La tucura rayada

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♦ ACERCA DE COMER TÓXICOS PARA PROTEGERSE Y OTRAS MARAVILLAS

♦ La tucura rayada es un elegante ortóptero que presenta muy notorias diferencias entre los individuos de estadios ninfales y los especímenes adultos. Una de las más llamativas características de estos insectos está dada en su alimentación, compuesta por plantas que para otros animales son sumamente tóxicas, y a las que las tucuras rayadas transformen, en cambio, en una ventaja en la lucha por la supervivencia.

 

Las ninfas de Chromacris speciosa son muy distintas a los adultos. Su coloración predominante es negra, con llamativas. manchas rojas y blancas. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez y Claudio Juan Bidau

♦ (07 – 04 – 2018)

♦ La tucura rayada, también llamada “tucura soldado” o “tucura del palque”, y cuya denominación científica es Chromacris speciosa, es un bonito ortóptero de coloración predominantemente verde, con rayas y manchas amarillas y tegminas de aspecto pardo. Debido justamente a sus características cromáticas es una de las especies de insectos que podrían calificarse como más “carismáticas” de las que comúnmente pueden verse en terrenos arbustivos, zonas herbáceas, y bordes de caminos.

Roberts y Carbonell (1982) indican su presencia para Sudamérica, desde Colombia hasta Argentina, en tanto Orthoptera Species File (OSF) amplía su distribución a México. Sin embargo, estos registros tal vez correspondan a una especie muy relacionada y sumamente parecida morfológicamente, C. miles. En Argentina, C. speciosa se distribuye desde el norte del país hasta las provincias de Mendoza, La Pampa y Buenos Aires.

La aparición de los ejemplares de la especie es estacional siendo en nuestra región, una especie univoltinac, por lo que en determinadas épocas del año no pueden observarse como representantes de la fauna local. Al menos en el noroeste argentino son especialmente visibles, tanto en su forma adulta como en sus formas ninfales de diferentes estadios desde el mes de enero al mes de marzo, inclusive.

Ninfa de tucura rayada, Chromacris speciosa. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Liebermann (1935) sostiene que se trata de acridoideos de hábitos solitarios, pero que tienden a agruparse durante su fase ninfal, conformando grupos que suelen encontrarse sobre una sola planta, y dispersándose en parejas al llegar al estado adulto aunque esta última afirmación precisaría de nuevas y cuidadosas observaciones que la avalen. Pero más allá de las existencias solitarias en que puedan ser hallados los adultos, muy comúnmente también se encuentran ninfas de diferentes estadios junto a adultos en las mismas plantas o en sitios bien acotados.

Cuando advierten la cercanía de una real o potencial amenaza, las ninfas comienzan a dar saltos cortos, alejándose de ella, y los adultos pueden emprender vuelos de corta duración hasta sitios cercanos –momento en que son visibles los tonos rojizo-anaranjados de las alas posteriores.  Nuevamente Liebermann (1935) cuenta que “las aves los devoran en grandes cantidades, haciendo imposible su excesiva multiplicación”, y explica esta circunstancie en el hecho de que su brillante coloración “los hace muy visibles para las aves”. En realidad, habría que preguntarse si de verdad en un tupido matorral o entre las altas hierbas en las que viven estos animales, su coloración verde y amarilla es tan delatora de su presencia, y esto a contramano de lo que evidentemente sucede con las ninfas, que efectivamente se destacan por el conspicuo color negro que en mayor medida las viste.

Este ejemplar de tucura rayada acaba de abandonar su último estadio de ninfa para convertirse en ejemplar adulto. Nótese el color que poseen las alas en este momento y que se modificará con el paso del tiempo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

El macho es de talla menor que la hembra. Los primeros pueden ubicarse entre los 19 a 29 mm y la hembra entre los 35 y los 49 mm (Dughetti 2015). El color predominante en los individuos adultos es el verde, que se presenta algo claro y tendiendo hacia oliva. Se notan bandas y manchas amarillas y las tegminas, que sobrepasan al abdomen en extensión, son pardas. Por la observación de ejemplares adultos en la zona del valle de Lerma puede concluirse que las alas de los individuos de la especie de la región presentan un diseño que incluye áreas de una tonalidad anaranjado-rojiza y áreas negras, distribuidas de la siguiente manera: una mancha grande anaranjado-rojiza se extiende sobre la región próxima al cuerpo del insecto y hay dos manchas menores en el área apical; el resto es negro. Cuando el ejemplar está realizando la muda hacia el estadio adulto, las jóvenes alas presentan una coloración muy distinta, apareciendo las futuras áreas negras de una tonalidad amarillenta y las que después serán zonas anaranjado-rojizas, de un color anaranjado claro.

