♦ Jorge Guasp: “En contacto con la vida silvestre se vive en paz”

♦ Entrevista: Elio Daniel Rodríguez

♦ Jorge Guasp es Master en Gestión Ambiental, coaching ontológico y escritor. Ha publicado, entre otros libros, “¿Dónde está mi Felicidad? (Por qué buscar la felicidad puede impedirte ser feliz)” y “El huemul”. Su último libro es Sabiduría Natural, y sobre él hablamos en esta entrevista llena de conceptos interesantes sobre la relación del hombre con la naturaleza.


-En tu último libro, Sabiduría Natural, planteas que nuestra sociedad tiene que dar pasos hacia un mundo más armónico ¿en qué debería asentarse, según tu visión, esta armonía?

La armonía es la capacidad de sostener un equilibrio funcional. Con la palabra “funcional” me refiero a un equilibrio dinámico, similar al que rige nuestra salud. En Ecología, la resiliencia es la capacidad que tienen las comunidades para absorber perturbaciones sin sufrir alteraciones significativas, es decir, manteniendo el equilibrio.

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Si, por ejemplo, yo corto veinte árboles dentro de un bosque, éste mantiene su funcionamiento y es capaz de “replantar” esos árboles gracias a las semillas de los árboles remanentes. Hasta aquí podemos decir que el bosque sigue en equilibrio. Sin embargo, si en lugar de cortar veinte árboles talo cientos de hectáreas, el equilibrio se pierde. El bosque ya no puede recuperarse por sí mismo, y necesita la intervención humana para su restauración: se ha perdido la armonía.

Ahora bien. La siguiente pregunta es: ¿qué sustenta la armonía? Y aquí aparecen las relaciones. ¿Qué efectos provoca la tala de cientos de hectáreas de bosque? Un desequilibrio en las relaciones entre los elementos que componen el bosque. El suelo, antes protegido por los árboles, se erosiona y pierde fertilidad; la entrada de luz es excesiva para que germinen las semillas; el agua escurre sobre la superficie con fuerza, en lugar de infiltrar en el suelo… Hemos perdido el equilibrio primigenio por no respetar las relaciones entre los componentes del bosque, impidiéndole así su recuperación.

Esto también sucede con las relaciones humanas: en un trabajo o una familia, el grado de respeto y la calidad de las relaciones determina la existencia, o no, de un estado de armonía. Y también pasa con la salud: los órganos no trabajan aislados, por lo que el equilibrio depende del funcionamiento del cuerpo en su conjunto. Si subo de peso no sólo afecto a mi corazón, sino también a mis articulaciones, mis arterias, mi columna y otros órganos.

-¿Qué consecuencias tiene para los seres humanos habernos alejado de la naturaleza?

Las consecuencias de nuestro distanciamiento de la naturaleza son muchas. Algunas nos afectan directamente y otras perturban al entorno. La mayor parte de la población habita grandes ciudades, y lleva una vida vertiginosa. El mero traslado hasta los lugares de trabajo suele ser una odisea. En el aspecto personal, la falta de tiempo y la ansiedad cotidiana generan estrés, y con frecuencia dificultan el desarrollo de actividad física, la alimentación saludable y la posibilidad de disfrutar del ocio. La concentración en grandes ciudades hace que sea difícil contactarse con la naturaleza y encontrar un momento de sosiego

 “La mayor parte de la población habita grandes ciudades, y lleva una vida vertiginosa. El mero traslado hasta los lugares de trabajo suele ser una odisea”

Con respecto al entorno, el desarrollo de ciudades y de infraestructura (carreteras, tendidos eléctricos, gasoductos, acueductos, loteos, barrios, alumbrado público, represas, campos de cultivo con regadíos, etc.) ha avanzado sobre la naturaleza, devastándola y fragmentándola. Los servicios, bienes de uso, alimentos, etc. se concentran y luego se distribuyen, y su transporte genera contaminación, obstrucción del tránsito, encarecimiento de esos bienes y servicios, y otras consecuencias.

-¿Es posible retornar a ese contacto esencial con la vida salvaje, y cómo podemos hacerlo?

Pienso que en primer lugar debemos recuperar ese contacto en el lugar donde vivimos, aprendiendo a respetar a la naturaleza que tenemos. Muchas personas están ansiosas por salir a plantar árboles sin ningún criterio, pero no saben cuidar los árboles existentes. Basta mirar el arbolado urbano de Salta, con ejemplares mochados a machetazos, para comprender que la solución no es salir a plantar árboles sino cambiar nuestra relación con la naturaleza.

La naturaleza está implícita no sólo en las plantas y los animales sino también en el agua que usamos para consumo, la energía (que se produce a expensas de la naturaleza), los bienes que compramos (cuya producción contamina el ambiente y luego genera residuos al cabo de la vida útil de los objetos), el aire que respiramos, etc.

