El yuchán o palo borracho

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♦ UN ÁRBOL SINGULAR

♦ El palo borracho o yuchán es uno de nuestros árboles autóctonos más singulares. La forma de su tronco, los aguijones cónicos de su corteza y el aspecto de sus hermosas flores logran que no pase desapercibido para nadie. El botánico Lázaro J. Novara nos cuenta a continuación algunas peculiaridades de su biología y de la relación que los seres humanos han establecido con él.

Flor de yuchán o palo borracho. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Lázaro J. Novara

♦ De los árboles autóctonos que pueden encontrarse en los parques y plazas de la ciudad de Salta, el “palo borracho” o “yuchán” es, probablemente, el más característico. Su nombre vulgar indígena dio la toponimia a un pueblo sobre la Ruta 5, en el Departamento San Martín, donde la especie era muy frecuente hasta hace pocos años. Antes de las gravísimas deforestaciones para cultivar primero poroto y ahora soja. Vive, además, aunque con muy pocos ejemplares, en los cerros aledaños a la ciudad de Salta capital.

El nombre científico actualmente aceptado del palo borracho es Ceiba chodatii (Hassl.) Ravenna, y pertenece a la familia de las Bombacáceas.

Tronco ventricoso, es decir, hinchado a modo de vientre, de un yuchán o palo borracho del Parque San Martín, en Salta. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

En cuanto al hábito de crecimiento del yuchán, es una especie muy lábil, con órganos vegetativos muy variables según el ambiente en que crece. En quebradas y laderas secas y soleadas del sur del valle de Lerma adquiere un porte bajo, no mayor de 10 m de altura, con tronco corto y ventricoso, es decir, hinchado a modo de vientre. Los que se hallan en el interior del bosque húmedo, en los departamentos de Orán y Tartagal, por el contrario, poseen porte esbelto y estilizado, y llegan hasta los 20-25 m.,  altura que alcanzan compitiendo por la luz. El diámetro máximo del tronco es de 60-70 cm. Suele ser buen elemento portaepífito, principalmente sobre ramas de  individuos adultos o decrépitos, donde se desarrollan diversas especies de claveles del aire.

Son muy notorios algunos ejemplares muy cerca de la cúspide de los cerros San Bernardo y 20 de Febrero. Cabe destacar que en el norte argentino existen dos especies de “palo borracho”: el “yuchán”, en el noroeste, con flores blancas o amarillentas y el “samohú”, del nordeste y litoral, de flores rosadas. Muy afines entre sí, algunos sospechan que posiblemente no sean más que variedades de una misma especie.

Sobre la corteza del yuchán se desarrollan usualmente diversas especies de “claveles del aire”. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

El “yuchán” fue muy utilizado por los indígenas y criollos lugareños. La madera es muy liviana, blanda, sin olor ni sabor. Es una de las maderas silvestres más blandas y livianas de la Argentina, y es muy fácil de trabajar. Son apreciadas por muchos las máscaras que realizan actualmente los indígenas de la etnia chané talladas en la madera de este árbol.

Por otra parte, al ser prácticamente incombustible, la madera representa un problema para los que  queman  los cordones de desmonte en los campos que se “limpian” con el fin de destinarlos a cultivo.

Indígena de la etnia chané tallando la cabeza de un felino en la madera de un yuchán o palo borracho. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Tuvo diversos usos locales, como la confección de barriles que se utilizaban para la fermentación de la chicha, de donde según una hipótesis, provendría el curioso nombre vulgar de “palo borracho”.

Otra hipótesis en cuanto al origen del nombre vulgar la brinda el Dr. Esteban Maradona, famoso  y legendario médico de Las Lomitas, Formosa, cuando en unos apuntes inéditos sobre la flora chaqueña, comenta que la corteza, madera y frutos contienen “retanona”, que disuelta en el agua produce el efecto embriagador de esta sustancia sobre los peces y otros “habitantes del agua” (1).

 Con la misma técnica se construían cajones, canoas, bateas, bebederos, moldes para prensar quesos (que llamaban “cinchón”).

