El nido del carancho

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♦ CUANDO ES TIEMPO DE CRIAR

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ 10 – 11 – 2019

Carancho, Caracara plancus, en su nido instalado en un cardón. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
Carancho, Caracara plancus, en su nido instalado en un cardón. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ La temporada de reproducción del carancho, Caracara plancus, se extiende de junio a diciembre, pudiendo llegar incluso hasta el mes de enero, pero presentando variaciones según la zona de la cual se trate.

Los nidos, que pueden ser usados por la misma pareja durante varios años,  son voluminosos y se elaboran con diferentes materiales entre los que se destacan principalmente ramas de diverso tamaño y espesor, aunque el ave también emplea huesos, lanas y plásticos, e internamente pajas, pelos, cerdas, plumas y materia fecal de bovinos.

Tienen un diámetro de hasta 80 cm y una altura que varía entre los casi 30 a más de 40 cm. La altura a la que se ubican es variable y guarda relación con el tipo y porte de la vegetación existente en el área de nidificación, pero en promedio se sitúa en torno a los 7 m.

El nido puede ser construido en árboles autóctonos, como chañares, Geoffroea decorticans, y talas, Celtis tala, o en árboles exóticos, como eucaliptos, Eucalyptus sp., y álamos, populus sp. El ave también encuentra sitio adecuado para la construcción del nido en lo alto de las palmeras y en cardones, y De la Peña menciona que los hay construidos “sobre nidos de cotorra”, Myiopsitta monachus.

Carancho adulto, Caracara plancus, con pichón en el nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
Carancho adulto, Caracara plancus, con pichón en el nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Hudson, a propósito del mismo tema, cuenta que el nido de la especie “en las pampas desarboladas, donde el carancho está más en su casa, es hecho en el suelo, a veces en el pasto alto”, y agrega a continuación que “un sitio muy favorito es un islote o montículo de tierra que se eleva bien sobre el agua”.

Daguerre (1928) escribió que el ave “sabe adaptarse a cualquier contingencia y lo mismo coloca su nido entre las blancas costillas de una osamenta abandonada en el campo, como en la altísima copa de un eucalipto».

Wetmore (1923) dejó escrito que encontró un nido en “un árbol chico de una pequeña arboleda plantada alrededor de un pozo de agua, lejos de lugares habitados y el único adecuado disponible en un radio de varios kilómetros”. Señaló además que el nido, “ubicado a unos 6 metros del suelo, era una estructura desordenada, de aspecto pesado, hecho de tallos secos de punta afilada,, con extremos rotos sobresaliendo en todas las direcciones”, y en relación al interior lo describió como profundamente ahuecado y “forrado en parte con una masa de fieltro de pellets expulsados por los padres, que formaban una cama suave para los dos huevos bellamente marcados”.

En relación al desorden que a simple vista presenta la estructura, es interesante destacar que la expresión popular, “como nido de carancho”, que hace referencia a algo desprolijo pero sobre todo a una cabellera despeinada, se deriva de él.

Pichones de carancho, Caracara plancus, en el nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
Pichones de carancho, Caracara plancus, en el nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Para hacer su nido el carancho va colocando primeramente ramas bastante gruesas con las que ejecuta una estructura externa que posteriormente va siendo rellenada hacia adentro con ramas, cada vez más finas mientras más se acercan al centro, que va entrelazando a las anteriores. La “cama suave” que describió Wetmore es el resultado del cuidado que los padres ponen en el piso del interior del nido, donde se colocan hierbas, crines y plumas, que la hembra alisa y va compactando asentándose en ellas.

Di Giacomo (2005), indica que en la Reserva El Bagual, provincia de Formosa, el interior es revestido con mechones de pelos de animales silvestres y estiércol de tapir, y que fuera del área mencionada utiliza también el ave cerdas y crines de ganado y lana  de oveja.

La postura varía entre dos y tres huevos, y De la peña (2013) indica que pueden ser raramente cuatro. Presentan coloración pardo-rojiza, pero esto es variable, ya que pueden ser blancuzcos, rojizo-anaranjados u ocráceos, muy manchados de castaño oscuro y rojizo, a veces formando una espesa corona en el polo mayor (Di Giacomo, 2005) El periodo de incubación es de unos 30 días y las crías permanecen en su primer hogar unos 50 días (De la Peña, 1992).

Pichón de carancho, Caracara plancus, ya próximo a abandonar el nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.
Pichón de carancho, Caracara plancus, ya próximo a abandonar el nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Es característico del carancho cierto mal olor que despiden tanto los pichones como el nido en general y que produce como resultado una notoria concentración de moscas, que nunca dejan de molestar a los moradores. Este desagradable aroma seguramente guarda relación con la cantidad de restos de animales que llevan los padres para alimento de los pequeños y que se van acumulando en el nido. De hecho, he visto comer a un pichón los restos irreconocibles de no sé qué ya desfigurado animal, mientras esperaba la llegada de sus padres con nuevas provisiones.

Los dos miembros de la pareja comparten la tarea de alimentación de las crías y, ya con cierto grado de desarrollo, los pichones son alimentados con roedores y aves que los padres llevan al nido; personalmente, en más de una ocasión pude observar a los adulos en el nido alimentando a sus crías con pichones de otras aves y pequeños ratones.

Cuando están lo suficientemente desarrollados, los pichones abandonan el primer hogar y puede vérselos deambular por las inmediaciones del nido a la búsqueda de sustento, aunque quizás algo desorientados todavía acerca de cómo hallarlo.  Entonces, ya lucen el plumaje distintivo de los ejemplares juveniles, con el pecho estriado y no barrado.

Este joven carancho, Caracara plancus, hace muy poco que ha abandonado el nido y deambula por los alrededores. Fotografía: Elio Daniel Rosríguez.
Este joven carancho, Caracara plancus, hace muy poco que ha abandonado el nido y deambula por los alrededores. Fotografía: Elio Daniel Rosríguez.

Bibliografía:

Daguerre, Juan B. 1928. Algo sobre costumbres del Carancho ( Polyborus plancus). El Hornero. Nº 4 (2). Asociación Ornitológica del Plata. Buenos Aires.

De la Peña, Martín Rodolfo. 1992. Guía de aves argentinas. Tomo II. L.O.L.A. Buenos Aires.

De la Peña, Martín Rodolfo. 2013. NIDOS Y REPRODUCCIÓN DE LAS AVES ARGENTINAS. Ediciones Biológica. Serie Naturaleza, Conservación y Sociedad N° 8. Santa Fe, Argentina.

Di Giacomo, Alejandro G. & Krapovichas, Santiago F., editores (2005). HISTORIA NATURAL Y PAISAJE DE LA RESERVA EL BAGUAL, PROVINCIA DE FORMOSA. Temas de Naturaleza y Conservación 4. Aves Argentinas / Asociación Ornitológica del Plata. Buenos Aires.

Rodríguez, Elio Daniel. 2012. Aves del cerro San Bernardo y de las serranías del este de la ciudad de Salta. Fondo Editorial. Salta.

Salvador, Sergio A. 2013. REPRODUCCIÓN DEL CARANCHO (Caracara plancus) EN VILLA MARÍA, CÓRDOBA, ARGENTINA. (Aves Falconidae). XOLMIS, Nº 27. San Juan.

Wetmore, Alexander. 1926. OBSERVATIONS ON THE BIRDS OF ARGENTINA, PARAGUAY, URUGUAY, AND CHILE. Smithsonian Institution United States National Museum. Bulletin 133. Government Printing Office. Washington.

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