En los últimos años hemos sufrido simultáneamente sequías e inundaciones. El agua sobra en algunas partes y falta en otras. Este panorama nos obligará en el corto plazo a innovar para enfrentar las consecuencias de nuestros errores en materia de gestión ambiental, y también para adaptarnos al cambio climático, generado en parte por las actividades humanas.

En ocasiones el conflicto entre la naturaleza y el hombre no tiene un origen ambiental, sino humano. Por ejemplo, a veces no respetamos los períodos de retorno de las crecidas de los cursos de agua, y construimos en sitios anegables sin pensar que estamos ocupando terrenos que no son habitables a largo plazo. Pensamos entonces que se trata de una “catástrofe natural”, pero en realidad la responsabilidad es humana.

Como medida alternativa para recuperar el contacto con la vida salvaje, podemos mudarnos a lugares con más equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Pienso que a futuro necesitaremos vivir de un modo más “silvestre”, en contacto con la naturaleza pero adaptándonos a sus condiciones, que cada vez serán más variables.

-¿Qué ventajas tendría para las personas, y se me ocurre para la misma naturaleza, que comprendiéramos la importancia de restablecer nexos con el mundo que nos rodea?

Las ventajas de reconciliarse con la naturaleza son muchas. La biodiversidad nos aporta alimentos sanos, plantas medicinales, protección contra catástrofes naturales y contra las modificaciones climáticas, etc. La naturaleza regula la temperatura, el flujo de agua y otros fenómenos. El contacto con la naturaleza nos permite disfrutar de ella, y emprender actividades recreativas diversas.

Las pequeñas comunidades que viven en estrecho contacto con la naturaleza, se alimentan directamente de ella y la respetan. Ese modo de vida evita la fragmentación del hábitat que producen, por ejemplo, una red de autopistas, un campo ganadero o una ciudad. Los grupos humanos pequeños pueden vivir en armonía con poblaciones animales y vegetales, permitiendo que éstas se extiendan a lo largo de grandes superficies, con los beneficios que todos conocemos para la diversidad biológica a largo plazo (y para los propios seres humanos, obviamente).

 “En contacto con la vida silvestre se  vive en paz”

En contacto con la vida silvestre se vive en paz. En pequeños pueblos rodeados de naturaleza pueden faltar ciertos bienes, pero lo que existe está al alcance de la mano. La gente puede moverse a pie o en bicicleta, y no hace falta vivir aceleradamente como hacemos en las ciudades. Otro aspecto clave, para mí, es que la naturaleza nos aleja de la vida hedónica, centrada en el placer, y nos permite disfrutar de la gratificación, es decir, de recompensas a largo plazo derivadas de una vida equilibrada: salud, paz, amor hacia otras formas de vida, valoración de la actividad física al aire libre, apreciación de los elementos básicos que componen la naturaleza, etc.

-¿Por qué se observa que en tantas ocasiones el hombre moderno desprecia la naturaleza? De hecho, a algunos les cuesta considerar que somos animales, es verdad que con características bastante particulares, pero animales al fin.

Apreciar nuestro entorno silvestre implica recuperar el equilibrio con el ambiente y reconocer que somos parte de la naturaleza: nos nutrimos de ella, respiramos el mismo aire que los animales, y bebemos agua como ellos.

“También contemplamos a menudo a la naturaleza como “el patio trasero” de la civilización, y por eso tanta gente se deshace de sus residuos en medio del campo”

Sin embargo, la naturaleza ha sido vista por el hombre como un obstáculo, o como un elemento que debe ser dominado para permitir el “progreso”. Nos sentimos superiores a los animales silvestres, a pesar de que ellos son mucho más independientes y libres que nosotros (no necesitan trabajo, vivienda ni bienes). También contemplamos a menudo a la naturaleza como “el patio trasero” de la civilización, y por eso tanta gente se deshace de sus residuos en medio del campo.

Dado que muchos elementos naturales han sido contemplados como objetos intercambiables (sin tener en cuenta las relaciones de las que hablé antes), el hombre cree que puede extraer un tipo de árbol y plantar otro sin que suceda nada, o que puede desviar o canalizar un río para erigir construcciones a sus orillas. Sin embargo, estamos asistiendo a las consecuencias de esas decisiones. El delicado equilibrio existente se altera cuando se reemplaza una especie por otra, como por ejemplo ha pasado en Argentina y Chile con la sustitución de los bosques nativos por plantaciones de pinos.

La paradoja es que si bien aceptamos la naturaleza tal cual es cuando estamos en contacto con ella, cuando la llevamos a la ciudad queremos adaptarla a nuestros caprichos: le damos formas regulares a las copas de los árboles, los podamos en exceso, les pintamos la corteza, les colocamos clavos para colgar objetos; vestimos a nuestras mascotas; consumimos agua potable para regar el césped, y cuando éste crece lo cortamos; podamos los arbustos para que adopten formas geométricas…

Claramente vemos a la naturaleza como si fuese una colección de objetos, desvinculados de su función ecológica y de la trama de la vida, en la cual nosotros mismos estamos insertos.