A propósito de esta cuestión Burtt y Uvarov (1944) hablan de los cambios en la pigmentación del ala durante la vida adulta de miembros de la familia Acrididae (C. speciosa corresponde a la familia Romaleidaea, pero estas observaciones pueden ser extensivas a todos los acridoideos)  y concluyen que “la pigmentación de un acrídido adulto puede estar sujeta a cambios considerables, lo que sugiere la continuación de los procesos metabólicos y de la circulación incluso en la epidermis y en las alas completamente endurecidas”, y sostienen además que “se debe tener mucho cuidado al considerar las diferencias de color y patrón en Acrididae como caracteres taxonómicos, ya que solo algunos de ellos pueden atribuirse a causas genéticas mientras que algunos representan respuestas al ambiente de la fase ninfal y otros se deben a procesos metabólicos en el adulto”.

Detalle de las alas posteriores en un ejemplar adulto. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Roberts y Carbonell (1982) indican que es “práctico tratar a C. speciosa, al menos por el momento, como una especie altamente variable”, pero Lieberman (1935) sostiene que “al revisar la colección del Museo Argentino de Ciencias Naturales, donde hay Chromacris de diversas provincias, no ha visto “grandes variaciones”, lo que indicaría que en esta parte de su distribución los ejemplares de la especie presentan caracteres morfológicos y cromáticos bastante uniformes.

Las ninfas de Chromacris speciosa son muy distintas a los adultos. Su coloración predominante es negra, con llamativas manchas rojas y blancas. Manifiestan una conducta fuertemente gregaria, y puede vérselas muy juntas en las plantas de las que se nutren, especialmente solanáceas. Su coloración negra brillante y contrastante sumada a su gregarismo, ha sido interpretada como un caso de aposematismob. Este fenómeno adaptativo, está muy extendido en ciertos grupos animales como los insectos y los anuros (Poulton, 1890; Cott, 1940; Ruxton et al., 2004) y también en plantas (Lev-Yadun, 2009). El aposematismo (o coloración de advertencia, según Wallace, 1879) es un conjunto de adaptaciones anti-predación en que una señal de alerta está relacionada con la no palatabilidad o toxicidad para un predador potencial (Joron, 2009). Turk y Barrera (1976) reportaron que C. speciosa se alimenta de por lo menos seis especies de Solanaceae conocidas por producir compuestos tóxicos para la mayoría de los herbívoros. Tucuras como las del género Chromacris y otros romaleidos probablemente acumulen dichos tóxicos, a los que son inmunes, durante el desarrollo ninfal, haciéndose no palatables para los predadores (Nasrecki, 2006). Una situación similar ocurre en otro romaleido, Taeniopoda eques (Whitman et al., 1985).

Retrato de Carl Peter Thunberg, quien describió por primera vez a Chromacris speciosa en 1824.

A propósito, el nombre vulgar de “tucura del palque” hace referencia a la planta de la familia de las solanáceas Cestrum parquid, a la que comúnmente se le dan nombres como el de “duraznillo”, “duraznillo negro”, “hediondilla”, “mata caballos” y “palque” (Novara, 2001). Se trata en este caso de una planta altamente tóxica, de fuerte impacto en la mayor parte de la región ganadera nacional y que extiende su presencia desde la provincia de Jujuy hasta el río Colorado, justamente los mismos límites norte y sur que en el país tiene Chromacris speciosa.

