Limpiadores por naturaleza

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LOS CATÁRTIDOS

Por Elio Daniel Rodríguez

20 – 01 – 2019

Jote real, Sarcoramphus papa. Fotografía: Gentileza de Tore Hoy.

Los catártidos, llamados “buitres del Nuevo Mundo”, cumplen un rol muy importante en los ecosistemas al limpiarlos de los restos de los animales muertos, que consumen con avidez. La familia está representada por siete especies pertenecientes a cinco géneros. Estas son el cóndor andino (Vultur gryphus), el cóndor de California (Gymnogyps californianus), el jote real (Sarcoramphus papa), el jote cabeza negra (Coragyps atratus), el jote cabeza roja (Cathartes aura), el jote cabeza amarilla mayor (Cathartes melambrotus) y el jote cabeza amarilla menor (Cathartes burrovianus).  La distribución de estas aves es exclusivamente americana, y, con sus diferentes especies, están presentes desde el sur de Canadá hasta Tierra del Fuego y las Islas Malvinas.

Aunque son muy semejantes a los “buitres del Viejo Mundo” -que habitan Europa, África y Asia- en aspecto y comportamiento, no están relacionados con ellos, y las características comunes que pueden observarse son el resultado de un proceso de “evolución convergente”; esto quiere decir que ambos grupos desarrollaron características similares de manera independiente, creando estructuras análogas que tienen una función y una forma parecidas pero con las que no contaba el último ancestro común que comparten. No obstante, también es conveniente indicar que la separación geográfica de las especies del Nuevo y el Viejo Mundo es de alguna manera engañosa, ya que el registro fósil indica que hubo aves con las características de los “buitres del Nuevo Mundo” que vivían en el “Viejo Mundo”, y también a la inversa.

Cóndor andino, Vultur gryphus, hembra, en vuelo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Son, en términos generales, eximios planeadores, que se elevan aprovechando de una manera asombrosa las corrientes térmicas ascendentes y que cubren en sus desplazamientos amplísimos territorios, realizando un gasto energético mínimo, ya que baten sus alas, en ciertos casos, sólo al iniciar sus vuelos o, ya en vuelo, relativamente pocas veces, para ganar altura o sustentarse en el aire. La eficiencia en términos de gasto energético del tipo de vuelo de los catártidos les permite largos periplos en busca de alimento. El cóndor andino, por ejemplo, es un ave que tiene amplios requerimientos territoriales y se ha informado de un ejemplar  que realizó desplazamientos de casi 200 km. lineales en un solo día. Para cumplir adecuadamente con sus objetivos, las alas de los catártidos son grandes y anchas y las aves tienen una capacidad notable para reconocer las corrientes de aire en las que han de poder “montarse” para ganar altura. No obstante, hay diferencias entre las distintas especies.

Los cóndores, por ejemplo, integrantes de los géneros Vultur (cóndor andino) y Gymnogyps (cóndor de California), están dotados de particulares habilidades para el planeo y una vez que lograron elevarse mueven las alas mínimamente. En tierra se muestran algo torpes y a menudo deben batir aparatosamente sus alas para el despegue. Habiendo observado personalmente el vuelo de una considerable cantidad de cóndores andinos puedo decir que sorprende la estabilidad que presenta su planeo, asemejándose el animal a un cuerpo inanimado que surca el aire con sobrada maestría. Sarcoramphus (jote real) es bastante más difícil de observar, y cuando lo he visto volar, lo hacía batiendo las alas apenas sobre el dosel arbóreo, tras lo cual, tímido como es, desapareció rápidamente de mi vista descendiendo rápidamente entre la espesura. El vuelo de Coragyps (jote cabeza negra) consiste básicamente en una alternancia de rápidas batidas de las alas con extensos planeos, y sobre  Cathartes (jote cabeza roja, jote cabeza amarilla menor y jote cabeza amarilla mayor) puede decirse que su tipo de vuelo y utilización de las alas ocupa una posición intermedia: agita sus alas más que el cóndor pero menos que el jote cabeza negra. En cierta ocasión observé que jotes cabeza roja realizaban las que podrían definirse como acrobacias aéreas apenas por encima del dosel arbóreo y hasta por debajo de la altura de las ramas de los árboles en un lugar de abruptas laderas montañosas entre el Parque Nacional Calilegua y la localidad de San Francisco, en Jujuy.   Por lo que indica Stager (1964), esto puede tener relación con la prospección de señales olfativas, ya que describió que “con frecuencia se observa que [Cathartes] se desplaza velozmente por debajo del nivel de la copa de un árbol a través de la vegetación, y que luego se inclina fuertemente para volver a su curso, aparentemente para reforzar una señal olfativa o visual. Si pierde la velocidad del aire cerca del suelo, recurrirá al aleteo de las alas hasta que se recupere la velocidad”.