-¿No sucede que, invadidos por la tecnología como estamos, tendemos a considerar que podemos prescindir del contacto con lo natural?

Sí, claro. ¿Cuántos niños son conscientes de que los alimentos que compran sus padres en el supermercado provienen de la naturaleza, o de que el agua de la canilla proviene de acuíferos que la vegetación protege y que los residuos y las sustancias tóxicas pueden contaminar?

Basta comprender que no se puede sobrevivir sin agua para volverse consciente de que el contacto con la naturaleza es imprescindible. Considerar que podemos prescindir de ella no es más que una ilusión de las tantas que la idea del “progreso” nos ha vendido.

“Pensamos que podemos construir ambientes artificiales, y vivir en ellos prescindiendo de la naturaleza”

Pensamos que podemos construir ambientes artificiales, y vivir en ellos prescindiendo de la naturaleza. El asfalto nos brinda una idea de seguridad, y oculta el suelo subyacente. Sin embargo, basta un sismo para comprender que no hemos abolido mágicamente el contacto con la naturaleza, sino que seguimos dependiendo de ella. La “vida segura” es una mera ilusión. Cuando las lluvias superan a nuestra capacidad de evacuación del agua, las ciudades se inundan. Cuando el consumo de agua es excesivo, nos quedamos sin ella. Hay una conexión entre nuestra vida y la naturaleza, pero nos negamos a verla.

-¿Cómo se dio en vos este proceso de encontrarte con la vida salvaje, con la naturaleza?

Aunque nací en Buenos Aires, viví desde los 5 años en Villa Cerro Azul, una pequeña población (250 personas) de la sierras de Córdoba. En mi casa entraban arañas, víboras, comadrejas, cuises y otros animales. Yo iba al río descalzo y exploraba los cerros circundantes. En aquella época tuvimos varios inviernos con temperaturas bajo cero y nevadas, y nuestra única calefacción era a leña. También presencié numerosas crecidas violentas del río, y varios incendios.

Pasé 12 años en Córdoba y después me mudé a la Patagonia, donde también viví en lugares pequeños. Estuve 5 años en el Parque Nacional Los Alerces, en Chubut, donde conocí al huemul que luego inspiró uno de mis libros.

Por todo esto, la naturaleza ha marcado para siempre mi vida y ha definido buena parte del rumbo de mis actividades.

-Vos decís que la alternativa que nos toca es volvernos más sabios al considerar lo que ocurre, pero ¿qué ocurre, y algo más importante, qué puede ocurrir por lo que ocurre?

Lo que puede ocurrir ya está ocurriendo. Como digo en el libro, a pesar de que cada vez sabemos más, estamos cada vez peor. Por eso pienso que necesitamos sabiduría en lugar de conocimiento.

Nuestras enfermedades van en aumento, a pesar de que la ciencia lucha contra ellas. Nuestro cuerpo es parte de la naturaleza, por lo que no es extraño que la naturaleza y nuestro cuerpo se enfermen conjuntamente a medida que nos alejamos de una vida armónica.

A pesar de la tecnología y los esfuerzos de conservación, se pierde naturaleza a un ritmo alarmante, y muchas especies están desapareciendo o están amenazadas. También sufrimos inundaciones, sequías, incendios, aludes, calores y fríos extremos. Mientras tanto, vemos que el anhelado “progreso” no nos depara la felicidad ni la calidad de vida que esperábamos, y nos consume el tiempo libre. Entregamos nuestro tiempo para comprar bienes y servicios, y en ese círculo vicioso se nos va la vida (y parte de la vida de la naturaleza).

  “Nuestro conocimiento apunta a controlar las consecuencias de nuestros errores, y no a restablecer el equilibrio”

Nuestro conocimiento apunta a controlar las consecuencias de nuestros errores, y no a restablecer el equilibrio. Cuando controlamos las crecidas de un río con escolleras, gaviones u otros elementos, en realidad estamos luchando contra los síntomas y no contra la enfermedad. La verdadera enfermedad es la tala del bosque (debido a la cual crece desmedidamente un río), la ocupación de áreas que pueden inundarse, el desarrollo de monocultivos, etc. Lo mismo sucede con nuestra salud: controlamos la concentración de glucosa y colesterol en sangre, que es el síntoma. Pero la verdadera enfermedad (y lo que debemos combatir) es el estilo de vida que llevamos.

