anta por parte de este gran felino, mediante el rastreo de huellas recientes, dejadas en la persecución y captura; esto sucedió en el norte de la provincia de Salta, en un lugar llamado “El Aguay”. Después de abatirlo –lo que nos causó sorpresa  por la potencia muscular de este gran gato– lo transportó casi sin arrastrarlo unos 300 m., subiendo por un barranco bastante empinado, de unos 10 m. de altura, para luego ocultarlo entre la vegetación, unos metros más allá, al vadear un arroyo poco profundo para nada cómodo; el gran herbívoro aún estaba intacto, lo cual indica que el jaguar no inicia su festín hasta no estar descasado y seguro de ninguna interrupción, como la que quizás nosotros causamos.

Los cachorros permanecen junto a la madre durante unos dos años, tiempo en el que aprenden las artes para la supervivencia en el medio que habitan. Fotografía: Gentileza Dante Apaza.

Los enemigos del jaguar suelen ser –con variaciones según la región de la que se trate– solamente la gran anaconda, el caimán, los belicosos pecaríes y sobre todo y fundamentalmente el hombre.

Son muy raros los casos de jaguares devoradores de humanos; las pocas veces que ocurrieron hechos de estas características, seguramente se trataba de viejos ejemplares que, al ser desplazados por otros más poderosos, encontraron en el hombre una presa adecuada para sus condiciones físicas ya menguadas, puesto que el ser humano desarmado es la presa más fácil de capturar.

El periodo de celo es continuo a lo largo del año en gran parte de su ámbito de distribución (aunque parece haber estacionalidad en los extremos de su área de dispersión), debido al clima tropical que impera en las selvas donde habita, pero con una tendencia a que los partos coincidan con la primavera.

Luego de una gestación de unos 100 días, la hembra da a luz casi siempre dos cachorros, los que reciben una alimentación basada solamente en leche materna durante unos 6 meses, dieta en la que la hembra irá incluyendo paulatinamente carne, producto de sus actividades cinegéticas. Los cachorros permanecen junto a la madre durante unos dos años, en los que aprenden de ella todas las prácticas de caza y otras cuestiones, lo que les permitirá sobrevivir en ese mundo tan hostil para todo ejemplar joven e inexperto.

Por lo general el jaguar vive en las cercanías de los ríos, lagunas, esteros, etc., ya que siente una poderosa atracción por los cursos de agua, a tal extremo que en muchas oportunidades se pudo observar a este mal llamado “tigre” vadeando grandes ríos o incursionando en esteros o lagunas, sin mostrar ningún disgusto por ello. Además es importante hacer notar la predilección que tiene por presas que prácticamente desarrollan casi toda su actividad en el agua, como el carpincho y el caimán, sin despreciar a los peces, a los cuales captura de un violento zarpazo.

Por desgracia para nuestro patrimonio natural y para el mismo jaguar, el destino de esta extraordinaria especie se presenta muy difícil y tal vez irreversible, si no se toman medidas contundentes que aseguren su conservación. El estado actual del jaguar en Argentina quizás ni siquiera sea solucionable mediante los parques nacionales y otras áreas protegidas.

La cruda realidad es que a un hermoso ser, que habitaba hasta el siglo pasado más de la mitad del país, ahora –debido a un retroceso catastrófico– sólo lo encontramos en el norte de Argentina, en rincones amenazados por la expansión del hombre.

A pesar de ser un Monumento Natural Nacional, y también Monumento Natural Provincial en Misiones y en Salta, a nivel nacional el jaguar se encuentra en peligro crítico, lo que significa que la especie está enfrentando un riesgo extremadamente alto de extinción en estado silvestre. La población argentina está estructurada en tres subpoblaciones presentes en la Selva Tucumano-Boliviana, el Chaco Semiárido y Misiones. Según el  Libro rojo de mamíferos amenazados de Argentina la población total de jaguares del país no sería mayor a los 250 individuos, con unos 150 ejemplares para el área de selvas de montaña del noroeste, entre 30 y 50 para Misiones y unos 20 individuos para la región chaqueña. La situación es muy preocupante en relación a la conservación de la especie en el país: se calcula que sólo el 1 % de la población global todavía sobrevive dentro de las fronteras argentinas.

Bibliografía:

-Barquez RM, Díaz, MM & Ojeda, RA. 2006. Mamíferos de Argentina, sistemática y distribución. SAREM (Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos). Tucumán.

-Díaz, MM y Bárquez RM. 2002. Los mamíferos de Jujuy, Argentina. L.O.L.A. Buenos Aires.

-Canedi, A. 2011. Gatos salvajes – Félidos neotropicales de la provincia de Jujuy. EDIUNJU. Universidad Nacional de Jujuy. Jujuy.

-Canevari M & Vaccaro O. 2007. Guía de mamíferos del sur de América del Sur. L.O.L.A. Buenos Aires.

-Ojeda RA, Chillo V y Díaz Isenrath GB. 2012. Libro Rojo: Mamíferos amenazados de la Argentina. SAREM (Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos). Mendoza.

-Samaniego JN. 1989. Mamíferos del noroeste. Comisión Bicameral Examinadora de Obras de Autores Salteños. Salta.

 

 

 

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