La culebra fantasma

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♦ HALLAZGO EN EL CERRO SAN BERNARDO

♦ A fines del mes de noviembre de 2017 encontré muerta, en el camino que asciende a la cumbre del cerro San Bernardo, una llamativa culebra con el dorso rojo y negro. Al indagar al respecto, descubrí que se trataba de una rara serpiente, muy pocas veces encontrada, sobre la que la ciencia tiene una buena cantidad de preguntas. El espécimen ahora hallado brinda respuesta a una de las ellas.

La pregunta que podría formularse es si Atractus bocki es una especie subobservada debido a sus hábitos o si los pocos registros que se conocen tienen que ver con un peligro real de extinción. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ En el preciso instante en el que pensaba que aún me quedaban unos 45 minutos de caminata,  dos mujeres, que venían por el mismo camino pero en sentido contario expresaron asombro ante la “viborita” que veían; esas obras maravillosas que a veces produce la casualidad. Podrían no haberla visto, o podrían haber pasado un minuto antes o apenas después que yo pasara junto a ellas por la banquina opuesta, pero “algo” quiso -¿o tal vez sólo fue el azar?- que eso pasara cuando yo podía escucharlas claramente. Y lo que no me había dispuesto a oír, llegó a mí como una música muy interesante desde apenas tres metros de distancia. Cómo no iba a hacerme el distraído, esperar a que se fueran las ocasionales autoras del hallazgo y acercarme a inspeccionar de qué se trataba exactamente lo que habían descubierto. Así es que apenas vi que desaparecieron en un recodo del camino, retrocedí unos pasos y me acerque al animal que yacía inerte.  Era una culebra, pero de qué especie se trataba. Nunca había visto una parecida y, si la memoria no me estaba jugando una mala pasada, tampoco la había visto en fotos de libros ni en publicaciones científicas.

El cerro San Bernardo es una caja de sorpresas. Lo sé desde los tiempos en que buscaba fósiles en sus laderas y lo confirmé cuando me tocó hacer la investigación para mi libro sobre las aves de ese lugar. Pero a pesar de eso, no esperaba encontrarme con un ofidio que la ciencia apenas conoce en una caminata de las que hago regularmente al lugar. Pensé dejar el espécimen en un sitio marcado de la banquina y seguir mi caminata para buscarlo al regreso, pero unos cien metros más adelante me persuadió de lo contrario un operario que desmalezaba la banquina con una máquina infernal que hubiera reducido a despojos al animalito si se tropezaba con él. Así es que renunciando a mis intentos de seguir mi rutina de ejercicios, busqué resignado un recipiente, volví hasta la culebra, la introduje en él y me dispuse a volver a casa, donde la fotografié, la medí y la introduje en un líquido conservante. Antes del último paso, fui al encuentro de alguna información en la escasa bibliografía que poseo sobre el tema y, salvando algunas serias diferencias de coloración, encontré cierto parecido entre “mi” ejemplar y la foto de Atractus canedii que aparecía en la página 75 del libro Serpientes del noroeste argentino.

Por supuesto que no podía estar del todo seguro con mi muy preliminar determinación, pero tenía serias sospechas de que se trataba de aquella especie. Entonces le escribí al especialista en anfibios Esteban Lavilla para preguntarle si tal vez pudiera ayudarme al respecto y me sugirió que consultara con el experto en el tema Gustavo Scrocchi, quien –¿otra casualidad?– es el autor del libro citado anteriormente. Inmediatamente lo hice, pero, a pesar del paso de los días, no recibí ninguna respuesta, y, cuando estaba a punto de perder las esperanzas al respecto, llegó un mail en el que se me explicaba que mi mensaje original, quién sabe por qué designios de la tecnología, había ido a parar a la carpeta de “correo basura”, de donde había sido rescatado. Lo importante es que Gustavo Scrocchi confirmó mis sospechas: el ejemplar de la foto que yo había enviado era Atractus canedii, sinónimo de Atractus bocki, como se ha propuesto denominar a la especie.

Las serpientes del genero Atractus tienen hábitos fosoriales, es decir que se encuentran adaptadas a la excavación y la vida subterránea –lo que en parte explica el que sean tan poco conocidas–. Se distribuyen por el Neotrópico, desde Panamá hasta el norte de Argentina y actualmente hay reconocidas unas 130 especies, pero la mayoría presenta distribuciones muy restringidas y se conoce bastante poco acerca de ellas.

Basado en un ejemplar descubierto en Cochabamba, en Bolivia, F. Werner publicó un trabajo  titulado  Über neue oder seltene Reptilien des Naturhistorischen Museums in Hamburg. I. Schlangen (Acerca de reptiles nuevos o raros del Museo de Historia Natural en Hamburgo. I. Serpientes). Allí dio cuenta de Atractus bocki. Posteriormente, en 1991, sobre la base de ejemplares hallados en las provincias de Salta y Jujuy, G. Scrocchi y Cei describieron a Atractus canedii, distinguiéndolo de otras especies del género, pero sin compararlo con A. bocki, del que no se habían vuelto a tener noticias desde el escrito de Werner, en 1909. Pero en 2009, cien años después del trabajo de Werner, P. Passos, R. Aguayo y G. Scrocchi propusieron que A. canedii era sinónimo de A. bocki.