A mí me asombra la falta de consciencia acerca de la conservación del agua, por ejemplo. Yo tengo un jardín con piedras y plantas que casi no necesitan agua. Pero existen parques enormes que aún se riegan con agua potable, mientras algunas poblaciones carecen de ese elemento o deben consumir agua sin tratamientos sanitarios. Y lo cierto es que el agua que cada uno consume en su casa no es suya; es de todos.

Mucha gente piensa que si paga cara el agua, el problema se soluciona. Pero el dinero no puede comprar agua, como tampoco puede comprar tiempo de vida. Necesitamos más tiempo libre para vivir en armonía. Pienso que debemos prescindir de numerosos bienes y servicios para poder recuperar nuestro equilibrio interno, y la armonía con la naturaleza

-¿Podríamos establecer metas como seres humanos para volver a lo natural?

Tener jardines y plantas es un modo inconsciente de anhelar el regreso a lo natural. Hace décadas, los edificios urbanos tenían grandes parques a su alrededor. Hoy en día los terrenos urbanos son tan caros que los espacios verdes van desapareciendo, por lo que la gente busca alternativas más “ecológicas” como los loteos que prometen un equilibro entre la cercanía a la ciudad y un ambiente relativamente natural.

Este equilibrio local entre naturaleza y desarrollo urbano es difícil de alcanzar, pues lo que hoy es “natural” dentro de 10 años dejará de serlo debido a la expansión centrífuga de las ciudades. Basta abrir un nuevo camino para que ese acceso favorezca actividades que atentan contra la naturaleza (loteos, planes de vivienda, campos agrícolas, etc.).

Pienso que “volver a lo natural” es un proceso global, que no sólo responde a la disyuntiva “ciudad o campo” sino también al respeto por las arboledas; la reducción del consumo de recursos naturales no renovables; la posibilidad de caminar más y moverse en bicicleta, de tener pequeñas huertas en casa, de consumir alimentos cuyo origen conocemos, de ingerir comidas poco procesadas, de valorar y promover el silencio, y de buscar alternativas generales para reducir los efectos negativos de la vida humana sobre la naturaleza.

-Mucha gente piensa que volver a lo natural no es posible, que estamos embarcados en un proceso sin marcha atrás, que incluso volver nuestra mirada a la naturaleza sería renunciar a ciertas cosas de la vida moderna y que eso es una utopía ¿vos que les dirías?

Volver a lo natural no sólo es posible, sino también necesario. Si se mantiene la actual tasa de natalidad y de consumo, la vida en la Tierra se volverá muy difícil en el mediano plazo.

Aunque vivir en contacto con la naturaleza no es la única alternativa, mucha gente está optando por mudarse a sitios pequeños, no sólo para llevar una vida más “natural” sino también para huir del delito, el estrés y otros males que caracterizan a las grandes ciudades.

Internet ha permitido que mucha gente trabaje a distancia, y no haga falta residir en una ciudad. De hecho, mis libros se han editado en España sin necesidad de que yo viaje a ese país. El turismo también es una opción cada vez más interesante. Dado que la demanda de contacto con entornos naturales es creciente, los sitios con naturaleza prístina tienen grandes oportunidades de desarrollo turístico. Un buen ejemplo es el área de los Esteros del Iberá, donde pequeños pueblos reciben turistas de todo el mundo, y muchas personas viven de esa actividad.

   “Pensábamos que podíamos alejarnos de la naturaleza, y llevar una vida artificial e independiente; pero la naturaleza está recuperando protagonismo a la fuerza”

Con respecto a tu pregunta acerca de la renuncia a ciertas comodidades, a veces debemos privarnos de algunos beneficios para conseguir otros. Yo hace 15 años que no tengo coche, y nunca tuve televisión. En el libro Sabiduría Natural hago referencia a ese tema, y expongo los valores que a mi juicio caracterizan a las personas que viven en contacto con la naturaleza. De todos modos, como digo, Internet nos ha permitido gozar de servicios que antes eran impensados en sitios remotos.

Luego de haberle dado la espalda a la naturaleza, estamos recuperando el contacto con ella a través de las llamadas energías limpias. En sitios aislados estamos calentando agua, generando electricidad y cocinando con energía solar, y también recolectamos el agua de lluvia para consumo humano. En este sentido estamos recuperando la utilización directa de ciertos recursos, prescindiendo de una parte de la acumulación y distribución  a distancia de los servicios, y restaurando así las relaciones de las que hablaba al principio cuando me refería a la armonía.

Pensábamos que podíamos alejarnos de la naturaleza, y llevar una vida artificial e independiente; pero la naturaleza está recuperando protagonismo a la fuerza, en un proceso del cual nuestro antropocentrismo tiene mucho para aprender. De eso se trata precisamente la Sabiduría Natural.

Jorge Guasp

www.coaching-vida.com

Sabiduría Natural:

https://www.editorialkolima.com/producto/sabiduria-natural-digital/

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