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PATO DE TORRENTE

Texto y fotografías: Elio Daniel Rodríguez


A lo largo de la extensa Cordillera de Los Andes, que se prolonga ininterrumpidamente por la parte occidental del subcontinente sudamericano, y que constituye, por otra parte, la cadena de montañas más extensa del planeta, se distribuye una de las aves anátidas más interesantes de cuantas componen la ornitofauna neotropical, el pato de torrentes, al que la ciencia ha denominado Merganetta armata. Dueño de tan extensa área de distribución, este animal ocupa territorios discontinuos y no resulta, por tanto, nada difícil de entender que, si bien se puede hablar de una misma especie a nivel sudamericano, se trata, en realidad, de un ave con multiplicidad de razas o subespecies distintas, que se van sucediendo, en un total de seis, por diferentes y definidas regiones geográficas, y que presentan ciertas variaciones en los plumajes, siempre vistosos y de llamativo diseño.

Pato de torrente, hembra – Elio Daniel Rodriguez

A pesar de la imagen típica que a cualquiera le puede acudir a la mente cuando se habla de los componentes de la familia de estas aves, no habita este pato las tranquilas aguas de los lagos, lagunas y encharcados, sino que encuentra su hábitat en un sitio muy diferente, al que se halla extraordinariamente adaptado y que sabe aprovechar a la perfección: los ríos que bajan de las montañas, de frías, veloces y cristalinas aguas.

El pato de torrente tiene una marcada conducta territorial y forma parejas estables que defienden activamente una porción del río. Se ha indicado, en virtud de algunos estudios desarrollados al respecto, que el tamaño de la misma, puede ser estimado en un kilómetro lineal de río por pareja, aunque otras investigaciones señalan un tamaño mucho menor, que llega, incluso, a la mitad, y es lógico y razonable interpretar, tal vez, que existen variaciones relacionadas con las características y condiciones generales del curso de agua, la cantidad y calidad de los recursos alimenticios y hasta con la presencia de los sitios de anidación y refugio que el mismo posee.

Se trata, con todo, de una especie que no ha sido aún estudiada con la suficiente profundidad y que, por esta misma razón, resulta para todos insuficientemente conocida. La explicación de esta circunstancia debe buscarse, seguramente, en el tipo de hábitat que frecuenta, que supone algunas dificultades para quien esté dispuesto a adentrarse en sus dominios, y en la relativa poca abundancia de unos animales, que, según se cree, son altamente sensibles a las alteraciones en la calidad del agua de los ríos en los que viven.

Pato de torrente, macho- Elio Daniel Rodriguez

Una de las observaciones que he realizado de los ejemplares de esta especie en nuestra región, efectuada en compañía del fotógrafo y amigo Ossian Lindholm, me ha permitido tomar contacto con lo que he interpretado como una llamativa conducta de distracción efectuada por un ejemplar macho, en aquel entonces padre de una familia que al momento de la observación estaba compuesta por los dos padres más dos prudentes y “obedientes” pichones.

Llegamos al lugar, situado a unos 1800 m.s.n.m., antes de media mañana y esperamos en un sitio en donde sabíamos  de antemano que podríamos encontrar a los patos; pero aunque aguardamos en silencio y parapetados casi sin movernos detrás de algunas grandes rocas a la espera de tener a la vista a las aves, éstas no aparecían. Decidimos extender nuestra búsqueda aguas arriba, pero el intento fue nuevamente vano; los patos de torrente, aquella mañana de mediados de septiembre, seguían sin aparecer.  Ante la alternativa de tener que volver sobre nuestros pasos sin ver a los animales que habíamos ido a buscar, decidimos insistir un poco y seguir el curso del río, remontando la pendiente, con la esperanza de que, finalmente, apareciera la silueta de alguno de ellos recortada sobre una roca que emergía del río; y finalmente el anhelo se cumplió.

Al ver que nos habíamos detenido y estábamos observándolos, los patos se escabulleron sin dejar rastros y era imposible ver allí más que las piedras, grandes o pequeñas y de formas redondeadas, y el agua transparente y burbujeante danzando entre ellas. Nos alejamos un poco, pensando que, tal vez, nuestra cercanía era lo que mantenía a los patos escondidos en algún sitio, y sospechando que en el intersticio que se formaba entre el suelo y una enorme roca, que proyectaba su sombra sobre el agua, se había guarecido la familia.

Eran un macho, una hembra y dos pequeños; solo dos pichones de los cinco que mi compañero había observado apenas dos semanas antes, durante los primeros días del mes de septiembre.  Es importante tener en cuenta esta sustancial disminución, que en este caso presentó la prole durante los primeros días de la crianza. De hecho, la enorme especialización a un tipo de hábitat que demuestran los patos de torrente, al igual que la precocidad puesta de manifiesto por los recién nacidos, que casi inmediatamente después de romper el cascarón acompañan a los mayores en sus incursiones, parecen no poder evitar, sin embargo, que  las perdidas sean, lamentablemente, considerables.

