Plantas medicinales

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♦ CUANDO LA NATURALEZA ES LA CURA

♦ Las plantas medicinales están dejando de ser solo patrimonio exclusivo de nuestros ancestros memoriosos y han comenzado  a formar parte de la medicina ortodoxa. Fue a través de muchos siglos que el hombre ha ido descubriendo el poder curativo que para su salud podían tener muchas plantas, y, sólo en Argentina, se considera que existen unas 1200 especies que poseen algún tipo de utilidad medicinal. Jorge R. Alonso es médico egresado de la UBA, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Fitomedicina y autor de importantes publicaciones sobre el tema. A continuación nos habla del rol que las especies vegetales nativas han comenzado a tener en el ámbito de la salud, del valor de los conocimientos ancestrales   y del modo en que se investigan sus  propiedades curativas.

Jorge Alonso es médico egresado de la UBA y referente de la fitomedicina en Argentina. Fotografía: Gentileza de Jorge Alonso.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ ¿Qué relación existe en la actualidad entre la medicina convencional y el uso de las plantas medicinales?

Actualmente existe una buena relación, a partir especialmente de la incursión de muchos grandes laboratorios especializados en productos de síntesis, que empezaron a registrar también este tipo de productos. Esto les dio más confianza a algunos médicos ortodoxos, considerando que el aval de un laboratorio serio les daba el respaldo a los productos naturales. No obstante, el verdadero respaldo no debe tomarse por la sola conveniencia de un laboratorio grande o “serio” en incursionar en esta temática, sino que el verdadero respaldo parte de la comprobación científica del uso tradicional de muchas plantas medicinales.

¿Hay consenso en la comunidad médica acerca de la utilidad que para la cura, la prevención o el tratamiento de ciertas enfermedades pueden tener las plantas medicinales? En este sentido ¿cómo es el comportamiento de los profesionales médicos de nuestro país?

Muchos médicos comenzaron a conocer estos productos, como dije anteriormente, basados en la incursión que hicieron muchos laboratorios ortodoxos.  No obstante, existe también por parte de muchos médicos, la sana curiosidad por constatar qué es lo que muchos de sus pacientes consumen. Así, fueron descubriendo que gran cantidad de pacientes ya habían subsanado sus problemas inherentes a la consulta médica con plantas medicinales y habían dejado de tomar los remedios químicos prescriptos. Este hecho ya de por sí debe movilizar a un médico a entender las grandes limitaciones que suelen tener muchos de los productos convencionales. A ello debemos sumar la legislación, que empezó a obrar sobre estos productos, donde ha tomado parte el ANMAT y el Ministerio de Salud, sacando a dichos productos de las zonas “grises” donde antes estaban regulados. El apoyo de la OMS (Organización Mundial de la Salud) también fue un aliciente que revalidó la aceptación académica.

Flores de lapacho, Handroanthus impetiginosus. El uso etnomédico de este árbol se encuentra extendido en América Latina. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

¿Cómo se investigan, si se lo hace, las propiedades de las plantas medicinales en nuestro país?

Se investigan por los métodos convencionales: ello comprende estudios fitoquímicos, estudios in vitro, en animales, toxicológicos, y en la mejor de las suertes, la revalidación con ensayos clínicos.

– Así como nos ayudan en el combate a ciertas dolencias, ¿pueden también las plantas medicinales ser peligrosas? ¿En qué circunstancias?

Las plantas medicinales mal manejadas, o con dosis inadecuadas pueden resultar peligrosas, especialmente si se dan a lactantes o niños muy pequeños, sin saber las dosis y los componentes. También resulta peligroso dar una planta junto a un medicamentos sintético, ya que pueden interactuar entre sí.

Flores de Santa Lucía, Commelina erecta. Popularmente se usa esta planta como descongestivo ocular. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

¿Ocupan algún lugar en los estudios científicos los saberes ancestrales acumulados en el transcurso de generaciones sobre este tema?

Son fundamentales, ya que el conocimiento empírico es el que permite dilucidar por dónde empezar con los ensayos preclínicos. Por ejemplo, es mucho mejor iniciar un estudio de una planta en el campo de la parasitosis si ya se conoce que la gente emplea dicha planta con ese fin. Arrancar de “cero”, es decir sin ninguna información etnomédica, resulta imposible, ya que puede llevar muchísimos años saber para qué sirve dicha especie.

¿Puede hablarse de diferencias en el uso o investigación de plantas medicinales entre países desarrollados y aquellos que están en vías de desarrollo?

Efectivamente los países desarrollados cuentan con elementos más sofisticados (desde lo tecnológico) y apoyos económicos mucho mejores para llevar adelante muchas investigaciones. Lo paradójico es que la mayoría de los estudios los hacen los países más desarrollados, siendo precisamente estos países los que menos necesidades tendrían de depender de este tipo de productos.  De ahí la importancia de tener políticas de salud por parte de países en desarrollo para fortalecer su patrimonio florístico y darle un valor agregado a sus investigaciones. El ejemplo de Perú en este aspecto, es digno de mención, ya que ellos impulsaron en el mercado internacional (gracias a sus políticas de estado) sus plantas medicinales, como ser el caso de la maca, la graviola, la uña de gato, el sacha inchi, etc.

Flores de uña de gato, Dolichandra unguis-cati. A esta planta se le adjudican propiedades antiinflamatorias. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

¿Qué pasa con la fitoterapia en cuanto a la formación de profesionales médicos? ¿Se enseñan estos saberes en las universidades?

Por suerte, lentamente se va incorporando información de plantas en la currícula médica. De hecho yo dirijo cinco posgrados en la facultad de medicina de la UBA, entre los cuales destacan Fitomedicina, Medicina Indígena Americana y Fitodermatología. Los otros dos posgrados están relacionados con los alimentos (Nutrición Ortomolecular y Alimentos Funcionales y Nutracéuticos). En muchas otras universidades de Latinoamérica se dictan también posgrados de Fitomedicina, y tengo el honor de dirigir algunos de ellos.

 ¿Qué plantas medicinales le vienen a la mente si hablamos del noroeste argentino? –

Son varias: La chachacoma, el chañar, el yacón, la muña muña, el pañil o matico, etc. Una que me gusta mucho es el pus pus (Zuccagnia punctata) con muy buenas virtudes como antimicótica.

Flores de palán palán, Nicotiana glauca. Un uso popular que se da a esta planta tiene que ver con el alivio de dolores reumáticos y traumáticos. Fotografía Elio Daniel Rodríguez

¿Podemos decir que la tarea de relevamiento de datos en diferentes regiones del país está concluida en la actualidad o falta aún mucho por conocer?

Se ha hecho mucho, pero también falta aún. Podemos decir que está hecho un 70-75% del trabajo.

¿Estamos sabiendo preservar nuestros recursos fitomédicos? Con las altas tasas de desmonte que actualmente tienen lugar en nuestro país principalmente para la implantación de monocultivos ¿podríamos estar perdiendo para siempre especies vegetales que nos puedan ayudar a combatir enfermedades presentes o futuras?

Hay muchas plantas en vías de extinción lamentablemente. Las inundaciones, la deforestación no regulada, los incendios forestales y la falta de leyes de protección, hacen que esto sea una constante.

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