C. speciosa convive en sus dominios con otra especie decididamente “vistosa” de ortóptero de la misma familia y tribu, como lo es Zoniopoda tarsata, pero una observación medianamente detenida de los ejemplares adultos da cuenta de marcadas diferencias de coloración, mientras que las ninfas de ambas especies son notoriamente distintas e imposibles de confundir. Es curioso señalar en este sentido que el gran naturalista y ornitólogo William Henry Hudson en su libro “El naturalista en el Plata” (1895), confunde a Chromacris speciosa con Zoniopoda tarsata, como lo hizo notar Bidau (2012), pero con una observación al menos pasajera de un individuo escapando de nuestra curiosidad podemos distinguir fácilmente a Chromacris speciosa de Zoniopoda tarsata, por cuanto las alas posteriores de la primera muestran el aspecto anaranjado-rojizo que ya se señaló mientras que las alas posteriores de la segunda se ven celestes, siendo en ambos casos solamente visibles en vuelo estas características. Si quiere observárselas mejor, habrá que prestar atención al lugar en el que finalmente tomaron contacto con la vegetación después de su vuelo de evasión, porque se trata de animales tímidos, que inmediatamente se ocultan de las miradas indiscretas situándose en las hojas del lado opuesto al del circunstancial observador.

Ilustración de Chromacris speciosa, que acompañó a la publicación de la descripción original de la especie.

En lo referente a su ubicación taxonómica, la especie integra la tribu Romaleini, de la subfamilia Romaleinae, familia Romaleidae, superfamilia Acridoidea. Como integrantes del género se reconocen actualmente nueve especies, a saber: C. colorata (Serville, 1838), C. icterus (Pictet & Saussure, 1887), C. miles (Drury, 1770), C. minuta (Roberts & Carbonell, 1982), C. nuptialis (Gerstaecker, 1873), C. peruviana (Pictet & Saussure, 1887), C. psittacus (Gerstaecker, 1873), C. trogon (Gerstaecker, 1873) y la protagonista de este escrito: C. speciosa (Thunberg, 1824).

Bibliografía:

  • Bidau, Claudio J. 2012. Curioous orthopterological errors of a great naturalist: William Henry Hudson. Journal of Orthoptera Research 21(2): 255-260.

  • Burtt, E. D. & Uvarov, B. P. 1944. Changes in wing pigmentation during the adult life of Acrididae (Orthoptera). Proceedings of the Royal Entomological Society of London (A) 19: 7-8.

  • Hudson WH. 1997. El naturalista en el Plata. El elefante Blanco. Buenos Aires.

  • Dughetti, Arturo Carlos. 2015. Plagas de la quinua y sus enemigos naturales en el valle interior del río Colorado, Buenos Aires, Argentina. EEA Hilario Ascasubi, Centro Regional Buenos Aires Sur.  INTA. https://inta.gob.ar/sites/default/files/script-tmp-inta-manual-plagas-de-la-quinua-y-sus-enemigos-natura.pdf

  • Joron M (2009) Aposematic coloration. In: Encyclopedia of Insects (Resh VH, Cardé RT, ed.). 2nd Edit. San Diego, Academic Press, pp. 33–38.

  • Lev-Yadun S (2009) Aposematic (warning) coloration in plants. In: Plant-Environment Interactions: From Sensory Plant Biology to Active Plant Behavior  (Baluška F, ed.). Berlin-Heidelberg, Springer Verlag. pp. 161-202.

  • Lieberman, J. 1935. El género Chromacris en la Argentina y la importancia del estudio de los acridios solitarios. Revista chilena de Historia Natural.

  • Naskrecki P (2006). Orthoptera (Grasshoppers, Crickets and Katydids). In: Grzimek’s Animal Life Encyclopedia. Vol. 3. Insects (Grzimek B, Kleiman DG, Geist V, McDade MG, eds.). Detroit, Thomson-Gale. pp. 201-216.

  • Novara, LJ (2001) Los nombres de las plantas científicos y vulgares del noroeste argentino. (Obra inédita) Universidad Nacional de Salta.

  • Poulton EB (1890) The Colours of Animals: Their Meaning and Use Especially Considered in the Case of Insects. London, Kegan Paul, Trench & Trübner.

  • Roberts, HR & Carbonell, CS (1982) A revisión of the grasshopper genera Chromacris and Xestotrachelus (Orthoptera, Romaleidae, Romaleinae). Proceedings of the California Academy of Sciences 43(4): 43-58.