Pato de torrente – Elio Daniel Rodriguez

Pasados algunos minutos de atenta espera y ubicados nosotros varios metros cauce arriba, el macho, al que en ningún momento habíamos visto salir de la roca, se posó sobre una piedra que emergía del agua en el medio del río a unos 40 metros, bien visible, aguas abajo de donde nos encontrábamos. Permaneció allí como exhibiéndose, tratando aparentemente de llamar nuestra atención por algunos minutos y supusimos que había “cubierto” de igual manera, la fuga de la hembra y los pichones. Pero logramos advertir que los demás integrantes de la familia aún se hallaban ocultos bajo la roca y decidimos apostarnos cerca de ella, inmóviles, disimulados entre las piedras y con la esperanza de convertirnos, a la mirada de los patos, casi en parte del paisaje.

El macho, al ver fracasar su estrategia, pasó volando sobre el río, bastante cerca de nosotros, y rápidamente se recluyó nuevamente bajo la piedra. Repitió el plan de salir y mostrarse, seguramente para alejarnos con él de aquel lugar, pero como seguíamos allí, quietos, pronto vimos como apareció la hembra con uno de los pichones mientras el otro se encontraba al cuidado del macho, a cuidadosa distancia de nuestras posiciones, acercándose, sin embargo, de a poco mientras iban perdiendo parte del temor inicial. Dubitativa, la hembra no supo qué hacer durante largos minutos, pero después pasó con su retoño, nadando a favor de la corriente y observando de cuando en cuando desde alguna piedra nuestra extraña actitud.

Los patos de torrente habitan -como ya se ha señalado- los rápidos cursos de agua que se precipitan pendiente abajo desde las montañas. Esto supone vivir en un elemento donde se debe ser perfectamente capaz de lidiar con la fuerza del agua, que se arremolina con frecuencia o que cae en impetuosas cortinas liquidas, y donde hay que estar preparado para encontrar suficiente sustento en el caudal frío y cristalino, entre las pulidas piedras del lecho. En todo esto resulta un verdadero maestro el pato de torrente.

Su cuerpo presenta una forma notoriamente hidrodinámica, de líneas alargadas, que reducen considerablemente la resistencia a la corriente, una cola prolongada conformada por plumas timoneras rígidas, y unas patas fuertes con las que puede saltar, nadar y bucear con inigualable destreza, tanto a favor de la corriente como contra ella.

Son silenciosos y rara vez vuelan -aunque lo hacen para sortear, por ejemplo, alguna caída de dimensiones importantes o para desplazarse con mayor rapidez por sobre el curso del río- ya que en la extensión que conforma su territorio encuentran cubiertas todas sus necesidades.  Se alimentan casi con exclusividad de pequeños invertebrados, predominando en su dieta las larvas de los insectos acuáticos que viven adheridas a la superficie de las rocas. Para poder capturarlas, el pico se presenta delgado y de consistencia blanda, lo que le otorga cierta flexibilidad, ideal para introducirlo entre las piedras con el objetivo de obtener el alimento.

Así es el pato de torrente: un ave extremadamente tímida y recelosa de la presencia humana y, por lo tanto, difícil de ver; pero nadie puede poner en duda que representa una de las más bellas expresiones de nuestros ambientes naturales en general y de los ríos caudalosos de montaña en particular. Observar la manera en la que desarrollan su vida estos animales constituye un verdadero espectáculo, aún más impresionante cuando se contempla la aparentemente frágil figura de los pichones, tan extraordinariamente preparados para habitar esas aguas constantemente inquietas; esa correntada potente, que estalla en mil gotitas a cada encuentro con las piedras incesantemente fustigadas de las orillas.

 

Bibliografía:

-Canevari, M., Canevari, P., Carrizo G., Harris, G., Rodríguez Mata, J. y R. S. Straneck. Nueva guía de las aves argentinas. Tomos I y II. ACINDAR. Buenos Aires. 1991.

-Canevari, Pablo y Tito Narosky. Cien aves argentinas. Editorial Albatros. Buenos Aires. 1995.

-Cardona, William y Gustavo Katan. Comportamiento territorial y reproductivo del pato de torrentes (Merganetta armata) en la Cordillera Central de Colombia. Ornitología colombiana Nº 9. Colombia. 2010.

-Naranjo, Luis Germán y Victor Julián Ávila. Distribución habitacional y dieta del pato de torrentes (Merganetta armata) en el Parque Regional Natural Ucumari en la Cordillera Central de Colombia. Ornitología colombiana Nº 1. Colombia. 2003.

-Rodríguez de la Fuente, Félix. Enclopedia Salvat de la Fauna. Sudamérica – Australia e Islas. Tomo 15. Barcelona. 1986.

-Rodríguez Mata, J., Erize, F. y Maurice Rumboll. Guía de campo Collins / Aves de Sudamérica. Letemendia Casa Editora. Buenos Aires. 2006.

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