Una entrevista con Juan Carlos Chebez

20 de agosto de 2009

Por Elio Daniel Rodríguez

Juan Carlos Chebez fue uno de los más importantes naturalistas y conservacionistas argentinos. Integrante de la Asociación Ornitológica del Plata/Aves Argentinas y de la Fundación Vida Silvestre Argentina, también se desempeñó en la Administración de Parques Nacionales. Fue autor de muchos libros sobre naturaleza y conservación, y en cierta oportunidad pude dialogar con él Salta, ciudad que visitó en 2009 para presentar su obra “Los que se van”, un  trabajo en el que se expone la situación de las especies que, en nuestro país, se encuentran seriamente amenazadas o

Naturalistas – Juan Carlos Chébez – 2009 – 08 – 20 – Conferencia en Salta, Alvarado 551, UNSa  – Foto ED Rodríguez

directamente en peligro de desaparecer para siempre. En la conversación que a continuación se reproduce Juan Carlos expuso los problemas que desde el punto de vista de la conservación de la naturaleza tiene nuestra provincia y las perspectivas a futuro para  algunos de nuestros más singulares y hermosos animales.

 

¿Cuál sería en nuestra región el principal de los desafíos de conservación que actualmente existen? ¿Acaso podría identificarse alguno en la maraña de asuntos medioambientales en los que debemos ocuparnos como sociedad?

Bueno, es el mismo que en todo el país, la protección de los ambientes naturales. O sea, tratar de asegurar que siga existiendo una mayoría del paisaje, o de los paisajes originalmente conformados en la geografía argentina. Decimos habitualmente que Argentina es una suma de paisajes y eso nos enorgulleció y eso también explica lo complicado que es el ser argentino y hasta lo difícil que es entendernos a nosotros mismos. Esos paisajes conformaron especies distintas, etnias distintas, prototipos criollos distintos, modalidades de uso de los recursos distintas, pero si no esta el paisaje, si no esta el ambiente, todo eso se cae, como un castillo de naipes. Entonces, salvar el ambiente es la regla número uno; se trate de salvar especies -que es la tarea a la que yo estoy dedicado en el sentido de  promover la perdurabilidad de las especies en peligro de extinción que son las que más urgentemente nos están dando señales de  que se nos van de las manos si no hacemos algo por ellas- o salvar en definitiva el paisaje donde el hombre desarrolla su cultura; el paisaje que uno elige para vivir, para nutrirse y que no puede ser de golpe reemplazado por la topadora, la motosierra o un  proyecto minero mal realizado. Esto no quiere decir que no se pueda hacer uso del recurso, porque sino estaríamos cayendo en el proteccionismo, que es una especie de expresión extrema de la conservación. La conservación admite el uso de todos los recursos, el uso de las especies silvestres también, pero lo importante es que grandes superficies en diferentes estados de conservación o en diferentes categorías de conservación se salven. No están los núcleos que debemos proteger todavía creados; faltan muchos núcleos todavía por crear. Hay áreas que ya están detectadas, usando sus aves como indicadoras, las Áreas Importantes para la Conservación de las Aves (AICAs), hay áreas que incluso están en la guía de las reservas naturales, que yo escribí recopilando los datos de las reservas que ya existen y no las conocemos. Allí yo agregué áreas que, me consta, son importantes porque tienen especies endémicas, especies únicas en el mundo, o son relictos de especies que tuvieron distribuciones más amplias y quedaron hoy solo en un lugar muy acotado. Esos lugares merecen ser reservas provinciales o parques nacionales, llegado el caso, y merecen estar rodeados por zonas de amortiguación – pocas de nuestras reservas lo están –, zonas que permitan que la reserva en realidad cumpla mejor su función al tener toda una zona de uso intermedio, entre la zona donde todo vale y donde la transformación puede ser total y la zona totalmente protegida. Si el límite entre las dos zonas es muy abrupto, la zona de amortiguación se nos ubica hacia adentro de la reserva declarada, y entonces podemos decir “el Parque tal tiene

