♦ Queridos amigos:

Como ustedes saben, las catástrofes naturales no existen. Los desastres ambientales son consecuencia de un orden social que los hace posibles. En numerosas oportunidades, su prevención fue bloqueada por sectores interesados, cuyo lucro privado fue infinitamente menor al daño social que sus conductas causaron.

Por eso el tema ambiental es un tema político, y lo es muy especialmente cuando asume una dimensión trágica. Echarle la culpa a Dios, al Diablo, a la fatalidad o a la naturaleza ha sido siempre una conducta de encubrimiento por parte de esos sectores.

La historia ambiental es una herramienta de prevención. Nos ayuda a comprender por qué ocurrieron determinados sucesos y de qué manera podemos ayudar a evitar su repetición. No es casual la ausencia de historia ambiental en los contenidos de educación ambiental de índole conformista, que ponen el acento en las responsabilidades individuales y esconden los procesos sociales.

Hoy quiero compartir con ustedes algunos textos de mi último libro, titulado “La guerra contra el Planeta”, que ha sido publicado por la editorial Capital Intelectual (asociada a Le Monde Diplomatique).

El libro analiza una serie de catástrofes ambientales ocurridas en distintos contextos históricos. El objeto de estos ejemplos es abrir la discusión sobre criterios de análisis de riesgo ambiental y de prevención en procesos y sucesos ambientales.

Los estudios de caso elegidos son los siguientes:

La Peste Negra en la Europa Medieval.

Entre los años 1348 y 1350, una epidemia conocida como la Peste Negra mató a la cuarta parte de la población europea, en lo que podríamos calificar como uno de los peores desastres ambientales de la historia de la humanidad. El aumento del comercio, unido a intercambios masivos como los resultantes de las Cruzadas, y condiciones urbanas de miseria y hacinamiento, aumentaron la vulnerabilidad social. El desencadenante fueron las ratas infestadas que bajaron de un barco que llegó a Italia desde el Mar Negro. Qué sucede cuando las medidas sanitarias están condicionadas por los prejuicios.

Ecocidio y dominación colonial: la destrucción de los cultivos andinos en terrazas.

La consolidación del poder colonial en América Latina llevó a la destrucción de las bases de sustentación de muchas comunidades indígenas autosuficientes. Desde la demolición de las primeras terrazas incaicas, testimoniada por el Inca Gracilaso de la Vega, hasta el abandono de las de Iruya, Salta, por presión de los pistoleros de los ingenios azucareros, a principios del siglo XX. Y también la erosión de las famosas terrazas del cañón del Colca, desatendidas por presión del negocio turístico. El ecocidio como una forma de obligar a los campesinos a ingresar al mercado de trabajo.

El hundimiento de la Ciudad de México.

Por razones militares, para evitar que los aztecas inundaran a los españoles, Hernán Cortés inició el desecamiento de la laguna Texcoco, en la actual Ciudad de México. Después de varios siglos de irracionalidad, el proceso se dio por terminado bajo la gestión de Porfirio Díaz, a principios del siglo XX. Hoy México saca el agua de un subsuelo poroso, que es el que soporta la urbanización que crece en forma explosiva. Y a medida que la quita, la ciudad va descendiendo, lo que se ve acelerado por el cambio climático. Una de las mayores ciudades del mundo en una trampa de la que no puede salir.

Hambre y desertificación en la Isla de Pascua.

Después de haber hecho la inmensa travesía del Pacífico desde la Polinesia, los pascuenses destruyeron sus bosques y quedaron atrapados en una isla que no podía alimentarlos y de la que no pudieron escapar por falta de madera para construir canoas. El cambio de las condiciones climáticas, la violencia entre clanes rivales, acentuada por el hambre, sólo empeoró las cosas. Tragedia de una sociedad que no pudo cuidar los recursos naturales que la sustentaban.

El creciente impacto ambiental de la actividad militar

A veces olvidamos que la peor forma de contaminación y de deterioro del medio ambiente es la guerra. A menudo se silencian sus efectos, en nombre de una política mal entendida. Por eso mis­mo, nos interesa destacar de qué modo y hasta dónde la actividad militar puede ser contaminante, tanto en la guerra declarada como en la preparación para la guerra. El primer efecto ambiental es el de usar -es decir, inutilizar- enormes superficies de terreno que podrían emplearse para otros fi­nes. Pero además, el armamento utilizado en el siglo XX generó profundos impactos ambientales, como puede verse en los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki y en el uso de plaguicidas como arma de uso masivo en la guerra de Vietnam.

