Pava de monte común

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UN AVE ESPECTACULAR

♦ Texto y fotografías: Elio Daniel Rodríguez

♦ Con unos 70 cm de longitud, la pava de monte común (Penelope obscura) es un ave que, en muchos casos, se ha vuelto muy desconfiada ante la presencia de los seres humanos; pero evidentemente esto se trata de una conducta aprendida a fuerza de pedradas o tiros de escopeta, ya que en ciertos lugares, donde estos animales no sufren presión cinegética, se muestran bastante mansos y permiten el acercamiento de las personas, sin experimentar el temor de tantos de sus congéneres sometidos a persecución.

En la coloración de la pava de monte común dominan los tonos pardo-oscuros, pero también se destaca el rojo de la región gular. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

En Argentina viven dos razas de esta especie. Por regiones del este del país se distribuye  Penelope obscura obscura,  que se encuentra en la porción oriental de Formosa y Chaco,  Misiones, norte de Santa Fe, parte de Corrientes y Entre Ríos, y en el delta del Paraná. Al oeste, ocupando territorios de las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán y Catamarca, la raza presente es Penelope obscura bridgesi. Fuera de los límites de Argentina la especie habita sectores de Bolivia, Brasil, Uruguay y Paraguay, donde se ha informado de algunos registros.

La pava de monte común se alimenta de brotes, hojas, flores, frutos, semillas e invertebrados. En la temporada seca, cuando los lapachos rosados, Handroanthus impetiginosus, están cubiertos de flores, es posible observar cómo las pavas de monte se alimentan de ellas con gran fruición. En relación al consumo de invertebrados, observé a una pava de monte atrapar gran cantidad de ellos en el suelo mientras se daba un baño de polvo; aunque no pude confirmarlo, casi seguramente se trataba de hormigas.

Aunque se trata de animales  de costumbres marcadamente arborícolas, no es raro verlas recorriendo el terreno, sobre todo los claros, los fondos  de las quebradas y los sitios menos enmarañados bajo la cubierta vegetal, de los cuales tienen más probabilidades de huir y salir ilesas ante la aparición de cualquier depredador, pero sin adentrarse demasiado en zonas muy abiertas y carentes de una bóveda arbórea. De hecho, es entre los árboles, en las ramas del nivel medio y no demasiado expuestas de las copas, donde halla esta ave su lugar más propicio para la vida y donde se siente más tranquila y a gusto. Allí, si un potencial peligro que la atemoriza va acercándose, ella irá desplazándose hasta alejarse, saltando de rama en rama o, después de despegar con ruidosos aleteos, volando desde un árbol  a otro cuando lo crea necesario, pero nunca a mucha altura ni en esfuerzos demasiados prolongados.

Aunque se trata de animales de costumbres marcadamente arborícolas, no es raro ver pavas de monte en el suelo, alimentándose o, más raramente, dándose baños de polvo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Suelen darse baños de polvo, para lo cual rascan primeramente con los dedos de sus patas un sector de suelo seco y seguidamente se echan sobre él apoyando sus partes ventrales. Luego se inclinan hacia un costado y, con la pata que ha quedado en mayor libertad de movimientos, rascan nuevamente la tierra echándosela sobre el abdomen, la cola y la rabadilla. También aletean y suelen restregar el cuello contra el suelo, de uno y otro lado, y picotear los alrededores. Realizan esta operación con el plumaje de las partes bajas de su cuerpo esponjado, y de tanto en tanto se incorporan y se sacuden, eliminando parte del polvo  acumulado. También las he visto echarse de lado para que las plumas de las alas se impregnen del polvo seco. Todo esto lo ejecutan sin abstraerse de lo que pudiera ocurrir en los alrededores, por cuanto una pava dándose un baño de polvo, completamente concentrada en ello y ajena de lo que pudiera suceder a su alrededor, podría convertirse en una presa muy fácil para cualquier potencial depredador. Aparentemente gracias a estos baños, las aves se desprenden de parásitos y pueden mantener su plumaje en buenas condiciones.

Su vida transcurre en parejas o en grupos -es poco frecuente ver ejemplares solitarios- , y cuando llega la época de la reproducción construye un nido con forma de plataforma de palitos y hojas en su interior, donde pone dos o tres huevos blancos.

Son características las vocalizaciones que producen, que permiten detectar su presencia desde lejos, ya que alcanzan notable intensidad y fuerza.

En cuanto a la coloración, los ejemplares de la especie presentan el plumaje del cuerpo pardo-oscuro con plumas marginadas de blanco, principalmente en el pecho y las cubiertas alares; tienen el cuello y la cabeza más oscuros, el pliegue gular rojo y la piel desnuda de la cara negruzca al igual que las patas.

Bibliografía:

De la Peña, Martín Rodolfo. 2015. Aves Argentinas / Incluye nidos y huevos. Tomo I. Ediciones UNL, Santa Fe. Eudeba, Buenos Aires.

Narosky, Tito & Yzurieta, Darío. 2010. Aves de Argentina y Uruguay / Guía de identificación. Vazquez Mazzini Editores. Buenos Aires.

Rodríguez, Elio Daniel. 2012. Aves del cerro San Bernardo y de las serranías del este de la ciudad de Salta. Fondo Editorial. Salta.

 

 

 

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