70 mil hectáreas” y en realidad no las tiene porque la zona de amortiguación esta dentro del

Parque. Para que nuestros parques tengan las superficies que declaran, los nacionales y los provinciales, tenemos que rodearlos de salvavidas, y esos salvavidas son las zonas de amortiguación. Y ese es un tema en el que estamos en pañales, no en Salta sino en todo el país; es una gran deuda. Y el tercer punto es no solo crear reservas, crear también zonas de amortiguación, el tercer punto es conectarlas, y ahí viene el concepto de los corredores biológicos. Para que esos corredores biológicos existan tiene que haber una matriz del paisaje que se mantenga. Entonces, un ordenamiento del territorio es bienvenido, es una pena que a veces tenga que venir forzado por una ley de emergencia como en el caso de la Ley de Bosques pero yo lo reclamo desde mucho tiempo atrás; una ley de bosques y no por los bosques solamente, hay que ordenar la puna, hay que ordenar los pastizales, hay que ordenar todo, y hay que entender que esto no es una pérdida de tiempo sino que es consensuar entre todos cómo vamos a hacer para que en definitiva nos quede el paisaje. Si el paisaje queda, si evitamos la transformación abrupta de los ambientes, eliminamos la causa número uno de la extinción de las especies. Y en consecuencia disminuimos el riesgo de perderlas y disminuimos las posibilidades de quedarnos sin recursos genéticos que nos puedan ser de utilidad para curar alguna enfermedad, para obtener una nueva fibra textil o un nuevo alimento.

¿Cuál o cuáles pueden ser Juan Carlos las áreas particulares o los puntos geográficos especiales en nuestra provincia o región que merezcan ser urgentemente conservados y que, sin embargo, no estén  bien preservados o convenientemente protegidos por una ley?

Yo creo que hay que trabajar mucho más la sierra de Tartagal. Este lugar ha ganado las tapas de los diarios por una tragedia, por una desgracia, pero me hubiese gustado a pocos días de ocurrido aquel suceso ver un mapa ordenando la sierra. Un mapa donde abundaran las zonas que  quedaran como reservas para siempre, porque en definitiva tenemos que comprender que esta es un área biológicamente valiosa, que es refugio de especies únicas, que también tiene una población importante que le da un uso económico real, que hay una actividad petrolera, desde hace años… y bueno, todo eso implica compensaciones ambientales, y todo eso hay que armarlo. Por mencionar un área acotada.

Naturalistas – Juan Carlos Chébez – 2009 – 08 – 20 – Conferencia en Salta, Alvarado 551, UNSa – Foto ED Rodríguez

Si queremos mencionar un área mas amplia, es archiconocido el caso de la región chaqueña en general, el chaco salteño. Esta es un área que ha ganado la prensa nacional, y a mi me gustaría estar tranquilo sabiendo que estamos armando, no una red para salvar un lugar que de golpe se pudo haber puesto de moda o haber interesado por una cuestión puntual o porque había que enfocar un sitio; me gustaría saber que la totalidad del chaco esta ordenado territorialmente y me gustaría también saber cuáles son las otras reservas tipo Pizarro que vamos a dejar en esa superficie, por dónde van a pasar los corredores que las conecten, dónde van a  estar las zonas de amortiguación de esas reservas, dónde encaja en todo esto Salta Forestal, que fue un proyecto pionero de la provincia, del que la provincia debería haber estado plenamente orgullosa, porque fue una de las provincias en donde con gente como Saravia Toledo se demostró que el mito falso de que el bosque chaqueño no se podía usar era nada mas que una entelequia. Si se lo cuida bien al bosque -y  para eso hay que respetar ciertas pautas-,  el bosque chaqueño vuelve. Entonces, el principio de esas tierras fue muy bueno, ¿qué fue después de este proyecto? No lo sé, porque no estoy acá, pero lo planteo en esta ocasión porque cuando se hablaba de lo de Pizarro, yo decía, ¿qué hay de nuevo en realidad? Yo sabia que había cosas en el Chaco, iniciativas, desde mucho tiempo atrás, pero ahora hay que conectarlas, hay que planificarlas. Y también no perder de vista la alta montaña, porque si bien se entiende que en Salta este no es un tema de tanta prioridad como en otros lugares del país como en San Juan, Catamarca o Esquel en donde toda una comunidad votó en contra de un proyecto minero, y esto no quiere decir que no totalmente a la minería sino a cierto tipo de minería mal hecha, y que parece seguir sin entender, la minería y los gobernantes, que cuando se transforma algo hay que hacer la compensación de eso y para eso hay expertos que nos pueden recomendar los mejores lugares de compensación, y esos proyectos dejar parte de los recursos no solo para crear las reservas sino también comprar si es necesario las tierras para hacer las reservas si son privadas y dotarlas de la cartelería, de la infraestructura, de los guardaparques, de la movilidad… sin lo cual una reserva es una reserva de papel. Y la reserva de papel de poco vale.

