La sierra de Mojotoro y el antiguo valle de Lerma

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♦ CUBIERTA VEGETAL

♦ Las Serranías del Este de la ciudad de Salta y la Sierra de Mojotoro en general están incluidas fitogeográficamente en el Distrito Chaqueño Serrano, de la Provincia Chaqueña y del dominio del mismo nombre. Los estudios del Ingeniero Lázaro Novara han determinado en el sector la existencia de diferentes comunidades vegetales, las que a continuación se describen.

El lapacho rosado, dueño de hermosas flores, le da nombre a una de las comunidades definidas por el botánico Lázaro Juan Novara. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez (20 – 05 – 2018)

♦ LA COMUNIDAD DEL LAPACHO

Por una parte se encuentra la Comunidad del Lapacho, Handroanthus impetiginosus (lapacho rosado), que, aunque no es la especie más numerosa en términos de cantidad de ejemplares, si constituye, en cambio la más llamativa por la belleza que adquiere su copa en el momento de la floración, hacia fines del mes de agosto y principios de septiembre.

Nace esta comunidad vegetal en los márgenes del río Mojotoro, cerca de Ciudad del Milagro y Castañares, y llega hasta el cerro San Bernardo – frente  al área centro de la ciudad – y las laderas que rodean la zona del Autódromo. En el contexto general de la representación de Chaco Serrano presente en el sector, esta es la porción con mayores índices de humedad, razón por la cual es posible observar en ciertos sitos la frecuente aparición de ejemplares propios del Distrito de las Selvas de Transición, como la tipa, Tipuana tipu, y el jacarandá, Jacaranda mimosifolia.

En ciertos sitos es frecuente la aparición de ejemplares propios del Distrito de las Selvas de Transición, como el jacarandá, Jacaranda mimosifolia. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

La vegetación arbórea más característica, que típicamente no supera aquí los 10 metros de altura, está compuesta, entre otros, por ejemplares de viraró, Ruprechtia laxiflora, y chañar, Geoffroea decorticans, que, aunque suele aparecer junto a ejemplares aislados, de  escaso desarrollo, de algarrobo blanco, Prosopis alba,  y algarrobo negro, Prosopis nigra, es más común en el fondo del valle, o lo que Novara denomina Comunidad del Algarrobo. Pueden encontrarse también algunos ejemplares, aislados y en laderas orientales, de quebracho blanco, Aspidosperma quebracho-blanco, y molle, Schinus areira, aunque en este caso se trataría de una planta adventicia, es decir, no propia de la localidad considerada, y que ha llegado hasta aquí de manera accidental o por alguna circunstancia fortuita.

Es interesante destacar el hecho de que algunos consideran que como el molle era árbol sagrado de los Incas – a cuyo extenso imperio representaría –, sería por esta razón por la que habría llegado hasta el actual noroeste argentino. De hecho, para cuando los españoles arribaron a estos territorios, el molle se encontraba ya difundido aunque su origen estaría localizado en Perú, desde donde los antiguos habitantes de América lo habrían ido llevando hacia diferentes puntos de sus vastos dominios, esparciéndolo a lo largo de sus amplias vías de comunicación.

El molle, Schinus areira, sería en el lugar una planta adventicia, es decir, no propia de la localidad considerada, y que ha llegado hasta aquí de manera accidental o por alguna circunstancia fortuita. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

En este ambiente se encuentran también ejemplares de cebil colorado, Anadenanthera colubrina, que al igual que horco cebil, Parapiptadenia excelsa, y el garabato, Piptadenia viridiflora, domina en ciertos lugares la vegetación arbórea, y en lugares húmedos prospera el coronillo, Xilosma pubescens. Durante lo más crudo del invierno, por otra parte, llama la atención  observar en algunos sitios hermosas flores de un intenso anaranjado que corresponden a lo que vulgarmente se designa como azafrán del cerro, y cuya denominación científica es Cnicothamnus lorentzii, una planta que adquiere la forma de un arbusto o arbolito perenne.

Flor de azafrán del cerro, Cnicothamnus lorentzii. Esta planta adquiere la forma de un arbusto o arbolito perenne. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

LA COMUNIDAD DEL QUEBRACHO

Otro sector está ocupado por la denominada Comunidad del Quebracho, Schinopsis lorentzii var. Marginata (horco quebracho o quebracho colorado de la sierra), caracterizado por la presencia de esta especie, y que se extiende a través de las serranías de la zona de La Pedrera y la Cuesta de las Pavas. Esta comunidad vegetal está también presente en lomadas pedemontanas de los cerros La Candelaria y La Florida, y en las proximidades del Parque Industrial, donde se registra un ambiente transicional con la Comunidad del Lapacho.

En virtud de los menores niveles de humedad que recibe, de la misma manera en que en la Comunidad del Lapacho aparecían, en los sectores más favorecidos en la lucha por retener agua, elementos que trasladaban al observador a regiones del Distrito de las Selvas de Transición de la Selva tucumano-boliviana, en esta comunidad aparecen en las áreas más húmedas escasos elementos más característicos de la Comunidad del Lapacho.

