El puma

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♦ VIDA DEL «LEÓN AMERICANO»

♦ Por Jorge N. Samaniego

El puma inicia sus desplazamientos con las horas del crepúsculo y continúa durante la noche. No obstante, esto no significa que no pueda estar activo también durante las primeras horas de la mañana. Fotografía: Gentileza Finca Las Lauras.
El puma inicia sus desplazamientos con las horas del crepúsculo y continúa durante la noche. No obstante, esto no significa que no pueda estar activo también durante las primeras horas de la mañana. Fotografía: Gentileza Finca Las Lauras.

Al puma (Puma concolor) todavía se lo puede encontrar con cierta facilidad, ya sea en lugares selváticos, semiáridos y áridos como así  también casi urbanos. Tiene suficiente capacidad de adaptación y una gran cuota de audacia como para incursionar en los alrededores de pueblos, o incluso en cercanías de la ciudad, siempre y cuando disponga de vegetación para ocultarse.

Como anécdota, en el autódromo de Salta, que se encuentra ubicado a unos pasos de la ciudad capital, con bastante monte que lo circunda se avistaron en diversas oportunidades ejemplares adultos de este hermoso felino. Ha de comentarse que el puma existe en áreas en donde el jaguar se extinguió hace mucho tiempo.

Otro de los aspectos audaces del puma, que va en detrimento de su existencia, es la costumbre que tiene de capturar presas domésticas (cabras, ovejas, cerdos, etc.), incluso dentro de los mismos corrales. Además, caza por encima de sus necesidades, y es esta la mayor maldición que pesa sobre su cabeza, a diferencia de otros felinos que solo son cazados por la piel que poseen. Es posible que esta inclinación del puma a matar entre 5 y 6 víctimas domésticas en un solo instante, se deba a que solo lame la sangre de ellas.

El puma llega a medir, entre cabeza y cuerpo, unos 150 cm, más una cola de unos 65 cm y tiene un peso aproximado de unos 70 kg para machos adultos, y unos 50 kg para las hembras.

Su color marrón-leonado claro, con una franja dorsal más oscura que juega con el extremo de la cola. A diferencia de la mayoría de los félidos salvajes, que tienen una mancha blanca sobre las orejas, el puma las tiene negras o grises y blancas en el interior. También la zona ventral es casi de un blanco sucio.

Existe una apreciable variedad de tonos, incluso en individuos de una misma región. En estos animales también se dan casos de melanismo (negros o casi negros) y, muy raramente, albinismo (blancos).

El cuerpo está dotado de una perfecta armonía para la función que le exige la naturaleza, que es la de un depredador o cazador de alta escuela. Ocupa, junto al jaguar (P. onca), la cúspide  de la pirámide trófica.

Posee sobresaliente astucia, excelente memoria, olfato y oído muy desarrollados, además de una muy buena visión (incluso en la noche), potencia muscular arrolladora y agilidad como un buen gato que es. Y todas estas cualidades, más otras, lo convierten en un enemigo temible, aún para el mismo jaguar.

Se dice que el puma suele agredir o, más bien, fastidiar al temible jaguar. Si esto es real, es posible que se deba a litigios por áreas de cacería, en que el intruso sería el jaguar, y no porque sean enemigos acérrimos. Aún con todas sus ventajas, el puma no es pretencioso en lo que hace a su alimentación, pues se adapta rápidamente a la situación reinante. Puede capturar y consumir desde langostas hasta un sabroso pecarí, pasando además por ratones, aves, corzuelas, vizcachas, suris e incluso el maloliente zorrino.

También los hay más fuertes, o tal vez, más audaces, que suelen atacar presas que lo duplican en tamaño y peso, como guanacos y potros de un año a un año y medio. A estos pumas, los campesinos los llaman “potrilleros”. Entre todas las presas domésticas, tienen especial preferencia por los ovinos y caprinos. Cuando la presa capturada es bastante grande, como para poder consumirla en el día, la parte sobrante es tapada con ramas y hojarasca, incluso si, por algún motivo. el puma abandonase estos restos o el área.

El puma llega a medir, entre cabeza y cuerpo, unos 150 cm, más una cola de unos 65 cm y tiene un peso aproximado de unos 70 kg para machos adultos, y unos 50 kg para las hembras. Fotografía: Gentileza Finca Las Lauras.
El puma llega a medir, entre cabeza y cuerpo, unos 150 cm, más una cola de unos 65 cm y tiene un peso aproximado de unos 70 kg para machos adultos, y unos 50 kg para las hembras. Fotografía: Gentileza Finca Las Lauras.