¿Cuáles podrían ser en nuestra región del noroeste argentino las especies de animales que están más cerca de irse, siguiendo lo planteado en el título de tus libros?

Las especies que aquí están en serio riesgo de extinción son el yaguareté, que es una especie que la tenemos a nivel nacional amenazada y por eso hubo que declararla Monumento Natural Provincial en varias provincias y después Monumento Natural Nacional.  Ese es un gran desafío. Si logramos salvar al tigre, o al “overo”, como le dicen por acá, será mas fácil  salvar todo lo que hay debajo de él. Porque es un superpredador. Está al tope de las pirámides, de las cadenas alimenticias. Y es realmente un desafío poder salvarlo, cosa que todavía está por verse. Otra de las especies amenazadas es otro felino, el gato onza, que también se encuentra en peligro de extinción, el margay que se encuentra en las yungas salteñas, el guacamayo verde, un ave que creíamos prácticamente extinta cuando apareció la primera edición de Los que se van. Había un solo registro en el Baritú, por lo cual no lo poníamos como extinto en el país, y afortunadamente ha aparecido y ha aparecido anidando con una población aparentemente estable en las famosas sierras de Tartagal que urge proteger. Tenemos que llegar allí nosotros antes, los que conservamos, los gobernantes serios que planifican el uso de los recursos, que los traficantes de aves, porque están aves son capturadas por traficantes que no dudan en saquear sus nidos, en robar sus pichones para venderlos en un comercio clandestino. Lo digo a conciencia porque realmente creo en la capacidad de nuestros gobernantes y de nuestra gente en reclamar las acciones. Porque si no, empezamos a enmudecer de miedo a rebelar que estos bichos están. Si no decimos que están, con claridad, no entendemos con claridad el valor de las selvas de Salta. El ganso de monte  es un ave que cuando yo estaba escribiendo la primera edición de “Los que se van” prácticamente se lo estaba dando en peligro critico, prácticamente desaparecido del país y últimamente ha aparecido una población estable cercana al río Bermejo en la zona del chaco salteño y, en el país, es Salta la que tiene que decir algo sobre esta especie, que en el invierno aparentemente se dispersa por un área mayor, pero que para anidar se repliega a este sector salteño. La vicuña es una especie que volvió de la extinción, pero la reserva Los Andes sigue siendo un gran desafío. Representa un reto aún poder armarla para que, con su paraguas protector, ampare no solo a la vicuña sino a los flamencos que habitan las lagunas de altura, a la gallareta cornuda, que son especies que están en el libro rojo internacional sobre las especies en peligro, al gato andino, que también es otra de ellas…  Son todas especies de la altura que están allí esperando una oportunidad. Y bajando al chaco, el tatú carreta, ese armadillo gigante que todavía se escabulle seguramente en algún lugar remoto del chaco salteño, y el chancho quimilero, una especie de chancho que se descubrió como animal viviente en el año 1974, y al que se lo tenía clasificado como un animal fósil. Se pensaba que era un animal prehistórico y en realidad estaba “vivito y coleando” en nuestro chaco seco y está, desde ya, en el chaco salteño; y en las sierras subandinas, no solo allá arriba en las de Santa Victoria sino también en las de Metan y en otras, tenemos la taruca, el” venado”, como le dicen, el huemul del norte, un ciervo que ya no baja más a los valles – por algo ha de ser – y  que tenemos que estudiar y conocer, que ha sido declarado Monumento Natural Nacional.

