La alimentación del caracolero

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♦ ARTE Y TÉCNICA DE UN ESPECIALISTA

♦ El caracolero, Rostrhamus sociabilis, es un ave con una dieta muy especializada, consistente en caracoles acuáticos.  Para alimentarse de ellos cuenta notables adaptaciones y una técnica depurada, pero la forma en la que lo hace fue motivo de algunos malos entendidos; aquí la verdadera historia.

Esta acumulación de caparazones del caracol Pomacea canaliculata delata el sitio de alimentación de un caracolero, Rostrhamus sociabilis. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ 14-07-2018

♦ El caracolero o gavilán caracolero (Rostrhamus sociabilis), es un típico habitante de los sitios de aguas tranquilas, donde proliferan los grandes caracoles que consume. Para atraparlos, vuela a baja altura sobre el agua y, cuando divisa una presa, se precipita sobre ella, descendiendo rápidamente y tomándola con las garras. De allí se dirige hacia algún lugar en el que la come, alimentándose cada caracolero, habitualmente, en los mismos sitios, por lo que se va acumulando en esas áreas una cantidad de caparazones que delatan su presencia.

La manera en la que el caracolero se alimenta de sus presas más habituales –porque, como veremos más adelante, puede haber otras, sobre todo en circunstancias especiales – ha sido objeto de algunos malos entendidos. Herbert Lang –un alemán nacido en 1879, que emigró a los Estados Unidos previo paso por Francia  y que falleciera en Sudáfrica en 1957, a los 78 años– publicó en 1924 un trabajo, aparecido en The Nautilus, donde explicó lo que señaló que pudo observar en una colonia de caracoleros en la por entonces Guayana Británica (hoy Guyana).

Narró que el procedimiento que las aves empleaban para comer el caracol después de haberlo atrapado consistía primeramente en posarse sobre una pata y con la otra sujetar la presa en silencio, esperando que el  molusco saliera de su refugio, sin hacer ningún intento de extraerlo por medio de la fuerza. Indicó que cuando la infortunada víctima hubo de extenderse lo suficientemente más allá de la abertura del caparazón, el caracolero, rápido como un rayo, perforaba el cuerpo blando aparentemente por detrás del opérculo. Siempre siguiendo la descripción de Lang, el caracol perforado y sostenido en el pico aparecería a la vista como una enorme nuez en la maxila del ave, momento a partir del cual se iniciaría una segunda espera.

Un caracolero, Rostrhamus sociabilis, vuela a baja altura y lentamente, tratando de detectar en las aguas de una laguna la presencia de una presa. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Pasados algunos momentos los músculos del caracol se habrían relajado, el caracolero sacudiría enérgicamente la cabeza, el caparazón se desprendería cayendo a tierra y la rapaz tragaría su alimento. No cabe ninguna duda de que lo descripto por Lang es detallado e interesante, pero lamentablemente no se ajusta del todo a la realidad.

Por empezar, cabe señalar que se trata de un ave sumamente especializada, adaptada de manera perfecta principalmente a un tipo de alimento, consistente en caracoles de agua dulce, siendo en el noroeste argentino su presa más habitual la especie Pomacea canaliculata.  Si bien en algunos sitios de su amplia distribución se observó, por parte del caracolero, la predación de tortugas y cangrejos, un porcentaje notablemente mayoritario del alimento de estas aves está compuesto de moluscos.

Es tan especialista el caracolero en su alimento preferido que cuando los ejemplares de la especie consumen presas alternativas emplean técnicas muy semejantes  a las que usan para consumir caracoles, como entrar en la cavidad del cuerpo de una tortuga perforando la única pierna con forma de opérculo de caracol.

Por otra parte, se comprenderá mejor lo capacitados que están en el manejo de un tipo de alimento específico estas aves si además se señala que los tiempos de manejo de tortugas (76 minutos) y cangrejos (5.4 minutos) fueron mucho más largos que el tiempo empleado en comer caracoles Pomacea (1.5 minutos) (Beissinger, 1990).

Como especialista en un tipo determinado de dieta, el caracolero cuenta con dos notables adaptaciones morfológicas.  Por un lado, los dedos largos de sus patas le permiten aferrar fuertemente el resbaloso caparazón del caracol al momento de extraerlo de su medio acuático y transportarlo hasta el sitio de alimentación;  por otra parte, posee un pico largo, delgado y en forma de gancho, capaz de cortar certeramente el músculo columelar del caracol y separar el cuerpo del animal de su caparazón.

Para buscar alimento los caracoleros se dejan caer desde una percha o emprenden vuelos sobre los cuerpos de agua, desplazándose algo lenta y, en apariencia, esforzadamente; es, claro, una verdad de Perogrullo, que no tienen ninguna necesidad de volar rápido, ya que los animales que constituyen su alimento no los obligan a ello.

