Taruca o venado

El taruca, venado o huemul del norte (Hippocamelus antisensis) es pariente norteño del más conocido huemul. Vive en ambientes de altura, normalmente despejados, reunido en pequeños grupos de animales. Su estado de conservación es "en peligro", y es necesario que lo conozcamos para protegerlo.

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♦ NUESTRO CIERVO DE LOS CERROS

♦ Texto: Jorge Néstor Samaniego ♦ Fotografías: Gonzalo Cristofani

Un venado o taruca, macho, en su hábitat. Fotografía: Gonzalo Cristofani.

♦ Habita las altas montañas entre los 2500 y 5000 msnm, y su distribución abarca Perú, Bolivia, norte de Chile y el noroeste argentino (Jujuy, Salta, Catamarca y norte de la Rioja).

El venado es el mayor cérvido que habita la provincia de Salta, por supuesto dentro de los autóctonos. Llega a medir entre la cabeza y el cuerpo 140 cm y unos 90 cm de alzada, pesando aproximadamente unos 50 kg. Las hembras son algo menores en relación a las medidas mencionadas anteriormente, y la diferencia a simple vista con el macho reside solo en la cornamenta. Esta es una propiedad exclusiva de los machos, salvo en épocas de volteo de las mismas y en casos de observaciones realizadas a gran distancia, por cuanto casi no se puede apreciar la herida que queda en el emplazamiento de las astas.

La coloración del venado es de un gris verdoso, con una franja dorsal amarronada; muestra, además, un blanco amarillento en la zona ventral e interior de las extremidades, sin llegar por debajo de codos y rodillas. La cola es gris amarronada por encima y, por debajo, blanca.

En la cabeza, sobre todo los machos adultos, tienen, desde los nasales, un color marrón casi negro, que se bifurca a la altura de la frente en dirección a la base de los cuernos, mientras que en las hembras y ejemplares juveniles este tono es muy suave. La quijada y la garganta son blancas, oscureciéndose por la parte baja del cuello.

Describiendo un poco más la cabeza, cabe agregar que posee ojos grandes, de pupila alargada y horizontal, de color marrón oscuro, con arcos superciliares bastante prominentes. Antecediendo a estos, existe un par de glándulas exocrinas muy profundas, las que segregan una pasta de un fuerte olor rancio; las mismas son usadas para limitar territorios, en conjunción con otras glándulas y también con la orina. Las orejas -o pabellones- del venado son muy desarrollados, sobre todo en términos de altura. En consecuencia, registra un agudo desarrollo del oído, al igual que la vista y el olfato. La nariz es muy robusta, de orificios grandes, de color negro intenso, con una textura granulosa y con algunos pelos sensitivos, mostrando permanentemente el aspecto de mojada.

En cuanto a la cornamenta de los machos, está constituida por dos varas curvas por cada lado. Una de ellas se encuentra ubicada un poco hacia atrás, con suave curva hacia adelante; se trata de la más larga, alcanzando, por regla general, unos 30 cm, siguiendo la curvatura. La que está más adelante siempre es más corta y, algunas veces, más delgada y curvada hacia atrás. Ambas varas nacen de las rosetas y se bifurcan casi inmediatamente encima de la misma. La superficie de estas es, por lo general, muy pobre en cuanto al perlado, apreciándose con claridad, en cambio, las canaletas que poseen la mayoría de las cornamentas de los cérvidos. El color, en casi todos los casos, es marrón oscuro y, en la minoría, bayo. Por orden de la naturaleza, la cornamenta del venado tiene solo cuatro puntas, pero algunas presentan anomalías, casi encima de la roseta, por la parte posterior de las mismas. Esta simpática y codiciada cornamenta, caduca anualmente, por regla general, hacia mediados o fines del verano. Asimismo, nuestro venado posee caninos maxilares a pesar de lo que afirman otros autores. Estos caninos se presentan en ejemplares jóvenes y adultos machos, no habiéndose comprobado que esto suceda con las hembras.

En apariencia, este cérvido es bastante robusto, lo que en realidad se explica porque el pelaje no está aplastado contra la piel. Es como si sufriera constantemente de frío y, por ende, mantuviera sus pelos erizados. La textura y apariencia de estos últimos es pajiza. Posee, además, un segundo pelaje, que está por debajo. Es más corto que el que se puede observar a simple vista y es, además, mucho más delgado y suave, de color gris claro y abundante, sobre todo en la estación invernal.

La hembra del venado o taruca, a diferencia del macho, carece de cornamenta. Fotografía: Gonzalo Cristofani.

En lo que se refiere a la reproducción, no se conoce el tiempo de gestación. Las hembras tienen una sola cría por parición, cuyo color es muy parecido al de los adultos. Por lo que se sabe, las pariciones se producen en fechas variables que abarcarían desde la primavera hasta el verano.

El venado, de hábitos plenamente diurnos, tiene las mismas necesidades gregarias que la mayoría de los cérvidos.

Viven agrupados hembras y machos de distintas edades, incluidas las crías; posiblemente, en época de celo la situación cambia para evitar la endogamia, como se da en la mayoría de los mamíferos. En otras palabras, los hijos y los machos juveniles son expulsados del grupo, quedando un solo macho y algunas hembras sin parentesco muy cercano.

En cuanto al aspecto cuantitativo el venado es, por desgracia, bastante escaso, salvo en algunos sectores donde el hombre no lo acosa demasiado. En ambientes donde ya no existía volvió a recuperarse, al desaparecer la presencia del hombre. Sus depredadores naturales son el puma (Puma concolor), el zorro colorado (Pseudalopex culpaeus) y el cóndor (Vultur gryphus).

Los lugares donde más suelen permanecer son las quebradas, donde existen peñascos rocosos en los cuales la taruca pasa muy desapercibida por su color, ya que gracias al juego de luces y sombras de las rocas se vuelve perfectamente mimética.

 

 

 

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