Esta faceta en su comportamiento es compatible, casi de igual manera, con otros felinos y la razón obvia es la de proteger los restos de su comida del ataque de otros animales, especialmente de los necrófagos aéreos (urracas, caranchos, jotes, etc.). En el caso del zorro común (Cerdocyon thous), cuando de presas del puma se trata, no intenta entrometerse aunque, cuando el hambre es muy acuciante, suele rondar bastante tiempo decidiendo si aprovecha o no estos restos.

Respeta al hombre en todas las reglas, salvo en situaciones muy especiales como ser la de un animal acorralado y, sobre todo, con crías, o también en un cautiverio equivocado donde es maltratado de alguna manera, lo que produce una pérdida del respeto.

En cautividad, cuando fue tratado con mucho tacto desde pequeño, suele ser muy cariñoso y juguetón como un gran gato. Como factor indispensable, requiere de un gran espacio para una comodidad mínima, ya que el puma en estado libre suele recorrer grandes distancias para satisfacer sus necesidades y, por lo tanto, ya está condicionado a importantes extensiones. La falta de espacio lo afecta en su psiquis, y se va convirtiendo en un ser poco afectuoso, retraído y, lo que es más peligroso, desarrolla una fuerte agresividad poco saludable a cualquier ser viviente.

Muchas personas se entusiasman con los cachorros, que son relativamente fáciles de conseguir, pero surgen problemas rápidamente a medida que estos crecen y luego, lamentablemente, las personas que los tienen, no saben qué hacer con esa pobre vida. En este caso, el animal necesitaría de una readaptación a la vida salvaje, cosa que probablemente nadie está en condiciones de realizar.

Las andanzas de este formidable ejemplar de la fauna, comienzan en horas crepusculares y continúan durante la noche. Comúnmente, los desplazamientos habituales los realiza en soledad, a excepción de las épocas de celo o de hembras con crías ya crecidas. Estas últimas, acompañan a la madre en sus  correrías para recibir el aprendizaje de las experiencias que le exige la competencia natural, que es muy dura.

La hembra enseña a sus cachorros primeramente a matar las presas. Luego de capturarlas, por lo general pequeñas y bastante maltrechas, las entrega a sus cachorros para que aprendan a darles fin y consumirlas, no sin mediar peleas entre ellos que no tienen mayor importancia. Esto sucede aún en épocas de lactancia, acabándose esta a medida que va en aumento la experiencia cazadora.

El alejamiento de los cachorros, o sea, la independencia de los mismos, se produce al año de vida, mientras aún conservan, apenas visibles, las manchas o librea que con mayor nitidez tenían al nacer, como en la mayoría de los mamíferos. Hasta esos momentos, la hembra defenderá ardorosamente a sus cachorros de los numerosos enemigos naturales, incluso arriesgando la propia vida.

Cuando comienza el celo, algunos machos suelen combatir ardorosamente para lograr los favores de la hembra. De estas batallas, puede resultar que uno de los combatientes se retire con algunas heridas, como la que se aprecia en el especímen de esta imagen, aunque puede perder no solo la batalla sino también la vida. Gentileza Finca Las Lauras.
Cuando comienza el celo, algunos machos suelen combatir ardorosamente para lograr los favores de la hembra. De estas batallas, puede resultar que uno de los combatientes se retire con algunas heridas, como la que se aprecia en el especímen de esta imagen, aunque puede perder no solo la batalla sino también la vida. Gentileza Finca Las Lauras.

Cuando el hombre trata de cazarlo con la ayuda de perros experimentados, la cacería se desarrolla de la siguiente manera. El cazador busca huellas frescas y una vez detectadas, se lanzan los canes para tratara de acorralar al puma en cuestión. Si el animal perseguido es una hembra con cría, en principio los pumas escapan, tratando de poner distancia de por medio. Luego, la madre oculta sus hijos entre la maleza más intrincada y regresa inmediatamente sobre sus mismas huellas para desviarse del camino ya transitado, hacer un circulo y volver más tarde sobre sus pasos formando un gran ocho (8). De esta manera, aleja a los cazadores de sus crías y, con un poco de suerte, confunde a los perros aprovechando para escapar decididamente, siempre y cuando no cometa la torpeza de dirigirse hacia donde los cazadores estén ocultos, esperando al animal perseguido.

En el caso de los machos juveniles, la cacería suele tener más éxito, por cuanto, evidentemente, se trata de un ejemplar inexperto. Después de una corta carrera, el puma busca refugio en algún árbol, donde se encarama entre las ramas más altas, que, desde luego, soporten su peso. Inmediatamente los perros llegan al lugar guiados por el olfato. Ladrarán y algunos aullarán cuidando de que no escape el acorralado puma, hasta la llegada del cazador, el cual, a su arribo, finiquitará la tarea.