Mirando atentamente hacia los sectores poco profundos de los cuerpos de agua  en los que habitan, tratan de ubicar la presencia de una potencial presa sobre la que, una vez avistada, se dejan descender, atrapándola con las garras. Es importante señalar que, para la captura de sus presas, los caracoleros no se zambullen en el agua y nunca usan el pico para atraparlas.

Una vez capturado, el caracol es sacado del agua con las patas y el caracolero emprende un vuelo que lo conducirá a percharse nuevamente en su sitio habitual. Durante el trayecto al lugar de alimentación, el caracol puede ser llevado todo el tiempo en una de las patas o puede ser transferido desde la pata al pico, por lo que no es raro ver volar a estas aves transportando a su presa en dirección al “comedero”. Ante la presencia de un intruso, a veces se los ve alejándose de su percha habitual con su alimento, no consumido aún.

Los caracoles de la especie Pomacea canaliculata constituyen el alimento principal del caracolero en el noroeste argentino. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Una vez dispuesto para comer su presa, el caracolero da inicio a sus esfuerzos para introducir el fino y ganchudo extremo de su maxila entre el caparazón y el opérculo –una placa rígida con la que el caracol cierra la apertura de su concha cuando el animal se retrae en su interior–, tarea que realiza con el  caracol fuertemente atrapado entre sus dedos. La herramienta de precisión con la que cuenta, como es un pico extraordinariamente adaptado para este trabajo, facilita enormemente la operación y así el opérculo puede ser removido, tras lo cual, el paso siguiente consiste en el corte de la unión del músculo columelar, que es el músculo con el que el caracol mantiene el cuerpo unido a la concha, lo que también realiza con el auxilio de su aguzada y afilada maxila, mientras la mandíbula presiona fuertemente desde la parte externa del caparazón. Después de que se ha cortado el músculo columelar, solo queda tirar con el pico de las partes blandas del molusco hacia afuera, liberando el caparazón, que cae junto a los restos de otros caracoles depredados por el ave.

Ya Snyder y Kale II (1983) hacían notar que lo que lo descripto por Lang no era correcto; en sus observaciones no vieron que el caracol se extienda voluntariamente desde su caparazón, ni que las aves en la naturaleza ingieran los opérculos ni que se perfore un “plexo nervioso” que afloje el cuerpo del caracol para extraerlo fácilmente de su concha con una sacudida.

No obstante, a veces sucede que una idea toma fuerza y echa raíces fuertes, y así sucedió con la descripción de la alimentación del caracolero formulada por Herbert Lang, que hasta el día de hoy se sigue replicando en una parte importante de la literatura popular –y no tanto– relacionada a las aves, aunque lo que sucede en verdad puede ser visto una y otra vez, día a día, en los cuerpos de agua en donde se produce el encuentro de este especialista formidable, el caracolero, con su apacible presa.

Bibliografía:

  • Beissinger, Steven R. 1990. Alternative foods of a diet specialist, the Snail Kite. The Auk, vol. 107: 327-333.

-Bó, MS; Baladrón, AV y Biondi, LM. 2007. Ecología trófica de falconiformes y estrigiformes: tiempo de síntesis. El Hornero 22(2): 97-115

-Canevari, M; Canevari, P; Carrizo, GR; Harris, G; Rodríguez Matta, J; Straneck, RJ. 1991. Nueva guía de las aves argentinas. Tomo II. Fundación ACINDAR. Buenos Aires.

-De la Peña, MR. 2015. Aves argentinas – Incluye nidos y huevos. Tomo I. Ediciones UNL / Eudeba. Buenos Aires.

-Hudson, Guillermo Enrique. 1958. Allá lejos y hace tiempo. Editorial Kraft. Buenos Aires.

-Lang, Herbert. 1924. Ampullarius  and Rostrhamus at Georgetown, British Guaiana. The Nautilus. Vol. 37. Enero, 1924. No. 3, p: 73-77

-Snyder, Noel F. R. y Kale II, Herbert W. 1983. Mollusk predation by Snail Kites in Colombia. The Auk, vol. 100: 93-97

http://www.avibirds.com/pdf/S/Slakkewouw4.pdf

-Veiga, JO; Raggio, JM y Güller, RM. 2009. Cangrejos y tortugas en la dieta del caracolero (Rostrhamus sociabilis) en Argentina. Nuestras Aves 54: 47-48.

http://sfa95.servidoraweb.net/cs/asociate/54/NA54%2047-48.pdf

Caracolero, Rostrhamus sociabilis, transportando en el pico un caracol desde el lugar en el que lo capturó hasta el sitio en el que se alimentará de él. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

 

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