Un jote cabeza roja, Cathartes aura, vuela a baja altura tratando de percibir la fuente de algún aroma que le delate la ubicación de alimento. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Su pico está diseñado para desprender la carne, y es fuerte y terminado en gancho; las fosas nasales no tienen separación interna; las patas son cortas y gruesas, con garras no prensiles; en la coloración de casi todas las especies predomina el negro; no cuentan con siringe, de modo que no pueden más que emitir resoplidos; la cabeza y el cuello están desnudos, para que allí no pueda acumularse la sangre al escarbar entre los restos sin vida y para que las bacterias infecciosas de los cuerpos putrefactos queden expuestas, dispersas en la piel carente de plumas, a los saludables y purificadores rayos del sol. Sin embargo, tal vez una razón tan importante como la de mantener el plumaje moderadamente lejos del contacto directo con los cuerpos en descomposición, que ayude a explicar la carencia de plumaje en las áreas señaladas, sea la relacionada con las necesidades de termorregulación (Houston, 1994). Se argumentó que, como los catártidos suelen elevarse a alturas considerables, donde las temperaturas descienden drásticamente,  el plumaje debe estar preparado para que el cuerpo del ave no se enfríe demasiado; no obstante, al mismo tiempo los animales necesitarán deshacerse del exceso de calor rápidamente una vez posadas en tierra, pues en el transcurso de pocos minutos podrán haber pasado del frio de las alturas a temperaturas acogedores a nivel del suelo, cuando encuentran alimento. Las áreas desnudas presentan gran cantidad de vasos sanguíneos que las aves utilizan para irradiar el exceso de calor y algunas, como el cóndor andino y el jote real, tienen pliegues que presumiblemente les sirvan para ampliar la superficie de irradiación. (Houston, op. cit.).

Están sobradamente capacitados para detectar la presencia de carroña en sus dominios, unas veces con un desarrollado sentido de la visión, y otras, en el caso de las aves del género Cathartes, haciendo uso de un olfato extraordinario capaz de seguir el rastro oloroso de la carne en descomposición aunque ésta se halle oculta bajo la densa vegetación de los bosques y las selvas.

Esto resulta algo verdaderamente llamativo, porque un sentido del olfato altamente desarrollado es algo inusual entre las aves. Durante mucho tiempo hubo desacuerdos entre los naturalistas a propósito de la forma en que los buitres encontraban su comida y el rol que, en este sentido, cumplía el olfato.

El jote cabeza roja, Cathartes aura, es dueño de capacidades olfativas muy desarrolladas, capaces de seguir el rastro oloroso de la carne en descomposición aún cuando esta se halle oculta a la vista. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

John James Audubon estaba convencido de que no se guiaban en sus búsquedas por el olfato y así lo argumentó en una exposición que realizó ante la Sociedad de Historia Natural de Edinburgo, en 1826. Sin embargo, la discusión siguió, principalmente de la mano de observaciones y experimentos ocasionales, hasta que Kenneth E. Stager (1964) presentó su trabajo, titulado  “The rol of olfaction in food location by the turkey vulture (Cathartes aura)”, en el que ofrecía resultados de pruebas cuidadosamente controladas que se efectuaron principalmente con el jote cabeza roja, y donde presentó evidencia concreta que demostraba que esta especie “posee y utiliza un mecanismo olfativo de localización de alimentos bien desarrollado”.  

