La sierra de Mojotoro

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♦ PAISAJE Y VIDA

♦ Con alturas máximas que no superan los 2100 msnm la sierra de Mojotoro se sitúa al sur de la provincia de Jujuy y en el área centro-norte de la provincia de Salta, al oriente del valle de Lerma, y separando a éste, ubicado altitudinalmente en el orden de los 1200 msnm, del de Siancas, más al este y con 750 msnm. Conózcala un poco más en profundidad.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ 03 – 02 – 2017

♦ Desde el punto de vista biogeográfico, la Sierra de Mojotoro forma parte del Chaco Serrano, extensa área que, injustamente tal vez, ha perdido entidad propia en la definición de las ecorregiones argentinas, siendo asumida como parte integrante del Chaco Seco. Se trata, de hecho, de una región con características ecológicas definidas, que se extiende a lo largo y a lo ancho de las laderas de las primeras estribaciones montañosas, desde la porción este de la provincia de Jujuy hasta sectores serranos de las provincias de La Rioja, San Luis y Córdoba, alcanzando de manera aproximada los 33º de Latitud Sur.

Una inusual nevada cubre de blanco la sierra de Mojotoro y el valle de Lerma. Fotogría Elio Daniel Rodríguez

En virtud de la ubicación intermedia de este ambiente entre el Chaco Seco u Occidental  y la Selva tucumano-boliviana (o Yungas), en el noroeste argentino, el eminente botánico y fitogeógrafo Ángel Lulio Cabrera lo ha definido como un “complejo engranaje” y “amplio ecotono”.

Este ambiente se desarrolla hasta el límite de los 1800 msnm, y no se trata en lo más mínimo de una extensión monocorde sin diferenciaciones perceptibles; por el contrario, a lo largo de las amplias extensiones que cubre, el Chaco Serrano, si bien en términos generales puede definirse como un bosque de características marcadamente xerófilas, presenta variaciones que guardan relación con la latitud, la profundidad del suelo, la exposición al sol de las laderas y el uso que le da el hombre a sus recursos. De tal manera, prestando una mínima atención a las particularidades del paisaje, se aprecia que este ambiente puede manifestarse de muy diversas y llamativas maneras. Así, el hombre que recorre la región puede encontrarse, separados por pocos kilómetros, con sitios jalonados de cardones o con quebradas en las que se desarrolla una comunidad vegetal integrada por elementos  que muy fácilmente trasladan al observador a las áreas selváticas no muy lejanas, con árboles altos y frondosos, helechos, y epífitas colgando de las alturas.

En muchos sectores de la sierra de Mojotoro puede observarse la presencia de grandes cardones. Fotografía Elio Daniel Rodríguez

En el valle de Lerma la temperatura media anual se sitúa de manera aproximada en los 17 °C, con mínimas medias anuales de 11 °C, y apenas por debajo de los 24 °C de máxima media anual, aunque se registran jornadas con heladas de mayo a septiembre en las  que de manera  absolutamente  normal  la  temperatura  puede  bajar  hasta  los -4 °C o -5 °C y días agobiantes, en noviembre o diciembre, en los que el termómetro puede acercarse excepcionalmente casi hasta los 40 °C.

Las precipitaciones en el mismo sector presentan una marcada estacionalidad, produciéndose fundamentalmente en el verano, con promedios anuales de unos 690 mm, repartidos a lo largo del año de manera muy desigual, ya que para el mes de enero se registran promedios de unos 184 mm mientras que para junio sólo se alcanzan los 2,3 mm. No obstante, los niveles de precipitaciones también son muy variables de un lugar a otro, ya que los mismos se ven influenciados por la disposición del relieve, lo que de alguna manera ayuda a entender la complejidad biogeográfica manifiesta en el paisaje de la región.

Los episodios de caída de granizo no son infrecuentes sobre todo en el mes de diciembre, fenómeno climático que alcanza a veces intensidad importante pero cuyo alcance geográfico y duración son, por regla general, marcadamente reducidos.

Como ya se indicó, las precipitaciones están influenciadas de manera notoria por el relieve, presentando variaciones localizadas y originando con ello diferenciaciones en la cubierta vegetal. En términos generales, cuando las corrientes que recorren la llanura chaqueña, procedentes del Atlántico, son interceptadas por las primeras barreras andinas, se ven obligadas a ascender, expandiéndose por la menor presión atmosférica y enfriándose, tras lo cual se produce la condensación de la humedad que las masas de aire transportan, se forman las nubes y finalmente llueve. Estas masas de aire pueden, no obstante, sortear algunas estribaciones montañosas no demasiado elevadas, descargando en ellas sólo parte de la humedad que transportan, y continúan así su viaje  hacia el oeste, donde se encontrarán con elevaciones más importantes en las que perderán más humedad. Esto explica, por otra parte, las marcas pluviométricas que se presentan en lugares como la Quebrada de San Lorenzo, por ejemplo, donde las precipitaciones superan la barrera de los 1300 mm anuales.

Un brasita de fuego, Coryphospingus cucullatus, en la sierra de Mojotoro. Fotografía Elio Daniel Rodríguez

Los vientos no tienen demasiada incidencia, pero pueden ser considerables en los filos de los cerros. Mención especial merece el denominado viento Zonda, que produce un brusco descenso de la humedad relativa y un acentuado aumento de la temperatura.

Bibliografía:

  • Rodríguez, Elio Daniel. 2012. Aves del cerro San Bernardo y de las serranías del este de la ciudad de Salta. Fondo Editorial. Salta.

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