Cardón moro, Stetsonia coryne. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Favorecidos por la sequedad reinante se hacen presentes aquí sublimes ejemplares de cardón del valle, Trichocereus terscheckii. También se registran ejemplares de urundel amarillo, Loxopterygium grisebachii, con el que se encuentran  asociados el cardón del llano, Cereus forbesii y el cardón moro, Stetsonia coryne. Hay algarrobo negro, Prosopis nigra, y algarrobo blanco, Prosopis alba, algunos ejemplares de tala, Celtis tala, y mistol, Ziziphus mistol. A este elenco de especies se suma el yuchán, Ceiba chodatii, en pendientes considerablemente pronunciadas por encima de los 1300 m.s.n.m., el cebil colorado, Anadenanthera colubrina, entre los 1300 y los 1400 m.s.n.m. a veces en pequeños bosques casi puros, la tipa, Tipuana tipu, en partes con cierta humedad y protección, el albiche o sacha paraíso, Aralia Soratensis  y cochucho, Fagara coco, con ejemplares aislados o formando pequeñas isletas, que se esparcen por los filos de los cerros.

Fruto de cebil colorado, Anadenanthera colubrina. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

La complejidad que ofrece en términos generales el Chaco Serrano se manifiesta en estos ambientes en el hecho de que podemos encontrar en algunos casos, por ejemplo, a ejemplares de tipa blanca, Tipuana tipu, un árbol de los pisos basales de la selva, conviviendo con cardones del valle, Trichocereus terschekii.

ARBUSTOS, HIERBAS, ENREDADERAS Y EPÍFITAS

Las sociedades arbustivas y herbáceas se hallan en gran medida modificadas por el pastoreo al que ha sido sometido el ambiente, y puede encontrarse, sólo por citar alguna, la chinita del campo, Zinnia peruviana, planta con capítulos de sencilla pero atrayente belleza que forma en ciertas áreas los que podrían calificarse como cuidados jardines silvestres. En ciertos lugares secos aparecen cogote de suri, Cleistocactus smaragdiflorus, y cerraja u ortiga de piñones, Cnidoscolus vitifolius var. cnicodrendum. Se encuentran en este sector hemiparásitas, es decir, plantas que desarrollan un parasitismo parcial, como liga, Ligaria cuneifolia – también llamada flor de fósforo por su forma y coloración –  y Tripodanthus acutifolius, ambas de la familia Loranthaceae. Son comunes los claveles del aire, integrantes del género Tillandsia, el más diverso de la Familia Bromeliaceae, con vistosas flores rosas o amarillas. Son frecuentes aquí, por ejemplo, el ají quitucho, putaparió  o ají de la mala palabra, Capsicum chacoënse, y la fruta tinta o sangre de toro, Rivina humilis, de pequeños frutitos de intenso color rojo. Entre las enredaderas presentes en el sector se encuentran la hermosa tripa de fraile o caracolillo, Vigna caracalla, de muy vistosas flores blanco-liláceas, y la mariposa, Janusia guaranitica, enredadera perenne de flores amarillas bien llamativas en primavera.

La chinita del campo, Zinnia peruviana, es planta con capítulos de sencilla pero atrayente belleza, que forma en ciertas áreas los que podrían calificarse como cuidados jardines silvestres. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

ECOTONO ENTRE COMUNIDADES

Entre las dos áreas antes mencionadas se despliega un ecotono que hace las veces de puente entre las Comunidades del Lapacho y del Quebracho. Se trata de un área que se extiende aproximadamente desde el pie del cerro La Candelaria, al norte, hasta la zona de la Pedrera, al sur. En este sector se produce un cambio gradual de la vegetación según el observador se desplace en uno u otro sentido. Hacia el norte dominan los representantes típicos de la Comunidad del Lapacho, pero mientras se viaja más al sur comienzan a aparecer, los cardones del valle, Trichocereus terscheckii, mientras aumenta el número de ejemplares de horco quebracho, Schinopsis lorentzii var. marginata, y guayacán, Caesalpinia paraguariensis.

La tripa de fraile o caracolillo, Vigna caracalla, es una enredadera de muy vistosas flores blanco-liláceas. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

EL FONDO DE VALLE

Más abajo, los sectores llanos que constituyen el nordeste del valle de Lerma, están dominados por lo que L. Novara denomina Comunidad del Fondo del Valle o del Algarrobo, representada también en los microvalles que se despliegan entre los cerros. Aquí, las especies indígenas más frecuentes son indudablemente el algarrobo blanco, Prosopis alba, el chañar, Geoffraea decorticans, y el tala, Celtis tala, en el estrato arbóreo. También están presentes el molle pispita o molle de la sierra, Schinus fasciculatus, el chalchal, Allophylus edulis, y el lecherón, Sapium haematospermum. A propósito del Valle de Lerma, me decía Novara (comunicación personal, 2011) que lo que actualmente constituye el microcentro de la Ciudad de Salta y sus alrededores del ejido urbano, al pie del cerro, están emplazados  sobre lo que era un antiguo bosque de algarrobos antes de la llegada del europeo a América, y comenta que la prueba de ello está dada en la gran cantidad de estos árboles que prosperan en los patios actuales, ya que hay muchas manzanas de la ciudad que poseen al menos un algarrobo en uno de sus patios, ejemplares que, por otra parte y afortunadamente, la gente protege y respeta. Por su parte, Roberto Neumann sostenía (comunicación personal, 2012) que el valle de Lerma podría haber sido una sabana de altura o sabana serrana, para denominarla de alguna manera, que estaría conformada por una matriz de pastizal con árboles aislados o formando bosquetes. Ese ambiente de la Salta de hace miles de años habría estado habitado por una multitud de animales cuya presencia resultaría hoy, en semejante contexto, bastante extraña, como guanacos, ñandúes, pecaríes y corzuelas. En los bosteaderos de guanacos quedaban semillas escarificadas, es decir, con su cutícula o estructura externa debilitada como para favorecer la germinación, lo que constituiría uno de los elementos que ayudaba a conformar el paisaje antiguo.

 

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