Es natural que muchas personas no se hagan demasiadas preguntas cuando ven a un buitre alimentándose de carroña, pero si se indaga al menos un poco en la cuestión, las cosas resultan sorprendentes. Después de que un animal muere, se inicia el irremediable proceso de descomposición y una miríada de microorganismos comienzan a producir toxinas  que convierten rápidamente al animal muerto en un alimento peligroso para la mayoría de los animales que podrían alimentarse de él. Este riesgo, sin embargo, evidentemente no es tal para los buitres, a los que la naturaleza dotó extraordinariamente para consumir carroña sin demostrar efectos negativos visibles en su salud.

Jote cabeza negra, Coragyps atratus. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Análisis efectuados en 50 aves capturadas en Tennessee, Estados Unidos, permitieron revelar que la piel facial de dos especies de catártidos, el jote cabeza roja (Cathartes aura) y el jote cabeza negra (Coragyps atratus)  estaban pobladas de microbios de una notable diversidad, habiéndose encontrado ADN de, en promedio, 500 distintos. No obstante, cuando se analizaron los intestinos de las aves se halló una cantidad notoriamente menor de microbios, 76 en promedio (Callaway, 2014).

Si se piensa que la toxina botulínica es una de las sustancias más mortales que se conocen, resulta sorprendente saber que las entrañas de los buitres están llenas de las bacterias que la producen, Clostridia, que se desarrolla en entornos pobres en oxígeno. Además, los intestinos de estos animales también contienen niveles significativos de Fusobacteria, bacterias que recientemente fueron asociadas al cáncer de colon en humanos (Castellarin et al., 2012). De hecho, se encontró que Clostridia y Fusobacteria dominaban la microbiota intestinal de las aves estudiadas.

Cabe destacarse que el ADN de las presas cuya carne en descomposición consumen estos buitres, fue hallado en los hisopados faciales pero no en el intestino, lo que apunta a condiciones químicas extraordinariamente severas en el tracto gastrointestinal, que pueden ser una adaptación al consumo de carroña tóxica, por lo que la flora microbiana que coloniza el intestino de los jotes ha de estar adaptado para sobrevivir en estas duras condiciones (Roggenbuck et al., 2014).

El vuelo del jote cabeza negra, Coragyps atratus, consiste en una alternancia de rápidas batidas de las alas con extensos planeos. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Bibliografía:

– Houston, D.C. 1994. Family Cathartidae (New World Vultures). Pp. 24-41. In: J. del Hoyo, A. Elliot y J. Sargatal (eds.). Handbook of the birds of the World, Vol. 2. Lynx Editions. Barcelona, España.

– Callaway, Ewen. 2014. Microbes help vultures eat rotting meat. Nature News. En línea en: https://www.nature.com/news/microbes-help-vultures-eat-rotting-meat-1.16345

– O’Brien, Jane. 2014. Vultures could hold key to deadly bacteria. BBC News, Washington. En línea en: https://www.bbc.com/news/magazine-30216294

– Castellarin, Mauro; Warren, René L.; Freeman, J. Douglas; Dreolini, Lisa; Krzywinski, Martin; Strauss, Jaclyn;  Barnes, Rebecca; Watson, Peter; Allen-Vercoe, Emma; Moore, Richard A. & Robert A. Holt. 2012 (Febrero). Fusobacterium nucleatum infection is prevalent in human colorectal carcinoma. Genome Research.  vol. 22 no. 2 299-306. En línea en:

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3266037/pdf/299.pdf

– Roggenbuck, Michael; Schnell, Ida Bærholm; Blom, Nikolaj; Bælum, Jacob; Bertelsen, Mads Frost; Sicheritz-Pontén, Thomas; Sørensen, Søren Johannes; Gilbert, M. Thomas P.; Graves, Gary R. & Lars H. Hansen. 2014. The microbiome of New World vultures. Nature Communications. En línea en:

https://www.nature.com/articles/ncomms6498

– Stager, Kenneth E. 1964. The rol of olfaction in food location by the turkey vulture (Cathartes aura). Contributions in Science 81. Los Angeles County Museum. California. En línea en:

https://nhm.org/site/sites/default/files/pdf/contrib_science/CS81.pdf

2 COMENTARIOS

  1. Increíble!!! Hermosísimas las fotos y muy interesante el texto sobre esos aves desconocidos en Suiza! Felicidades!!!

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