El pato real

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Pato real, Cairina moschata. Fotografía. Elio Daniel Rodríguez.

♦ UN PATO CON HISTORIA

♦ De comportamiento silencioso y desconfiado, el pato real es difícil de ver y más aún de acercársele, pero en ocasiones, ya en el agua o posado en alguna rama de un árbol alto, deja contemplar al observador su tamaño importante, su oscuro plumaje, sólo interrumpido por las cubiertas alares blancas, y su característico copete adornándole la cabeza.

Un grupo de patos reales, Cairina moschata, en una laguna. Atrás pueden observarse ejemplares de Coscoroba, Coscoroba coscoroba. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ La laguna estaba en calma, aunque con un suave oleaje. A lo lejos, el único sonido que claramente se escuchaba era el procedente de una grupo de coscorobas (Coscoroba coscoroba), que de cuando en cuando dejaban escapar sus características voces, tal vez en actitud de alerta ante la aparición de alguna potencial amenaza. Remé hacia el este, bordeando un sector del cuerpo lacustre donde crecía un juncal que me pareció intrigante. Y a poco de andar, de entre las plantas, salieron a las aguas abiertas sombras silenciosas que comenzaron a alejarse de mí. No podía ver la coloración de sus plumas, porque el sol no estaba demasiado alto y a contraluz solo distinguía siluetas que se hamacaban con las pequeñas olas, pero eso me alcanzó para darme cuenta de que se trataba de un grupo de patos reales, con la típica forma protuberante que le dan algunas plumas a sus cabezas. Cuando, con la canoa que me llevaba, logré interponerme entre el sol y los animales, pude, entonces sí, contemplar acabadamente los detalles de cada individuo del grupo aquel, aunque éste en todo momento mantuvo, en relación al lugar en el que yo me encontraba, una prudente distancia. Así fue, en resumidas cuentas, la primera vez que observé aquellas hermosas, desconfiadas y grandes anátidas.

Ya antes de la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas el pato real, cuya denominación científica es Cairina moschata, había sido domesticado por antiguos habitantes del continente, dando lugar al llamado pato casero, que muchas veces puede verse en lagos de paseos públicos o en zoológicos de nuestro país. Los Incas lo tenían como ave doméstica y los españoles lo llevaron a Europa.

En la imagen es posible apreciar las diferencias entre macho y hembra del pato real. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Se trata de un pato de gran tamaño, con ejemplares machos que pueden llegar a los 85 cm de longitud, un peso de hasta 6,5 kg –aunque un peso normal para la especie es de 4 kg–, y una envergadura alar de 1,20 m. Las hembras, en tanto, son más pequeñas que los machos.  Su plumaje es negro y se le ven vistosos brillos metálicos verdosos. El copete es más prominente en los machos que en las hembras, y ostentan una carúncula y piel desnuda, alrededor de los ojos, rojo-rosácea y negruzca. Lo oscuro del plumaje de casi todo su cuerpo se ve interrumpido por unas contrastantes cubiertas alares blancas, rasgo que no se observa en los ejemplares jóvenes, que además son de tonalidad más parduzca.

Habita las lagunas, los esteros, y los ríos y arroyos de zonas arboladas, encontrándoselo frecuentemente posado en las ramas de los árboles, desde México hasta el norte de Argentina y Uruguay. En Argentina, se distribuye en territorios de las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe, Corrientes, Misiones y Entre Ríos. Ocasionalmente llegaba a Buenos Aires en el pasado, donde podía encontrárselo en bosques  y selvas ribereños, pero el último registro conocido data de junio del año 1901.

Son aves ariscas y desconfiadas, por lo que resulta difícil el verlas y, más aún, el acercárseles; y esto se explica por el hecho de que el pato criollo es un perseguido. Allí donde lo ha visto y ha tenido un arma a mano el hombre lo ha cazado, bien porque necesitaba alimentarse de su carne o bien por una idea equivocada de lo que debe ser un deporte. Sanchez Labrador asegura que resulta fácil de “flechar y matar también con boca de fuego, porque después de comer, o de bañarse, se sube de un vuelo a algún árbol alto, y se pone de asiento en alguna rama a tomar el aire”.  Más adelante afirma: “Su carne es abundante y gustosa”, y en el elogio podría buscarse parte de la declinación de la especie, aunque cabe aclarar que Chebez comenta (2009) que “por su olor fuerte no se cuenta entre las especies más buscadas” por los cazadores. La otra parte, muy importante por cierto, de la historia de su disminución numérica tiene que ver con la modificación o directamente la destrucción por desmonte de su hábitat, y por el uso indiscriminado de agroquímicos.

Patos reales en una laguna del sureste jujeño. Fotografía: Gentileza Finca Las Lauras.

Cuando veía el grupo aquel, una de las cosas que llamaron mi atención fue el silencio en el que se movían los animales. De hecho, se trata de una especie por lo común silenciosa, lo que ha dado pie para que se lo conozca, entre muchas otras denominaciones que recibe, como “pato mudo”. Y en lo concerniente a nombres vulgares, también se lo llama, solo a modo de ejemplos, “pato picazo”, “pato grande” y “pato almizclado”.

Puede ser visto en parejas o en grupos, pero estos, rara vez están compuestos por un conjunto grande de ejemplares, situándose hasta en 15 individuos un número normal de integrantes. En ocasiones, no obstante, es posible observar grupos de mayor cantidad de animales. Es capaz de realizar amplios desplazamientos que guardan relación con la dinámica de los cursos de agua o cuerpos lacustres que habita, pero no es migratorio en el sentido estricto del término. Su alimentación es variada y da cuenta tanto de semillas y tallos de plantas acuáticas como de artrópodos, crustáceos, caracoles, insectos y peces pequeños.

El macho tiene varias hembras y desarrolla disputas con otros machos para aparearse con ellas.  El nido, que acondiciona con cortezas, plumas y hojas, es ubicado en huecos en los árboles, y de octubre a diciembre ocurre la puesta, consistente hasta en 13 –algunos autores afirman que hasta 15– huevos blancos.

Bibliografía consultada:

Bertonatti, Claudio y Zelaya, Diego. 1996. Nuestro Libro Rojo: Pato criollo. Vida Silvestre. Revista de la Fundación Vida Silvestre Argentina. N° 52. Buenos Aires.

Chebez, juan Carlos. 2009. Otros que se van. Editorial Albatros. Buenos Aires.

De la Peña, Martín R. 2012. Citas, observaciones y distribución de aves argentinas: informe preliminar. 1ra ed. Ediciones Biológica. Santa Fe.

De la Peña, Martín R. 2015 – Aves argentinas / Incluye nidos y huevos. Ediciones UNL y Eudeba. Buenos Aires.

Narosky, Tito y Di Giacomo, Alejandro G. 1993. Las aves de la provincia de Buenos Aires: distribución y estatus. Asociación Ornitológica del Plata. Vazquez Mazzini Editores. L.O.L.A. Buenos Aires.

Sanchez Labrador. 1968. Peces y aves del Paraguay natural ilustrado, 1767. Compañía General Fabril Editora, S. A. Buenos Aires.

 

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