  • Ruxton GD, Sherratt TN, Speed MP (2004). Avoiding Attack: The Evolutionary Ecology of Crypsis, Warning Signals and Mimicry. Oxford, Oxford University Press.

  • Cott H (1940). Adaptive Coloration in Animals. Oxford, Oxford University Press.

  • Wallace AR (1879). The protective colours of animals. In: Science for All (R. Brown, editor), Vol. 2, London, Cassell, Petter & Galpin. pp. 128–137.

  • Turk SZ, Barrera M (1976) Acridios del NOA .I. Estudios biológicos, morfométricos y aspectos ecológicos de Chromacris speciosa (Thunberg) (Acrididae, Romaleinae). Acta Zoológica Lilloana 32: 121–146.

  • Whitman DW, Blum MS, Jones CG (1985). Chemical defense in Taeniopoda eques (Orthoptera: Acrididae): Role of the metathoracic secretion. Annals of the Entomological Society of America 78(4): 451–455.

Notas:

a. Romaleidae: esta familia de saltamontes (tucuras) comprendida en la superfamilia Acridoidea incluye casi 500 especies en dos subfamilias, Romaleinae y Bactrophorinae (Bidau, 2014). Estos organismos son moderadamente a muy grandes según los estándares del orden Orthoptera, incluyendo géneros como Tropidacris y Titanacris con las especies más grandes del suborden Caelifera (La tucura quebrachera: Rodríguez E. D. y Bidau C. J. Noroeste Salvaje. https://noroestesalvaje.com.ar/la-tucura-quebrachera/) Suelen ser especies muy coloridas. La familia es de origen sudamericano,   donde habita la mayoría de sus especies y cuenta con representantes en Centro América y el sur de América del Norte. Ocupan muchos ambientes diferentes, desde desiertos a selvas lluviosas tropicales. Algunas especies que viven sobre el suelo semejan piedras; otras prefieren arbustos e inclusive, copas de árboles. Varias especies son capaces de producir un sonido sibilante cuando son molestadas, y aún generar burbujas a partir de sus espiráculos (sitios de intercambio gaseoso con el ambiente). Muy pocas especies de esta familia están asociadas a gramíneas como es el caso de otros acridoideos. Rara vez se los puede considerar plagas de la agricultura, pero en ciertas situaciones climáticas especies de Tropidacris y Titanacris pueden actuar como serios defoliantes de árboles cultivados.  Un caso curioso es el del romaleido de América del Norte Brachystola magna, de gran tamaño: en el sudoeste de Estados Unidos a veces se convierte en un riesgo pues al ser aplastadas por los automovilistas, sus restos causan derrapes de los automóviles que han producido graves accidentes.

b. Aposematismo: el término que reemplazó al original “coloración de advertencia” o “warning coloration (Wallace, 1879), fue acuñado por Sir Edward Bagnall Poulton (1890). Proviene del griego ἀπό (apo) que significa “fuera” o “hacia afuera” y σῆμα (sema) “signo” o “señal.

c. Voltinismo: es un término usado en biología para indicar el número de generaciones por año de un determinado organismo. El término es especialmente aplicado a los insectos. De acuerdo al número de generaciones anuales, las especies se clasifican en: (i) univoltinas si producen solo una generación anual; (ii) bivoltinas, dos generaciones anuales; (iii) multivoltinas con tres o más generaciones anuales; y (iv): semivoltinas cuando su tiempo de generación es superior a un año. La mayoría de los acridoideos de zonas templadas y frías, son univoltinos siendo éste el caso de Chromacris speciosa en nuestro país.

d. Cestrum parqui: la planta contiene alcaloides denominados parquina y cestrina así como  el glucósido parquinosidol (todos hepatotóxicos); en la corteza contiene solanina (inhibidor de la acetilcolinesterasa con efectos colinégicos) y digitogenina (intoxicación digitálica); en los frutos se encuentran diversas saponinas (inhibidores de la absorción de esteroles) y en las hojas, esteroides apogeninas (saponinas esteroidales),  los cuáles varían en concentración a lo largo del año.

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