Juan Carlos Dávalos

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♦ OBSERVACIONES CON HISTORIA

 ♦ El nombre de Juan Carlos Dávalos es ampliamente conocido por su fecunda y admirable labor literaria, que incluye textos tan destacados como El viento blanco. No obstante, a continuación conoceremos a un Dávalos más cercano a la figura de un naturalista que a la del notable escritor que fue y cuya obra sigue siendo motivo de orgullo e inspiración. Lo que sigue es una semblanza del Dávalos profesor de biología, que a partir de sus incursiones por las serranías del este de la ciudad de Salta, dejó escritas interesantes notas sobre las aves del lugar.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

 ♦ En sus Ensayos biológicos – Bichos y plantas de Salta, publicado en 1941, el eminente escritor Juan Carlos Dávalos ha dejado impresas páginas desbordantes de belleza y sapiencia acerca de ciertos aspectos de la vida natural de la región, y ha expuesto en ellas un importante testimonio sobre el estado que presentaba, allá por los primeros años del siglo XX, el área situada hacia el este de la ciudad capital de la provincia, desde la zona de La Lagunilla hasta Chachapoyas y, particularmente, el cerro San Bernardo.

La obra aludida reúne interesantes escritos relacionados con las ciencias naturales, y focalizados fundamentalmente en las especies animales y vegetales de los alrededores de Salta, además de referirse a cuestiones como la riqueza paleontológica, que puede apreciarse en ciertas capas donde se nota claramente “un conglomerado de conchillas marinas” o “la impronta de los trilobites”.

Cardenal común, Paroaria coronata, una de las aves observadas por Juan Carlos Dávalos en las serranías del este de la ciudad de Salta. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Como él mismo lo cuenta, Dávalos se desempeñó como profesor de ciencias biológicas -zoología y botánica-, y en este marco se dedicó a reunir, junto a sus alumnos, un nutrido conjunto de artrópodos que hubieron de utilizar en clase para su estudio. “Convencido de que solamente por la observación de los seres vivos en su ambiente vital  llega el estudiante a interesarse en el conocimiento de la biología”, dedicaba un día de cada mes para realizar excursiones que pusieran a los educandos en contacto con el medio natural y que les permitieran reunir los especímenes que analizaban. Por otra parte, de manera solitaria, acompañado por un ayudante o junto a sus hijos, concurría el escritor asiduamente a las laderas del cerro San Bernardo, y así tuvo ocasión de tomar contacto, con el paso del tiempo, con muchos de sus habitantes salvajes.

El ambiente que describe llenaría de desazón hoy a las almas preocupadas por la preservación de las maravillas naturales de la región, pero conforman un sincero cuadro de época, con leñadores que subían y bajaban, con senderos de cabras, peladares y raros árboles grandes, con gente que sacaba del cerro su “tierrita vegetal” e iba a venderla en bolsas, con mulos y caballos que pastaban “a sus anchas”, y con canteras explotadas “a dinamita”, entre otras cosas.

Cuenta allí que no veía, como en los tiempos de su “mocedad”, los “inmensos lapachos en flor”, los “sebiles de tenue follaje”, los “tarcos”, los “pacaráes”, y “los fuertes y nudosos algarrobos de las faldas”.  Cierto es que lo que cuenta descorazona por la imagen casi de tierra arrasada que describe para la icónica mole, pero al mismo tiempo sus palabras remiten el pensamiento hacia el fabuloso poder  curador que tiene la Tierra para sanar las heridas que se le infringen, si se deja que obren los milagros del tiempo y de la vida.

Hoy, después de algunas décadas transcurridas desde que nuestro poeta pusiera en palabras aquella imagen lamentable y a pesar de devoradores incendios que cada cierto tiempo afectan el sitio, muchos árboles cubren nuevamente el cerro y las flores más diversas, y, con ellas, miríadas de insectos, y con estos las aves y muchas otras criaturas, que han tomado nuevamente a nuestro querido cerro como su hogar. Pero concentrémonos, entonces, en las aves que encontró Dávalos en una de sus excursiones.

Entre las aves que encontraron Juan Carlos Davalos y sus alumnos se el ñandú, Rhea americana. hoy desaparecido de la zona del valle de Lerma. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez

Cuando el escritor hace mención a la fauna de La Lagunilla o, como él mismo indica, “del campo comprendido entre la casa de la finca, la Quebrada de Chachapollas y el viejo camino de Tucumán, a espaldas del cerro San Bernardo”, después de arácnidos, insectos y moluscos, habla de algunas especies de aves que pudo observar. Menciona a una perdiz, refiriéndose quizás al inambú silbón, Nothoprocta pentlandii, una chuña, seguramente la chuña de patas rojas, Cariama cristata, un ejemplar de cata o cotorra, con el que, tal vez, se refiera a alguna de las dos especies del género Aratinga a las que Höy atribuye efectivamente la denominación vulgar  de “cotorras”: la “cotorra (cabeza azul)” o Aratinga acuticaudata, y la “cotorra (cabeza roja)” o Aratinga mitrata. Sin embargo, después menciona a una bandada de loros, sin precisar ningún otro dato al respecto, a excepción de que irían a la búsqueda de chacrales, y también indica la presencia de “urracas azules de pecho amarillo”, no quedando dudas aquí de que se trata de urracas comunes, Cyanocorax chrysops. Menciona también que encontraron lechuzas, “pesperis” o quitilipis, que “anidan en el suelo, en las faldas de las lomas”, con lo cual, a pesar de que las denominaciones vulgares usadas por el autor pueden inducir a cierta confusión, queda bastante claro que se refiere a la lechuza de las vizcacheras, Athene cunicularia. Nombra también a “halconcitos, gerifaltes”, haciendo alusión quizás al halcón plomizo, Falco femoralis, y al halcón colorado, Falco sparverius. Habla de “cuervos”, que serían los jotes cabeza negra, Coragyps atratus, y caranchos, en obvia alusión a Caracara plancus. Entre los “pájaros”, menciona a los “icanchos o jilgueros”, haciendo referencia al chingolo. Zonotrichia capensis, y aunque resulte algo extraña la mención de aquellos dos nombres comunes para la misma especie, vale aquí destacar que en su “Diccionario de regionalismos de Salta”, José Vicente Solá cuenta que “Icancho” se denomina efectivamente a la especie aludida con esa denominación científica, afirmando a continuación que se trata de un “jilguerillo de color pardo o amarillo oscuro”, lo que podría estar hablándonos de una confusión a nivel popular en esos tiempos de dos especies totalmente diferenciadas. Manifiesta que pudieron ver “quitupís” o benteveos, Pitangus sulphuratus, “horneros”, Furnarius rufus, “petirrojos”, del que queda la duda sobre específicamente de qué ave se trata, “nievecitas”, es decir la monjita blanca, Xolmis irupero, “tarasches”, como dice Solá (Op. Cit.) que se denominan los tordos, Molothrus bonariensis, aunque particularmente la hembra de la especie recibe este nombre, colibríes, a los que Dávalos coloca con los “pájaros” sin hacer ninguna distinción de especie, “tordos”, donde seguramente se refiere a los machos de la especie Molothrus bonariensis, y “cardenales”, nombre con el que se estaría refiriendo al Cardenal Común,  Paroaria coronata, hoy, aunque presente, no demasiado común en la zona. Por último, haciendo mención a las palomas, habla de la “urpila”, Columbina picuí, a la que también adjudica la denominación de “palomita del monte”, y a la “torcaz”, nombre con el que se referiría a la torcaza, Zenaida auriculata.

Es útil destacar que,  si bien el citado libro fue publicado en 1941, parte de lo allí expuesto ya había aparecido muchos años antes. En efecto, en octubre de 1915, en la Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires, Juan Carlos Dávalos había publicado un escrito titulado Sobre la necesidad de acercarse a la naturaleza en el que se reproducía una conferencia ofrecida a los alumnos del escritor. Inmediatamente debajo del título, y antes de que en el texto principal se desarrolle el tema en cuestión, se indica que se trataba de unas palabras que el salteño dirigiera a los estudiantes del segundo y tercer año del Colegio Nacional de Salta, y, justamente, en líneas generales, el contenido, con algunos ligeros cambios, es lo que posteriormente se publicaría, como parte del contenido del libro Ensayos biológicos – Bichos y plantas de Salta, con el más simple rótulo de “Excursiones”.

Monumento a Juan Carlos Dávalos en la ciudad de Salta. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Resulta interesante hacer mención del escrito presentado por la Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires por cuanto, en lo que concierne a las aves, hay en él un dato de considerable valor, omitido en la reelaboración del trabajo. Efectivamente, Dávalos cuenta hacia 1915, que “en el orden de las corredoras” dos de sus alumnos habían registrado la presencia de “un sury, o avestruz, rea americana”. La observación se habría producido en el área que se ubica “tras del Portezuelo, a media legua de la ciudad”. No puede saberse el porqué de la omisión de este dato en el texto publicado en 1941, pero tal vez -se me ocurre especular- Dávalos no debiera estar plenamente convencido de lo expresado por aquellos estudiantes, aunque es extraño, debido a las características propias de estas aves, que los jóvenes la hayan confundido con otra especie. Si el dato se ajusta a la realidad, se transforma en un detalle de suma importancia; no debe olvidarse que, lamentablemente, las poblaciones de Ñandú, Rhea americana, han venido sufriendo desde hace bastantes años un retroceso importante, tanto por cacería como por destrucción y alteración de su hábitat. Pensar en la observación de una de estas aves en aquel lugar es algo que, sin dudas, nos ayuda a imaginar ese Valle de Lerma y zonas aledañas, como alguna vez don Roberto Neumann me describió que podría haberse visto hace muchos años atrás, con árboles aislados o formando bosquetes y con  extensiones de pastizales por las que se movían guanacos, pecaríes, corzuelas y ñandúes.

Bibliografía:

Dávalos, Juan Carlos. 1915. Sobre la necesidad de acercarse a la naturaleza. Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires. Época II. Año XI: 159-167.

Dávalos, Juan Carlos. 1997. Obras completas (Éditas). Volumen III. H. Senado de la Nación. Secretaría Parlamentaria, Dirección Publicaciones, Buenos Aires.

Rodríguez, Elio Daniel. 2012. Aves del cerro San Bernardo y de las serranías del este de la Ciudad de Salta. Fondo Editorial. Salta.

Solá, José Vicente. 2008. Diccionario de regionalismos de Salta / compilado por Jaime Solá. 8ª edición. Salta.

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