Legado de un sabio

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♦ JARDÍN BOTÁNICO MIGUEL LILLO

♦ En San Miguel de Tucumán existe un fragmento de selva que es parte del legado de un hombre; un sabio que dedicó al estudio de la naturaleza prácticamente su vida entera. Fue el doctor Miguel Lillo y en el jardín botánico que lleva su nombre  se conserva una muestra de las selvas del noroeste argentino.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

Busto de Miguel Lillo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez

♦ A corta distancia del centro de la ciudad de San Miguel de Tucumán, se ubica el Jardín Botánico de la Fundación Miguel Lillo; un área que ocupa unos 5.000 metros cuadrados aproximadamente y que constituye una muestra de lo que se conoce como “Selva Tucumano-Boliviana” o “Yungas”, según la moderna clasificación de las ecorregiones del país. En el lugar es posible encontrar no solamente sosiego y contacto con un fragmento de naturaleza, sino también ejemplares de árboles y arbustos de cerca de 80 especies característicos de la flora del noroeste argentino y de otros sitios del planeta.

En el Jardín Botánico Miguel Lillo se desarrollan numerosos ejemplares de especies autóctonas propias de las selvas del noroeste argentino. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez

En este lugar vivió el Doctor Miguel Lillo (1862 – 1931), y es aquí donde dedicaba largas y pacientes horas al estudio de la naturaleza, y donde plantaba ejemplares de la flora de su tierra y de otras lejanas. Cuando expiró, la muerte no pudo llevarse todo y de él quedó un legado valiosísimo, repleto de conocimientos, ricas colecciones y este jardín silvestre cargado de vegetación natural de la selva tucumana. Hoy, el sitio tiene como objetivos la preservación, la educación y la concientización sobre la necesidad del cuidado del medio ambiente y del respeto por la biodiversidad.

Desde el año 1998 este espacio dedicado  a la educación y a la preservación integra la “Red Argentina de Jardines Botánicos”, que incluye a los jardines científicos más importantes del país.

Tumba de Miguel Lillo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez

Recorriéndolo, pueden verse ejemplares arbóreos centenarios y quedar extasiado el visitante ante el verdor de una selva que en gran medida, en muchos lugares, sufre serias amenazas, pero también puede utilizarse la permanencia en este lugar tan especial para sentarse a la sombra de la vegetación y pensar, reflexionar sobre las cosas del mundo y de la vida, o simplemente escuchar el canto de los pájaros una mañana de primavera.

Allí mismo, en el Jardín Botánico, se encuentra la tumba de Miguel Lillo, este notable autodidacta que dedicó gran parte de su vida al conocimiento de la naturaleza de esta parte de Argentina, y, a ambos lados, dos notables esculturas, “la flora” y “la fauna”, realizadas en piedra por Lorenzo Domínguez, con las que el autor quiso representar las áreas del conocimiento a las que el sabio le dedicó su existencia. Y para deleite de los más chicos hay además, esparcidas por el jardín, una colección muy interesante de piezas escultóricas de la fauna prehistórica que habitó la actual provincia de San Juan en el periodo Triásico.

Restos del antiguo solar de la familia Lillo que se conservan en el Jardín Botánico Miguel Lillo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez

Fuentes consultadas:

-Fundación Miguel Lillo. Jardín Botánico. http://lillo.org.ar/?q=node/77

-Fundación Miguel Lillo. Miguel Lillo. http://lillo.org.ar/?q=node/76

-Un rincón de selva crece en el corazón de la ciudad. La Gaceta / 4 de julio de 2014. http://www.lagaceta.com.ar/nota/597866/sociedad/rincon-selva-crece-corazon-ciudad.html

 

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