Parque Nacional Talampaya

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♦ CAÑÓN Y MUCHO MÁS

♦ En la región centro-oeste de la provincia de La Rioja, se ubica el Parque Nacional Talampaya. El área conserva importantes riquezas geológicas y paleontológicas pero también una muestra representativa de la ecorregión del Monte de Sierras y Bolsones con sus plantas y animales. Se trata de un lugar de una belleza singular.

♦ Texto y fotografías de Elio Daniel Rodríguez

Una de la notables riquezas que posee el Parque Nacional Talampaya es su patrimonio arqueológico, expresado principalmente en un monumental conjunto de petroglifos tallados en rocas del lugar. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Con paisajes de gran belleza, una notable riqueza geológica, paleontológica y arqueológica, y una muestra representativa de la ecorregión del Monte de Sierras y Bolsones, el Parque Nacional Talampaya, ubicado en el centro-oeste de la provincia de La Rioja, fue primeramente protegido como Parque Provincial en 1975, luego transformado en Parque Nacional en 1997 y finalmente declarado Patrimonio de la Humanidad en 2000.

La ecorregión del Monte de Sierras y Bolsones es un ambiente con acentuadas características de aridez, que se extiende desde Jujuy hasta el norte de la provincia de Mendoza. Hasta los 27° de latitud está conformado por valles longitudinales, con orientación norte-sur y por amplios faldeos serranos, pero más al sur, los valles se convierten en planicies de escasa pendiente, donde quedan conformadas cuencas cerradas o con drenaje deficiente, que se conocen como “bolsones”.

Una relativamente densa vegetación se desarrolla formando un bosquete en el denominado “jardín botánico”, en el Parque Nacional Talampaya. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez

Talampaya puede traducirse como “río seco del tala”, lo que de alguna manera nos está hablando sobre el paisaje del lugar, donde lo ríos son presencias temporales, que vuelven cada año a la vida con las lluvias torrenciales del verano, para luego volver a desaparecer.

El Parque Nacional Talampaya abarca una superficie de 215.000 ha y existe allí una gran amplitud térmica diaria e importante radiación solar. Puede haber máximas en verano de 40 °C y temperaturas mínimas en invierno inferiores a los –7 °C.

Morteros en el Parque Nacional Talampaya. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Entre las especies vegetales prosperan la jarilla (Larrea cuneifolia y L. divaricata), el retamo (Bulnesia retama), el jume blanco o vidriera (Suaeda divaricata), el clavel del aire (Tillandsia xyphioides), el cardón de la sierra (Trichocereus terscheckii) y la brea (Cercidium praecox). De entre los árboles, cabe mencionar a los algarrobos (Prosopis flexuosa y P. chilensis), al chañar (Geoffroea decorticans) y al molle (Schinus sp.).

De los animales, pueden citarse aves como el gallito arena (Teledromas fuscus), el águila coronada (Harpyhaliaetus coronatus), el cóndor andino (Vultur gryphus), y el ñandú (Rhea americana), o mamíferos, como el pichiciego menor (chlamyphorus truncatus), la mara (Dolichotis patagonum) y el guanaco (Lama guanicoe).

Recorriendo el Cañón de Talampaya puede llegarse a un sitio conocido como “La Catedral”. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

En Talampaya, napas freáticas presentes a no mucha profundidad favorecen la proliferación de bosquetes de algarrobos en un paisaje prácticamente desértico; el viento esculpe –y ha sabido hacerlo durante miles de años– paisajes de soberbia belleza; el cielo, que se ve casi siempre azul, contrasta de manera sorprendente con las enormes masas rocosas de coloración rojiza; temperamentales y efímeras correntadas alimentadas por las lluvias del verano trazan caminos en los desiertos… Así se conforma un paisaje de singular belleza y carácter, muy propicio para conquistar los corazones de aquellos renuentes a los relieves quebrados y despojados de abundancia verde. Porque eso es también Talampaya, un lugar que atrapa sensibilidades.

Tiene una importancia paleontológica destacada, y por ello ha sido calificado como “único en el mundo”, ya que conjuntamente con el Parque Provincial Ischigualasto reúnen una sucesión completa del periodo Triásico de la Era Mesozoica.

Curiosas geoformas conocidas como “La Torre” y “El Tótem”, en el Parque Nacional Talampaya. Fotografía. Elio Daniel Rodríguez

Es un sitio en el que se puede apreciar el paso del tiempo, expresado de manera magnífica en el Cañón de Talampaya, un enorme tajo abierto en la tierra desde tiempos pretéritos, a través de la Sierra de los Tarjados. Allí pueden observarse los imponentes paredones de arenisca, que desde muchos metros caen en ángulo recto sobre el suelo, conformando un paisaje de características sublimes. Para quien se asome a esta área protegida, el recorrido por el Cañón comienza en un sector conocido como “la puerta de Talampaya”, junto a unos grandes bloques rocosos alguna vez caídos desde las alturas, sobre los que los antiguos habitantes de estas comarcas tallaron el principal conjunto de petroglifos que se encuentra en el lugar.  Numerosas formas fueron allí representadas por antiguos indígenas, que, escribió Juan Schobinger, percibieron a este sitio de curiosa conformación como un territorio sagrado.

Unos dos kilómetros después, se llega, siguiendo el cañón, a un lugar que parece un bosque creado artificialmente, en el que, contrariando el aspecto general del paisaje, se desarrollan, en acotada superficie, varias especies vegetales propias de este ambiente.  Cerca, una extraña “canaleta” de roca se abre paso entre las paredes verticales; es la denominada “Chimenea”. Más adelante se ubican otras sorprendentes geoformas, como “Los Reyes Magos”, “La Catedral”, “La Torre y El Tótem” y “El Monje y El Botellón”. Pero estos nombres son sólo posibilidades para ver y asombrarse, porque asomarse a Talampaya es abrir un cajón de sorpresas para la vista y el espíritu. Si no lo conoce, será cuestión de llegarse y dejarse enmudecer por la mano maestra de la naturaleza, que no ha sabido ahorrar en originalidades en este rincón rojizo y extravagante de nuestro noroeste argentino.

“El Botellón” y “El Monje”, otras dos geoformas del lugar. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Bibliografía consultada:

Chebez, Juan Carlos. 2005. Guía de las reservas naturales de la Argentina: Noroeste. 1ª ed. Albatros. Buenos Aires.

Cinti, Roberto y otros. 2008 – Parques Nacionales y otras áreas protegidas de la Argentina. Buenos Aires. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara.

Schobinger, Juan. 1966. Nota sobre los petroglifos de Talampaya (Prov. De La Rioja). ANTIQUITAS – Boletín d la Asociación de Amigos del Instituto de Arqueología de la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador. Nº 2.  Argentina.

 

 

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