Hay un tema muy importante que tiene que ver con la producción de soja y la forma en que este monocultivo se va extendiendo por amplias franjas de territorio, incluso en muchas áreas de nuestro norte argentino que se desmontan para producirlo. ¿Qué opinión tenés de este tema?

El motocultivo siempre empobrece el suelo porque saca de él un solo tipo de nutrientes. No diversificar la producción es algo que nos expone a una terrible plaga que pueda aparecer y que acabe con todo. Desde tiempos inmemoriales el hombre primitivo clareaba pequeños sectores de

selva y hacia un cultivo multidiverso. Nunca plantaba solo una cosa porque aparecía cualquier animal que lo predaba o una plaga y acababa con todo. Y nosotros, parece que no hemos aprendido esa lección, seguimos, más que a cualquier otra cosa, a las leyes del mercado y se me ocurre pensar en esa frase del Mahatma Gandhi que decía que “en el mundo hay para las necesidades de todos pero no para la codicia de todos”. Y es allí cuando tenemos que pensar seriamente: “si yo soy poseedor de un terreno, poseedor de un pedazo de la creación, y soy responsable de que mis hijos y mis nietos conozcan algo de eso, entonces soja hasta el horizonte no es un proyecto viable. Tenemos que pensar en hacerlo con corredores biológicos, quizás usando los sectores de menos diversidad de esas propiedades y resguardando los de más alta diversidad que generalmente coinciden con los de menor interés económico, por suerte, para que no se pierda todo. Y ahí sí, yo creo que se va a comenzar a encontrar una postura común, amigable de estos dos extremos, el que quiere sólo producir soja, al que no le interesa nada toda esa diversidad que parece que no da recursos pero que hoy empezó a darlos, y el que quiere conservar. En los esteros del Ibera, en Corrientes, el yacaré, sin ser convertido en billetera ni en carteras, esta dando plata. Cuanto más grande y largo es el yacaré mas dinero deja porque el turista se queda más tiempo. Entonces, si esa fauna nuestra se vuelve visible, si esos tremendos árboles siguen en pie para mostrarlos, vamos a poder exponer a ese turismo que se concentra en Salta la riqueza arquitectónica, cultural, histórica de la provincia que es innegable e indiscutible, porque vamos a poder llevarlos a ver un churqui gigante en los cardones o los vamos a poder llevar a ver un quebracho grande en el chaco salteño o un cedro  en El Rey; pero si esos árboles no están, porque desaparecen, tristemente no existe esa alternativa. Así es que eso, que se quiere hacer ver como que no sirve porque no deja nada, dejaría si le diéramos una chance.

¿Qué pasa con los gobernantes? ¿No se advierte la necesidad de establecer una política de conservación de la naturaleza y los recursos naturales a largo plazo? ¿Es una carencia de sabiduría o simplemente se trata de otra visión de las cosas?

