La vida de los cactus

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♦ SOFISTICADOS ALFILETEROS VEGETALES

♦ Mucha gente piensa que las cactáceas son plantas capaces de crecer en cualquier parte, de resistir cualquier condición climática, edáfica, topográfica o ecológica; que no necesitan ni agua ni nutrientes, y que sin ellos de igual modo logran cumplir con su desarrollo; suponen que lo resisten todo, que son verdaderas “carne de perro”1 entre los vegetales. Y no hay nada más alejado de la verdad.

Cardón moro, Stetsonia coryne, en flor en proximidades del río Juramento, Salta. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Lázaro Juan Novara

(Ingeniero Agrónomo y profesor retirado de la Universidad Nacional de Salta)

♦ 13-09-2018

♦ Como los cactus son vegetales altamente adaptados para sobrevivir en ambientes inhóspitos, muchos confunden la especialización con resistencia para la supervivencia, cosa que en los seres vivos nunca ocurre. Se sobrevive dentro de un rango de tolerancia dado por la especialización del individuo. Y esa franja es tan reducida en los cactus como en cualquier otro vegetal; cuando se traspone ese umbral, la muerte es segura e inexorable.

La mayoría habita en lugares semidesérticos, pero en condiciones ecológicas muy particulares, propias de cada especie de que se trate. Hay algunas que son endémicas de lugares muy puntuales. Pueden hallarse solamente en la ladera de un cerro, entre cotas muy bien delimitadas, con exposición o pendiente hacia un punto cardinal muy preciso, o en condiciones topográficas y edáficas muy particulares.

Cardón creciendo muy próximo a una tipa blanca. Fotografía: Gentileza Lázaro Juan Novara.

En el caso del “cardón de la Puna”, es muy frecuente asociar la existencia de “cardonales” a la de “antigales”2, o sitios en los que se emplazaban antiguos asentamientos humanos. Suelen encontrarse densos bosques de cardones sobre una ladera en la que existen signos de ocupación y no existir ni un solo individuo a pocos metros de distancia. Esta particularidad se explica por dos causas: el cardón actuaría allí como especie antropófila, es decir, que se desarrolla en ambientes peridomésticos, sobre todo próxima a antiguos basurales. En tales sitios, la acumulación de materia orgánica, proveniente de residuos, incrementa el contenido de nitrógeno del suelo, mejorando así las posibilidades de éxito en el desarrollo de los cardones.

Cardón de la sierra, Trichocereus terscheckii, creciendo en un algarrobo. Valle de Lerma, Salta. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Por otra parte, en los lugares de Monte, Prepuna3 y Puna, donde se hallan estas plantas, los antiguos indígenas del lugar consumían los frutos de esta especie como alimento básico de su dieta. Por tal motivo, la concentración de semillas en esos basurales era muy alta, lo que también explica la formación de estos bosques. No obstante, debe tenerse en cuenta que no se trata de una regla absoluta; la presencia o ausencia de ambos no es excluyente: pueden existir cardonales donde no hubo asentamientos humanos y, por el contrario, pueden existir asentamientos sin encontrarse cardones.

No todos los cactus habitan en climas áridos. Los que conocen los bosques húmedos de las Yungas4, en Salta, como los de San Lorenzo, Lesser, Yacones, camino de cornisa a Jujuy, etc., saben bien de las especies epífitas de Rhipsalis, que crecen colgantes, adheridas a la corteza del “laurel de la falda”, del “ceibo salteño”, y otros árboles comunes de esas zonas. Las más frecuentes son R. tucumanensis y R. lorentziana, de tallos aplanados.  En este caso el ambiente es muy húmedo, pero las condiciones de oportunidad y oferta de agua del sustrato al que se adhieren estas plantas es muy limitado. En otras palabras, el cactus dispone de agua suficiente para absorber justo en el momento en que está lloviendo o muy poco tiempo después.  Cuando la corteza del árbol se orea, el cactus sufre de sequía.

Existen consociaciones de cactus a veces muy difíciles de interpretar. Hay casos en que el fenómeno se produce a la inversa de como acabamos de explicar. La “tipa blanca” es un árbol que crece silvestre en lugares bajos de bosques húmedos, con precipitaciones superiores a los 700 mm.  En los alrededores de Salta, en quebradas húmedas con clima seco de los cerros del Parque Industrial y de La Pedrera, la “tipa” cohabita y es codominante con el “cardón de la sierra”, especie que prolifera cuando las lluvias son inferiores  a los 400 mm. ¿Cómo pueden convivir dos especies con requerimientos tan dispares? Una posible interpretación de este aparente contrasentido es que la “tipa” se desarrolla por la existencia de microambientes húmedos de quebradas, comportándose allí como elemento relictual. Pero esa quebrada es húmeda por razones particulares del lugar: protección topográfica a los vientos, exposición, insolación, pendiente, etc. En realidad, en la zona llueven solamente entre 400 y 500 mm y, por lo tanto, el lugar admite climáticamente la existencia de “cardones”, no obstante el elevado tenor de humedad en el suelo.

Para terminar esta breve reseña sobre los cactus y su peculiar adaptación al medio en el que prosperan, en ningún caso existen cactus palustres, de lugares pantanosos, ni mucho menos acuáticos. Todos están relacionados de alguna manera con la falta de agua en su medio ambiente.

Pfeiffera ianthothele. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Notas

1Expresión usada para indicar que algo es particularmente resistente.

2Yacimiento arqueológico con ruinas de edificaciones indígenas o cementerios.

3Provincia fitogeográfica presente en laderas y quebradas secas de las montañas del noroeste de Argentina, desde Jujuy y Salta hasta La Rioja.

4La denominación Yungas, empleada en este artículo, generalmente es reemplazada en este sitio web por la de “Selva Tucumano-Boliviana”, pero en este caso se decidió respetar el criterio del autor.

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