El Nevado de Acay

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IMPONENTE CUMBRE SAGRADA

Por Enrique Pantaleón (Montañista)

Enrique Pantaleón, montañista. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
Enrique Pantaleón, montañista. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

No recuerdo bien la cantidad de veces que ascendí al nevado de Acay (5716 msnm), pero, como formaba parte de la escuela de guías, en numerosas oportunidades debí llevar allí a los alumnos,  porque se efectuaban salidas de excursionismo,  y ascensos de media y alta montaña.

El Acay era una de las cumbres preferidas para llevar a la gente en su experiencia de alta montaña, porque, ante cualquier eventualidad, era más fácil, por ejemplo, hacer una evacuación, y por ello es que subí en diversas oportunidades.

Nevado de Acay desde la cumbre de El Saladillo. se ven en la fotografía las nacientes del río Calchaquí. Fotografía: Enrique Pantaleón.
Nevado de Acay desde la cumbre de El Saladillo. se ven en la fotografía las nacientes del río Calchaquí. Fotografía: Enrique Pantaleón.

Para el ascenso de esta montaña hay varias rutas. La principal es la que está ubicada frente a Muñano. Se parte desde allí, desde la ruta 51 por un camino en que se puede transitar en vehículo y por ahí mismo se llega a las minas, antiguas y ya en desuso, de las que se dice que se extraía plata en el siglo XVII. Luego se hace campamento, se pasa la denominada «montura” y se llega a la cumbre.

Nevado de Acay, desde Estación Muñano. Fotografía: Enrique Pantaleón.
Nevado de Acay, desde Estación Muñano. Fotografía: Enrique Pantaleón.

Por el abra, hay otra ruta hacia la cumbre, pero ese trayecto es más largo, aunque no de tanta pendiente. El anterior es más corto pero al mismo tiempo con mayor pendiente. También hay otro camino por el lado contrario al abra; con otros dos compañeros, Heredia y Pintado, hicimos alguna vez esa ruta, saliendo desde Las Cuevas. Y por último hay una cuarta ruta, pero de la que no tengo mayores detalles, y sé que hay un muchacho que hizo el ascenso por allí en soledad, que subió por el sector por donde nace el río Calchaquí, en el sector sur del nevado.

Además del hecho de que se trata de un cerro de una altura considerable, otra de las dificultades que presenta su ascensión está constituida por la enorme cantidad de piedras sueltas, que reciben el nombre de sayal. Este inconveniente no se hace tan palpable cuando hay algo de nieve, ya que entonces las piedras se afirman bien, pero cuando no hay nieve, la marcha se complica.

Nevado de Acay, desde el abra de Acay. Fotografía: Enrique Pantaleón.
Nevado de Acay, desde el abra de Acay. Fotografía: Enrique Pantaleón.

Para ascender al nevado solo hay que caminar, recomendándose por cierto hacerlo en zig-zag, lo que, si bien hace más largos los trayectos, al mismo tiempo produce el efecto de que las pendientes se presenten más suaves. Para subir al Acay hay que salir en vehículo desde Salta, llegar en él hasta cierta altura cerca de la mina, y de ahí se lleva todo el equipo hasta la mina. Allí se hace noche. Al día siguiente se asciende hasta la cumbre, después se baja, se levanta el equipo y se puede estar en Salta ese mismo día. Así es que en dos jornadas se puede subir y bajar el nevado. No obstante, los que están bien entrenados lo pueden hacer en un solo día. Al no dormir arriba, no deben llevar equipo y evitan de esta forma el peso que eso significa.

Montañistas preparados para ascender el nevado de Acay desde el abra del mismo nombre. Fotografía: Enrique Pantaleón.
Montañistas preparados para ascender el nevado de Acay desde el abra del mismo nombre. Fotografía: Enrique Pantaleón.

En relación a la arqueología del lugar, en la cumbre hay restos evidentes de construcciones y se ven por allí trozos de cerámica. En las laderas, cerca del abra también hay restos de construcciones; aparentemente por ahí subían los antiguos indígenas. Y por el otro lado, se presentan huayras -tal es el nombre que reciben-, que son hornos que utilizaban los antiguos para fundir mineral. Tienen la forma aproximada de un cono hueco con agujeros a los costados y están hechas de barro; los antiguos habitantes de la región encendían fuego ahí abajo usando tola o yareta, que son las plantas de la zona, y, gracias al viento que ingresaba por los orificios, se llegaban a alcanzar en las huayras altas temperaturas para derretir el mineral. Justamente, huayra, en quechua, quiere decir “viento”.

Apacheta en el abra de Acay. Fotografía: Enrique Pantaleón.
Apacheta en el abra de Acay. Fotografía: Enrique Pantaleón.

Lo que se conoce como la “montura” del Acay se encuentra un poco más arriba de la mina y es un desnivel con la forma de una montura precisamente, que representa algo así como un descanso y anticipa que la cumbre se encuentra cerca.

El Acay es una de las elevaciones montañosas que más puna tiene. Algunos dicen que esto obedece a los vientos imperantes en la zona y otros aseguran que se debe al mineral que en gran medida existe en allí. Aquí se juntan dos cadenas montañosas que forman una especie de “U”: una que viene por el lado del San Miguel y termina en el Acay, y otra que viene por el Cachi, Palermo, Ciénaga Grande, Morro Quemado y va a terminar en el Acay también. Hay épocas en que el viento es muy fuerte, pero cabe acotar sobre esto que en todas las montañas de más de 5000 msnm el viento es, como se dice, “palabra mayor”.

El autor de esta nota, en la zona conocida como de la "montura". Fotografía: Enrique Pantaleón.
El autor de esta nota, en la zona conocida como de la «montura». Fotografía: Enrique Pantaleón.

Hasta el abra y un poco más arriba hay vegetación y vida animal. Se ven vizcachas serranas (Lagidium viscacia), vicuñas (Vicugna vicugna), guanacos (Lama guanicoe), y a estos animales se los puede llegar ver incluso por encima del abra (4895 msnm), que es el punto más alto de la mítica Ruta Nacional 40.

En los últimos tiempos algunas cosas han cambiado para el Acay como así también para otras elevaciones montañosas, y las nieves y zonas glaciarias del nevado se han visto muy reducidas. Con las modificaciones climáticas que se produjeron en los últimos decenios, los “penitentes”, que se podían ver hacia el norte del pico montañoso se han reducido mucho. Estos penitentes, que abarcaban un área de unos 80 a 100 metros de largo por unos 30 metros de ancho, alcanzaban alturas de un metro o metro y medio aproximadamente, pero la última vez que los vi llegaban solamente a unos 40 cm de altura.

Cumbre del nevado de Acay. Fotografía: Enrique Pantaleón.
Cumbre del nevado de Acay. Fotografía: Enrique Pantaleón.

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