Yo trato siempre de hacer también en esto un análisis de nuestra propia culpa. Seria más fácil decir obviamente que los gobernantes no entienden o no les interesa el tema o que responden a determinadas urgencias. Pero en estos momentos yo soy director de ecología municipal honorario del municipio de San Isidro, un localidad importante de la provincia de Buenos Aires, y San Isidro acaba de duplicar la única reserva natural que tiene en superficie. Fue el primer municipio en tener una reserva municipal y duplicó su extensión y creó dos reservas más, y va camino a crear varias más. ¿Cómo entendió esto el intendente de San Isidro? En un mano a mano, hablándole fácil. Faltan generalistas con una visión enciclopédica y con un lenguaje no técnico, ni superior ni desde arriba sino en un plano de amabilidad, de entendimiento también de la posición de ese gobernante que esta sometido seguramente a presiones de otro tipo, urgentes; Hace falta gente que se acerque y haga estos planteos… Si una persona puede lograr llegar y explicar de manera fácil, yo creo que se empieza a abrir una luz, un camino, una ventana. Hay muchos gobernantes a los que yo sé que les están llegando carpetas dificilísimas de entender, documentos complejos, propuestas de consultorías carísimas, pedidos de fondos altísimos y yo creo que no pasa por ahí. Hay una masa ya de información importante y hay mucha gente que sabe de estas cosas en Argentina, y algunas  de estas cuestiones están hasta en las librerías para que cualquiera, desde el gobernador para abajo, pueda enterarse. Y esto, mas allá de que el gobernante tiene que moverse rápido y hacer algo porque si no se nos va esta naturaleza de las manos, esta posibilidad, este banco genético se le va de su provincia, también el público tiene  que exigir la acción. Y para exigir hay que ilustrarse, porque estamos sabiendo mas del oso panda y del gorila de montaña, del cambio climático global y del agujero de ozono, que del problema ambiental que tenemos en la puerta de casa. Muchas veces no podemos reconocer el árbol que brota en nuestra vereda, que por ahí es nativo. Entonces ahí estamos como desencontrados con nuestro asunto, los argentinos todos… Así que me parece que es una combinación.

 

Pasaron unos 15 años desde la primera publicación de “Los que se van” hasta esta publicación en tres tomos de una obra con el mismo nombre. ¿Estamos ahora mejor o peor que antes?

Yo creo que hay dos clases de personas. Las que dan gracias que las espinas den rosas y las que se quejan de que las rosas tengan espinas. Yo trato de ser siempre optimista y entonces tengo dos noticias para darle, una buena y una mala. Usted elige cual quiere oír primero.

La buena…

La buena es que hay mucha mas información acerca de las especies amenazadas y mucha más gente trabajando en esto incluso en Argentina. Hay información dispersa, pero que existe. Por eso el libro se hizo más grande. Por eso se hicieron tres tomos de mil páginas cuando el otro libro tenía 600, más – ahora – otro libro de yapa de 500. Es decir 1500 paginas contra 600. Esto revela que en 15 años hay mucho más para decir. Y hay que destacar que hay mucho para decir con investigaciones hechas en nuestro país y en la mayoría de los casos por argentinos. Y la mala es que cada vez se nos van mas especies, y la lista que antes era más pequeña y acotada creció enormemente. Para que se de una idea no tratábamos anfibios en el ‘94, ahora hay 7 especies en serio riesgo, había 11 reptiles ahora hay 28, había 18 especies de aves tratadas ahora hay 96, aunque ahora hay una nueva lista que ya no entró en el libro y que nos dice que la situación  es mas grave, y en mamíferos tratábamos 29 ahora tratamos 58 especies. Son las dos caras de la moneda. No todas son malas noticias. Hay especies que reaparecieron como el guacamayo verde y el ganso de monte de Salta, dándonos buenas noticias en la misma Salta de los desmontes masivos.  Si aparecen todavía estas cosas grandes, enormes, y no un animalito pequeño, confundible con otro, eso nos esta diciendo que todavía estamos a tiempo, que no ha llegado lo peor, que estamos a tiempo de hacer una planificación y de hacer las cosas bien, y yo creo que debe haber entre muchos buena voluntad para logarlo.

DEJAR UN COMENTARIO