Jaguares y personas

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♦ HACIA UNA MEJOR CONVIVENCIA CON UNA ESPECIE EXTRAORDINARIA

♦ El jaguar es el felino más grande de América y su distribución histórica abarcaba un muy amplio territorio que se extendía sin interrupciones desde el suroeste de los Estados Unidos hasta la zona de norte de la región patagónica, en Argentina. Pero hoy la situación de la especie ha cambiado drásticamente y el jaguar está sufriendo un muy lamentable proceso de extinción y de acotamiento en su distribución geográfica, debido a factores tales como la transformación de sus hábitats o a la imagen que muchos tienen  de él, ya que su presencia es considerada una amenaza para el ganado y la gente. En Argentina el jaguar se encuentra en peligro crítico y sólo es posible encontrarlo en sectores de la región chaqueña, la Selva Paranaense y las Yungas. Estudiar la relación que hoy se establece entre el animal y las personas que habitan sus áreas de distribución puede ser vital para la supervivencia de este impresionante y acorralado felino.

Trabajo de campo en Tariquía, Bolivia. Fotografía: Gentileza Flavia Caruso.

♦ Por Flavia Caruso (1)

♦ El jaguar, una de las especies más importantes en la cosmovisión prehispánica, se ubica en la cúspide de la cadena trófica, y, por lo tanto, su presencia es indicadora de una buena salud en los sistemas biológicos. La desaparición de jaguares implica que el medio ambiente en el que ellos viven también peligra y que, de igual modo, afronta riesgos la especie humana. Es una gran paradoja: el jaguar depende de los seres humanos para subsistir y, en cierto sentido, nosotros de él.

A comienzos del siglo XX su distribución en Argentina abarcaba todas las ecorregiones del norte, menos los Altos Andes o la Puna del noroeste, y, si bien sus antiguos límites australes son aún imprecisos, algunos reportes los sitúan en el río Colorado. Actualmente, el jaguar está en peligro crítico de extinción en nuestro país y su importancia cultural y biológica no son suficientes para garantizar su supervivencia.  Hoy solo ocupa el 5% de su distribución original en el país, y lo hace en tres regiones del norte argentino con subpoblaciones desconectadas entre sí en la Selva Paranaense, en el Chaco y en las Yungas (2). En Bolivia, su área de distribución se ha reducido en un 50% aproximadamente y fue clasificado como Vulnerable.

La autora de este artículo y un poblador de Agüaragüe, Bolivia. Fotografía: Gentileza Flavia Caruso.

En las áreas de Argentina y Bolivia donde vive, su permanencia es, a la vez, el fruto del deseo y la labor de muchos conservacionistas y un desafío para el futuro. El jaguar enfrenta amenazas a diario por las actividades, excedidas de todo marco de razonabilidad, que realiza el ser humano.

Vastos paisajes fueron altamente modificados y desconectados por las actividades humanas, como los desmontes a gran escala para agricultura o los incendios intencionales, y , al mismo tiempo, la especie sufrió –y lo sigue haciendo– las consecuencias de otro tipo de insensatez del hombre: la persecución tenaz para comerciar sus pieles y traficar sus colmillos; aunque para muchos resulte difícil creerlo, entre 2014 y 2016 se recuperaron en Bolivia 800 colmillos de jaguar, que implicaron la muerte de al menos 200 ejemplares de esta especie y que iban a ser traficados a China.

Flavia Caruso en Parque Nacional Copo. Fotografía: Gentileza Flavia Caruso.

La caza del jaguar sigue siendo muy frecuente en todas las Yungas, por miedo o incluso por “precaución”, utilizando armas de fuego, perros, trampas, cebos y veneno. Esta actividad es realizada principalmente por los pobladores, sobre todo ganaderos, que responden de esa manera a la depredación sobre el ganado, por lo que se presenta un conflicto entre el animal que busca subsistir y el productor que busca proteger de esa forma sus intereses.

Conocer cómo es percibido el jaguar por las comunidades locales con las que comparte el espacio a diario, es crucial para prevenir y resolver conflictos entre humanos y jaguares; un conflicto que junto a otras causas, está empujando a la especie a la extinción.

El proyecto “Actitudes y percepciones sociales ante las áreas naturales protegidas y su impacto en la conservación del jaguar en el noroeste argentino y sur de Bolivia”, aporta los primeros conocimientos acerca de cómo es percibido un predador tope en peligro crítico de extinción a través de entrevistas a personas que viven dentro y alrededor de áreas protegidas, donde la especie aún está presente o donde ya está extinguida.

La autora de este trabajo recopilando testimonios en Parque Nacional Copo. Fotografía: Gentileza Flavia Caruso.

Las entrevistas realizadas a personas que comparten el territorio con la especie mostraron que existen factores importantes que potencian la amenaza. Uno de ellos es el gran desconocimiento de la biología del jaguar y de la importancia de su presencia en el ecosistema. El otro, es la fuerte creencia de que el jaguar es una amenaza para las personas (muchos creen que el jaguar come gente) fundando una actitud social negativa hacia su presencia en el monte, que genera represalias.

Los hallazgos demuestran  que cambiar actitudes y percepciones negativas e indiferentes hacia la especie, basadas en el conocimiento real de la biología y ecología de la misma, podría determinar el éxito o el fracaso de los proyectos de conservación del jaguar en Argentina y Bolivia. Por otro lado, esto también podría ayudar a re-direccionar estrategias en proyectos de conservación, que, generalmente, se ponen en marcha sin considerar los intereses de las comunidades locales.

Flavia Caruso en Tariquía, Bolivia. Fotografía: Gentileza Flavia Caruso.

Para esto, se necesitan motivaciones y un camino educativo que haga llegar a la sociedad  el valor y la utilidad del jaguar, demostrando que es necesario preservar la especie aún a costa de modificar ciertas pautas de comportamiento a las que estamos habituados, ya que toda pretensión de cuidar y mejorar el medio ambiente supone cambios profundos en los estilos de vida, y en los modelos de producción y consumo.

Agradecimientos:

A mis asesores Dr. Pablo Perovic; Dra. Mariana Altrichter; Dr. Andrés Tálamo. Al director de la Dirección Regional del Noroeste de la Administración Nacional de Parques nacionales (APN), Biol. Julio Mongillot. A la Universidad Nacional de Salta (UNSA).

Referencias:

1 – Aunque María Flavia Caruso es becaria doctoral del CONICET en la Dirección Regional del Noroeste (DRNOA), Administración de Parques Nacionales (APN). Es licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional del Nordeste y cuenta con una maestría en Biodiversidad por el Centro Iberoamericano de la *Biodiversidad (CIBIO) en la Universidad de Alicante, España.

2 – Aunque se ha respetado el criterio de la autora para la publicación de este artículo, el ambiente aludido es el denominado en esta página con el nombre de Selvas Tucumano Bolivianas).

 

 

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