Nueva Orleáns, arrasada por el huracán Katrina

En 2005, un huracán arrasó la ciudad norteamericana de Nueva Orleans. Fue un desastre anunciado, ya que los especialistas habían advertido que las defensas de la ciudad no resistirían un huracán. En la gestión de la emergencia se cometieron todos los errores posibles que multiplicaron a cantidad de víctimas. Se dejó la evacuación librada a la iniciativa individual, sin ningún apoyo estatal. No se atendió a los sectores vulnerables. La reconstrucción quedó en manos de la especulación inmobiliaria. Cuando un evento meteorológico afecta más a los pobres y a los negros, la explicación no surge de la meteorología sino de las ciencias sociales.

Amazonia, del infierno verde al desierto rojo.

Desde la utopía racista del Marqués de Pombal hasta los delirios de Henry Ford, la mayor parte de los proyectos de explotación de la Amazonia no tuvieron en cuenta sus procesos ecológicos e inventaron una fertilidad sin límites que no existía. Los indígenas habían creado ecosistemas artificiales de muy alta productividad, mientras que la sociedad contemporánea la arrasa para plantar cultivos efímeros o la inunda para producir energía.

Bhopal, una fábrica que estalla.

En 1984 se produjo una fuga de isocianato de metilo en una fábrica estadounidense de la Union Carbide en la India. Se trata de un compuesto de cianuro que provocó la muerte o la invalidez de miles de personas, en el mayor accidente químico de la historia. Bhopal es un caso emblemático, ya que mostró el tremendo costo económico y humano de ahorrar en los sistemas de prevención y seguridad.

Hombres empetrolados, impacto ambiental del extractivismo

La extracción de los recursos no renovables suele hacerse en sitios remotos, cuyas poblaciones afectadas suelen estar en condiciones de desamparo. Los derrames de petróleo, los accidentes diversos en la generación y transporte de hidrocarburos y los peligros de la fractura hidráulica, un método de extracción que ni siquiera declara los procedimientos que utiliza. El daño provocado por Shell en el Río de la Plata, en el mayor derrame de hidrocarburos sobre agua dulce de la historia es un ejemplo del modo en que trabajan esas empresas.

La gran minería con cianuro.

Las técnicas de extracción de minerales de baja ley, con empleo de grandes cantidades de explosivos y de soluciones cianuradas, representan un riesgo muy elevado para las comunidades afectadas. En los casos en que los residuos peligrosos se acumulan en un dique de colas, se trata de un pasivo ambiental que permanece peligroso en forma permanente. Al mismo tiempo, el cambio climático significa la reducción de las precipitaciones (y por ende, de la disponibilidad de agua) en las zonas áridas y semiáridas. Destinar enormes volúmenes de agua para la gran minería implicará restarlos de las poblaciones y los cultivos.

La sojización y la economía de los transgénicos

Se ha construido un modelo productivo que monopoliza la producción de semillas, la maquinaria agrícola, los plaguicidas y los mercados de comercialización. Este monocultivo maximiza la vulnerabilidad económica, ya que gran parte de la economía nacional depende de un producto agrícola cuyo precio no contribuye a formar. Existen importantes cambios territoriales, por la pérdida de diversidad biológica, la expulsión de población, el uso masivo de plaguicidas y los riesgos consiguientes para la salud pública y la contaminación de las fuentes de agua potable.

El accidente en la central nuclear de Fukushima, Japón.

En 2011 un terremoto y maremoto afectaron esta central atómica, ubicada en una zona costera. Se produjeron explosiones en los edificios que albergan los reactores nucleares, fallas en los sistemas de refrigeración, triple fusión del núcleo y liberación de radiación al exterior. A varios años del evento, el resultado de las técnicas de descontaminación es incierto. Nadie sabe cuánto costarán y ni siquiera si serán eficaces. El evento reactualiza la discusión sobre los márgenes de seguridad a adoptar en los proyectos y sobre la viabilidad en el largo plazo de la energía nuclear.

Un gran abrazo a todos.

Antonio Elio Brailovsky

Nota:

Si está interesado en adquirir el libro puede enviar un mensaje a los siguientes correos electrónicos:

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