Otros pumas tienen mejor suerte puesto que, como se dice campechanamente, no se empacan a prestar pelea ni cometen el error de buscar refugio en un árbol. Por el contrario, continúan en su loca carrera a través de la agresiva vegetación hasta que los perros abandonan la persecución por cansancio o porque perdieron la pista.  Si el puma es atacado por un solo perro, es muy probable que este último sea muerto por tan desigual adversario.

Cuando comienza el celo, algunos machos suelen combatir ardorosamente para lograr los favores de la hembra. De estas batallas, puede resultar que uno de los combatientes se retire con algunas heridas sin importancia, aunque puede perder no solo la batalla sino también la vida. En una oportunidad, el autor encontró en una zona de Rivadavia Banda Sur los restos de un puma que murió en estas circunstancias, según lo que indicaban los rastros hallados. Esto aconteció a orillas de una gran zanja o cañada, con agua de pasadas lluvias, circundada por un monte de vinal y otras menudencias vegetales. La cantidad de huellas con profundos arañazos de los pumas y maleza aplastada, más sangre dispersa, demostraba elocuentemente que el combate librado había sido considerable. El ejemplar muerto era un individuo macho y bastante joven.

El celo de estos animales comienza hacia el otoño e invierno, que es cuando más activos se encuentran. Los machos deambulan sin cesar, ya sea por senderos intrincados o por picadas muy abiertas marcando su territorio y dejando mensajes para prevenir a otros machos o para llamar la atención de alguna hembra sin pareja. Las señales son arañazos en algunos árboles y defecaciones a las que arroja un poco de tierra por encima. También orina casi diariamente sobre excrementos de días pasados o en unos pequeños montículos de tierra que amontona él mismo. La hembra sele descargar también su mensaje de receptividad, mediante la orina en la que van las feromonas delatoras.

Muchos autores comentan acerca de la voz del puma, la cual es igual a la de un gato. Incluso ronronean, con las diferencias, por supuesto, entre los tamaños de un puma y de un gato doméstico. Lo que nadie dice haber escuchado es un característico y agudo silbido, el cual es utilizado, con mayor frecuencia, por las crías del puma, especialmente cuando llaman a la madre. Quizás el profano pueda confundir este silbido con el canto de algún ave.

Este tipo de comunicación lo utilizaba, muy a menudo, un puma macho que el autor crío hace muchos años atrás, cuando escuchaba sus pasos o su voz. Hasta que el humano no se presentaba ante aquel para hacerle unos cariños, o inclusive jugar un poco, el felino no cesaba de emitir su penetrante silbido. Efectuó este tipo de comportamiento hasta su mayoría de edad.

Ya que, en párrafos anteriores se tildó al puma de “gato grande”, cabe comentar otro aspecto en común con los gatos domésticos, los cuales tienen la costumbre de trasladar a los hijos de un lugar a otro. Esto mismo hace el puma a la menor sospecha de peligro, que pueda afectar a las crías recién nacidas o de pocos días de vida, y que aún tienen los ojos cerrados.  Entonces, para ponerlas a salvo las toma con sus poderosos dientes por la piel de la espalda o el cuello, sin producirles el menor daño. De esta forma el puma traslada sus cachorros, uno por uno en el caso de que sean varios (suelen tener entre dos a cuatro cachorros, luego de tres meses de gestación, de los que, por lo general sobreviven un máximo de dos) hasta la nueva guarida, que puede ser una cueva o bien un lugar muy enmarañado que considera seguro. Este traslado no significa que sea definitivo, ya que pueden, ocasionalmente, producirse otras mudanzas.

Para concluir, cabe expresar un modesto concepto sobre la enorme importancia del lugar que ocupa el puma como un depredador nivelador del crecimiento poblacional de otros animales.  Y ello, en mayor nivel que el mismo jaguar, dada la gigantesca área en que hasta el momento se distribuye, desde Canadá hasta las provincias de Buenos Aires y Tierra del Fuego, y desde el Atlántico hasta el Pacífico.

Como todos los grandes carnívoros, ataca a presas enfermas o con alguna deficiencia física y también a las crías de otros animales cuando exceden numéricamente las posibilidades que puede brindarles el medio ambiente en que habitan.

Puma recorriendo sus dominios durante la noche. Fotografía: Gentileza Finca Las Lauras.
Puma recorriendo sus dominios durante la noche. Fotografía: Gentileza Finca Las Lauras.

Bibliografía:

Samaniego, N. Jorge. 1997. Mamíferos del noroeste (Parte II). Comisión Bicameral Examinadora de Obras de Autores Salteños. Salta

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