Los indígenas chaqueños fabricaban una especie de bombo legüero que llamaban “pin pin”. Luego de ahuecarlo en un extremo, lo enterraban en el suelo, le echaban agua en su interior y lo tapaban tensándolo con un cuero pegado. Dicen que se usaba para todo tipo de fiestas y celebraciones: cuando moría un indígena, la viuda o parientes cercanos exteriorizaban su dolor ejecutando este instrumento durante toda la noche.

PARECIDO AL ALGODÓN

El fruto es una cápsula grande que en su madurez se abre, dejando salir una especie de algodón, vulgarmente denominado “paina”, que proviene de los tejidos internos del fruto y que envuelve a las semillas. La dispersión de las semillas es anemócora, lo que significa que las dispersa el viento, enredadas en esos pelos de la paina que la llevan en su interior.

Del fruto se desprende una especie de algodón, vulgarmente denominado “paina”. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

El algodón que forma la paina en el agua resiste pesos 20 a 30 veces mayores al suyo, razón por la cual es útil en la confección de boyas y salvavidas. Es un buen material aislante, térmico y sonoro. Se utilizó para relleno de gabinetes de heladeras, tabiques antiruido, trajes para aviadores, cascos y sombreros. Difícil de hilar, puede mezclarse con algodón, lana, seda natural, ramio o lino. Es apto para el relleno de colchones, almohadas y almohadones, en reemplazo de lana, crin y plumas. Hoy ha sido totalmente reemplazado por las fibras sintéticas que se obtienen a precios muy inferiores y con mejores resultados.

Un benteveo, Pitangus sulphuratus, extrae el “algodón” de un fruto de yuchán para utilizarlo en el acondicionamiento de su nido. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Las semillas tienen un aceite esencial, de tipo semisecante, apto para el consumo humano y para fabricar jabones.

En medicina popular, el “palo borracho” es considerado antiasmático y abortivo. El té de los aguijones del tronco era utilizado en buches contra dolores de muela y en el mate para dolores de riñón, espalda y en casos de diabetes. Dicen, incluso, que era usual la creencia de que dando a beber líquido de cocción de seis aguijones los borrachos consuetudinarios abandonaban el vicio.

El yuchán es un árbol de follaje caedizo, que se desprende de sus hojas en la temporada fría. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

BIBLIOGRAFÍA

Digilio, A. P. & P. R. Legname. 1966. Los arboles indígenas de la provincia de Tucumán. Opera Lilloana 15: 76, Fundación. M. Lillo. Tucumán.

Dimitri, M. J. 1972. Encicloped. Argent. Agric. y Jard. 1: 625-627. Ed. Acme SACI. Bs. As.

Hieronymus, G. 1943. Observaciones sobre la vegetación de la provincia de Tucumán. Monografía del Instituto de Estudios Geográficos, Univ. Nac. Tucumán 5: 3-162.

Hieronymus, J. 1882. Plantae diaphoricae florae argentinae. 1 Vol 404 pp. Ed. G. Kraft, Bs. As.

Legname, P. R. 1982. Arboles indígenas del noroeste argentino. Opera Lilloana‚ 34: 72-73, lam. 83-84. Inst. M. Lillo. S. M. Tucumán.

Maradona, E. Inédito. Sin fecha. Apuntes inéditos  mecanografiados sobre árboles y etnografía del chaco argentino. Estanislao del Campo. Formosa.

Novara, L. J. 1984. Las  utilidades de los géneros de Antófitas del noreste del valle de Lerma. 1 vol. 273 pp. Univ. Nac. de Salta.

Novara, L. J. 1993. Bombacaceae Kunth, en L.J. Novara. Flora del valle de Lerma 1 (20): 1-7. (Edic. On Line Internet http://cargocollective.com/novara.

Peña, P. 1928. Apuntes sobre algunos árboles y arbustos de las provincias de Salta y Jujuy. 1 vol. 49 pp + índice. Imp. Riba. Jujuy.

Ragonese, A. E. & J. C. Castiglioni. 1968. La vegetación del Parque Chqueño. Bolet. Soc. Argent. Bot. 11 (Supl.): 133-160.

NOTAS

1 – Agradezco a la Sta. Hilda B. Macagno la proporción de fotocopia de estos manuscritos totalmente desconocidos

 

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