El nido del hornero

0
2206

♦ OBRA MAESTRA DE LA NATURALEZA

♦ El nido del hornero (Furnarius rufus) es una muestra de la sofisticación, el buen diseño, la solidez y el esmero del que pueden ser capaces los animales. Esta especie ha sido elegida como ave de la patria, y seguramente ha tenido que ver esta elección, no solo con el hecho de ser el hornero un pájaro extendido por gran parte del territorio argentino y con sus gustos preferentemente insectívoros, sino fundamentalmente con su casita de barro, admirable labor de un humilde arquitecto.

Un hornero, Furnarius rufus, lleva materiales para acondicionar el interior de su nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez

♦ Texto y foto: Elio Daniel Rodríguez

♦ Volviendo cierto día a mi casa, observé, mientras caminaba por una plaza y no sin desconcierto y pena, que el nido, que trabajosamente construía desde hacía varios días una pareja de horneros, había sido destruido, atravesado por una artera pedrada que logró abrir un orificio de considerable tamaño en la parte trasera de su sólida estructura de barro. No obstante, poco tiempo después, las trabajadoras avecitas volvieron a acometer el desafío, y en una rama cercana levantaron nuevamente su casa ¡pobre de ellas y de su esfuerzo! Esta vez el nido fue arrancado completamente de la rama que lo sostenía, partiéndose en pedazos al estrellarse contra el piso. Las aves no volvieron a insistir en emplazar su hogar en aquel lugar, tan frecuentado por ciertos hombres o, tal vez, por algunos niños –ya que justo enfrente se levanta una escuela primaria– con poco aprecio por lo maravilloso de la naturaleza que aún nos rodea.

El nido del hornero común, nuestra ave nacional, es una construcción admirable; tan notable, que gran cantidad de los nombres con los que se conoce a la especie aluden a él, desde el de “hornero”, es decir, el que hace hornos, hasta la denominación guaraní “ogaraity” (de oga, que quiere decir casa, y raity, que significa nido).

La construcción consta de una entrada, un túnel curvo y una cámara en la que se incubarán los huevos y se criará a los pichones. Por algunos estudios efectuados puede establecerse que aparentemente los horneros prefieren mayoritariamente que la entrada de su hogar se ubique a la izquierda, aunque esta no es regla de cumplimiento estricto.  La disposición de las partes del nido no sólo brinda seguridad ante la ocurrencia de fenómenos climáticos adversos, sino también ante la posible aparición de una gran variedad de predadores que pudieran dar cuenta de los indefensos pichones. Macho y hembra trabajan juntos en la confección de la casa familiar y se dice que han de tardar generalmente entre siete y quince días para concluir la construcción, tiempo que varía en respuesta a diversas circunstancias, entre las que cabe considerar la ubicación de las fuentes de aprovisionamiento de material adecuado.

Hay quienes aseguran que el hornero suspende su trabajo los domingos y feriados religiosos, pero esto, claro está, no forma parte más que de la leyenda que rodea a este singular trabajador, habitante notable de nuestros campos y ciudades. Sobre el lugar de ejecución de su obra, el hornero no es demasiado exigente; cierto es que habitualmente se encuentran nidos de hornero en ramas horizontales de los árboles, pero también pueden hallarse en un poste de alambrado o de electricidad o en la cornisa de una casa y en el alero de un rancho. Incluso en tierra –aunque esto no es demasiado común–  se han registrado nidos de nuestra querida ave de la patria.

El material primordial es, por supuesto, el barro, pero a este le agregan otros elementos como pastos, crines o pequeñas ramitas. Comienzan conformando una suerte de plataforma, sobre cuyo borde levantan las paredes que van confluyendo hacia el interior hasta conformar una estructura cubierta en su pate superior. Por último conformarán un tabique, que separará la entrada de la cámara de postura.  Y el resultado final es un confortable nido con un peso que se ubica entre los 4  y los 5 kg., sólido y seguro, del que las aves estarán tan confiadas que no harán esfuerzos en ocultarlo, exponiéndolo al mundo, satisfechas de su logro. No es para menos, el nido del hornero es una verdadera obra maestra de la naturaleza.

Hornero, Furnarius rufus, junto a su nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Bibliografía:

De la Peña, Martín Rodolfo. 2015. Aves argentinas, incluye nidos y huevos. Ediciones UNL- EUDEBA. Buenos Aires.

Narosky, Tito & Carman, Raúl L. 2008. El hornero, ave nacional. Editorial Albatros. Buenos Aires.

Narosky, T. & Yzurieta, Darío. 2010. Guía de identificación de las aves de Argentina y Uruguay. Vazquez Mazzini Editores. Buenos Aires.

Vigil, Calos. 1973. Aves argentinas y sudamericanas. Editorial Atlántida. Buenos Aires.

 

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here