Nuestras montañas

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UN APORTE AL CONOCIMIENTO DE SUS ORÍGENES

Por Ricardo N. Alonso (*)

 La parte occidental de la República Argentina es una cadena montañosa que, desde la llegada de los españoles, se ha dado en llamar cordillera de los Andes. Desde tiempos inmemoriales el hombre se ha preguntado por el origen de esas enormes moles rocosas.

Las técnicas modernas de teledetección, posicionamiento global, geofísica, sismología, isotopía, dataciones radiométricas, geoquímica y otras, nos han permitido una mejor aproximación con el fin de develar algunos de los grandes misterios que encierra la génesis de los orógenos.

Los que habitamos el norte del país, vivimos en un ambiente rodeado de montañas, en el llamado “Orógeno Centroandino” y, más concretamente, en los Andes Centrales del Sur. En el norte argentino se diferencian varias cadenas montañosas longitudinales y paralelas, alineadas en sentido norte-sur, que se integran en algunas de las unidades geológicas o morfotectónicas mayores, tales como –de oeste a este- la cordillera Volcánica Occidental, la Puna, la cordillera Oriental y las sierras Subandinas.

Si observamos la Puna, veremos que está delimitada al oeste por una imponente cadena de volcanes, algunos de los cuales alcanzan alturas que rozan los 7 km sobre el nivel del mar. Son los volcanes más altos del mundo y entre ellos se encuentra el Llullaillaco con 6739 m, famoso hoy a nivel mundial por el hallazgo de los cuerpos momificados de tres niños Incas.

Otros volcanes populares de la cadena son el Ojos del Salado, Socompa, Aracar y Rincón, por mencionar algunos. Asimismo, la Puna está cruzada por cadenas volcánicas transversales como las de Coyahuaima en Jujuy, la del Quevar en Salta y la de Antofalla en Catamarca. Cada una de estas contiene una importante cantidad de edificios volcánicos que alcanzan y superan los 5000 m sobre el nivel del mar.

En la cadena del Quevar se destacan el Cerro Verde, Aguas Calientes, Quironcolo, Azufre, Mamaturi y el propio Quevar con 6.130 m de altura. También hay numerosos volcanes aislados de las cadenas principales como el Galán en Catamarca, el Ratones en Salta y el Tuzgle en Jujuy. En la mayoría de los casos se trata de edificios construidos por camadas superpuestas de coladas y cenizas que reciben el nombre de estrato-volcanes. Algunos son viejos y están completamente extinguidos, mientras que otros están dormidos y algunos aún activos, como el Lascar en la cadena volcánica principal. El Acay, a diferencia de lo que muchos creen, no es un volcán, sino un intrusivo granítico joven.

La Puna contiene, además, en su interior, numerosas sierras, cordones o filos internos, formados mayormente por rocas sedimentarias, alargados en sentido norte-sur, que delimitan las cuencas internas que albergan los salares. Las sierras de Ratones, Navarro, Calalaste, Quebrada Honda, Tanque; los filos de Copalayo, Pozuelos, Oire Grande; los cordones de Olacapato y otros, dan un aspecto quebrado a la Puna argentina, a diferencia de su continuación llana, al norte, en el Altiplano boliviano.

Al este de la Puna se encuentra la cordillera Oriental, formada por valles profundos y limitados por grandes bloques de montañas. El valle Calchaquí, está flanqueado a occidente por un conjunto de montañas, mayormente de rocas ígneas y metamórficas, donde destacan la sierra de Cajón o Quilmes, los nevados de Cachi y Palermo y el cerro Acay.

Los nevados de Chuscha, Cachi y el Chañi en Jujuy, pertenecen a la cadena del borde oriental de la Puna y son grandes moles de granito antiguo. Al este del valle Calchaquí se encuentran las Cumbres Calchaquíes, formadas mayormente por rocas sedimentarias rojas del Cretácico.

Otro escalón andino, el valle de Lerma, a unos 1200 m de altura sobre el nivel del mar, contiene a la ciudad de Salta, y está flanqueado por el cordón de Lesser, al oeste, y la sierra de Mojotoro, al este; ambos bloques montañosos formados por rocas sedimentarias marinas del Precámbrico, Cámbrico y Ordovícico.

Más al este, y siempre a una misma latitud, esto es la correspondiente a la ciudad de Salta, se encuentra el valle de Siancas, que alberga a la ciudad de General Güemes. Este valle, ancho y a más baja altura, unos 700 m sobre el nivel del mar, está flanqueado por las sierras de Mojotoro al oeste y al este la sierra del Gallo y su continuación, al sur, la sierra de San Antonio.

Hacia el norte y oriente se extiende el sistema de las sierras Subandinas, un conjunto de serranías de rocas jóvenes que en sus núcleos contienen rocas de los tiempos del Gondwana, ricas en yacimientos de petróleo y gas.

Una vista a vuelo de pájaro de la orografía andina salteña nos muestra a occidente la elevada cadena de volcanes que nos separa de Chile, luego el interior de la Puna, con serranías y volcanes que limitan cuencas cerradas donde las aguas se evaporan para dar paso a salares, más hacia el este se levanta una alta cordillera tectónica con algunos picos salientes y nevados como el Cachi y el Chañi, para luego caer en valles escalonados como el Calchaquí, Lerma y Siancas, y, después de algunas serranías bajas del ambiente subandino, penetrar en la extensa llanura chaqueña.

Esta última alberga la simiente de futuras serranías en su interior que emergerán cuando la dinámica andina produzca su avance irremediable hacia el oriente. En ese avance inexorable, se irán abriendo nuevos valles y consumiendo los viejos valles.

Las profundas quebradas y cañones andinos permiten ver la anatomía interior de montañas y serranías. Rocas blandas y duras; rocas jóvenes y viejas; magmas fríos; lavas y sedimentos; todo ello forma parte de la composición íntima de las montañas andinas. En general las rocas más viejas se encuentran hacia el oeste y las más jóvenes hacia el este. De allí que en el borde de la Puna tengamos retazos de montañas arrancadas desde miles de metros de profundidad, formadas por rocas ricas en micas, mientras que hacia el límite con la llanura chaqueña tengamos fallas que están recién emergiendo, como ocurre al pie de las sierras de Olmedo.

En definitiva, se trata de toda una historia extraordinaria de la deformación de los Andes que está viva todavía. Tal como los reiterados sismos así nos lo recuerdan.

(*) Doctor en Ciencias Geológicas (UNSa-CONICET).

 

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