Carl Alfred Bock (1849-1932) fue un naturalista y etnólogo noruego. Viajó a las Indias Orientales Holandesas (Indonesia), Tailandia y Laos (1878-1883). Publicó The Head-Hunters of Borneo (“Los cazadores de cabezas de Borneo”) en 1881 y Temples and Elephants (Templos y elefantes) en 1884. Varios museos de Londres y el Museo Etnográfico de Oslo conservan la mayor parte de su colección. Él colectó y a él está dedicado el nombre específico del reptil del que estamos tratando aquí. El holotipo –sobre el que se realizó la primera descripción científica de la especie– era un espécimen originalmente ubicado en el Zoologisches Museum, de Hamburgo, pero resultó destruido durante la II Guerra Mundial.

Más allá del holotipo irremediablemente perdido, los especímenes de A. bocki conservados en museos son escasos y, de ellos, una importante proporción fueron encontrados muertos en la carretera y están en mal estado de conservación.

Cuando recibí la respuesta de Gustavo Scrocchi acerca de las imágenes enviadas, una de las cosas que destacó el especialista fue la importancia de haber logrado registros  fotográficos de este reptil recién muerto, porque hasta el momento no se tiene ningún registró del animal vivo. De hecho, sobre su coloración, había sobre todo suposiciones y comunicaciones personales, aunque sin registro gráfico. En el libro Serpientes del noroeste argentino, se dice que la coloración en vida es desconocida y que el animal presenta “dos hileras dorsolaterales de manchas negras sobre un fondo amarillo anaranjado o rojo”, y en La fauna de serpientes del chaco sudamericano: diversidad, distribución geográfica y estado de conservación (Leynaud y Bucher, 1999)) se menciona, siguiendo a Scrocchi y Cei, que el animal tiene “coloración dorsal de fondo amarillo claro, con bandas negras que se interrumpen en la línea vertebral”. Ahora quizás estemos en mejores condiciones de afirmar, por el ejemplar encontrado recién muerto en el cerro San Bernardo, que la coloración de fondo del animal en vida es  roja. Al mismo tiempo, el hallazgo permite extender el área de distribución de la especie.

Si no se han obtenido imágenes en vida de esta culebra, es razonable entender que se sepa muy poco acerca de sus hábitos y hasta de su estado de conservación. La UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) indica que se trata de una serpiente “rara vez encontrada y cuya verdadera distribución, exposición y sensibilidad a las amenazas son desconocidas”. En Argentina su estado ha sido calificado como “insuficientemente conocido”. La pregunta es obvia: ¿se trata de una especie subobservada por sus hábitos cavadores y, según se ha informado, nocturnos? ¿O los escasos registros obedecen a que sus poblaciones están muy menguadas y la especie está, por tanto, enfrentando un serio riesgo de extinción? El tiempo quizás tenga las respuestas.

Agradecimientos:

A Esteban Lavilla por sus gestiones y sugerencias. A Gustavo Scrocchi por su confirmación en la determinación de la especie.

Bibliografía:

Aguayo, R., Aparicio, J., Arzamendia, V., Embert, D., Fitzgerald, L., Giraudo, A., Gonzales, L., Kacoliris, F., Montero, R., Muñoz, A., Pelegrin, N., Scrocchi, G. y Williams, J. 2017. Atractus bocki. La Lista Roja de Especies Amenazadas 2017 de la UICN.

Beolens, Bo; Watkins, Michael & Grayson, Michael. 2011. The Eponym Dictionary of Reptiles. Johns Hopkins University Press. USA.

Laynaud, GC y Bucher, EH. 1999. La fauna de serpientes del chaco sudamericano: diversidad, distribución geográfica y estado de conservación. Academia Nacional de Ciencias. Miscelánea 98. Córdoba.

Passos, P; Aguayo, R & Scrocchi, G. 2009. Rediscovery of the Rare Atractus bocki, with Assessment of the Taxonomic Status of Atractus canedii (Serpentes: Colubridae: Dipsadinae) Journal of Herpetology 43(4): 710-715.

Scrocchi, GJ & Cei, JM. 1991. A new species of the genus Atractus from the Northwestern Argentina (Serpentes, Colubridae). Bollettino del Museo Rregionale di Scienze Naturali di Torino 9: 205-208

Werner, F. 1909. Über neue oder seltene Reptilien des naturhistorischen Museums in Hamburg. I. Schlangen. Mitteilungen aus dem Naturhistorischen Museum in Hamburg 25:205–247.

El ejemplar de Atractus bocki hallado en el cerro San Bernardo supero los 37 cm de longitud. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

 

 

1 COMENTARIO

  1. Hola! Hoy he llegado hasta esta pagina porque encontré en mi jardin una “atractus bocki”, segun lo que me informo un biologo que consulté y le envie la foto que le saque por wathsapp. Solo encontré un pedacito de la cola, unos 10cm; seguramente la mataron mis gatos. Vivo en la ciudad de San Salvador de Jujuy, casi pleno centro muy cerca del Rio Chico o Xibi-Xibi, el cual hace unos meses está siendo desmontado y cementado, por lo que dicen que los insectos y animales del rio han huido y aparecido en las casas aledñañas al río. Y claro, el rio está lleno de máquinas y obreros trabajando. Y cuando se la mostré a mi hija que hoy tiene 17 años, ella se acordo que cuando tenia 7 años, o sea en el 2010, mas o menos, viviamos en otro barrio de San Salvador, Los Perales, y tambien los gatos mataron una igual y tenemos la foto de la vibora entera. Yo pensé que era una cobra coral, en mi ignorancia, por los colores negro y rojo… Si le interesa, me puede escribir a mi fb, mi nombre es Alicia Meyer.

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