Por la quebrada de Escoipe y la Cuesta del Obispo

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♦ UN ASCENSO DESLUMBRANTE

♦ Hermosos e imponentes paisajes son los que presentan la quebrada de Escoipe y la Cuesta del Obispo, en la provincia de Salta. A continuación, entre otros aspectos muy interesantes, se explican algunas de sus peculiaridades geológicas, su historia como vía de comunicación, y los destructivos efectos que pueden llegar a tener sus “volcanes de barro”.

Por la quebrada de Escoipe discurre el río homónimo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Ricardo N. Alonso  (Doctor en Ciencias Geológicas, UNSa-CONICET)

♦ Uno de los cañones más pintorescos de la geografía salteña es la quebrada de Escoipe, vía natural para alcanzar, desde el valle de Lerma, el sector norte del valle Calchaquí a lo largo de la ruta provincial N° 33. Entre ambos valles hay un bloque tectónico formado por un amasijo de serranías orientadas en sentido norte-sur, adosadas y cabalgadas unas a otras, que alcanzan su altura máxima en el cerro Malcante, con 5.226 m sobre el nivel del mar.

La quebrada de Escoipe, que contiene al río homónimo, corta transversalmente esa estructura geológica y corre a lo largo de 50 km desde sus nacientes occidentales en la Cuesta del Obispo hasta su salida en Pulares, en la región de Chicoana, con un rumbo general oeste-este. Camino del Inca primero y ruta de los conquistadores después, la quebrada fue hoyada por oleadas de viajeros desde tiempos inmemoriales.

En todo su recorrido la variedad de formaciones geológicas multicolores, las formas del relieve, y las transiciones de alturas, vegetación y clima, dan lugar a un marco paisajístico espectacular, de gran atractivo turístico. La entrada a la quebrada es de un verde profundo formado por una frondosa vegetación donde sobresalen grandes árboles (laureles, cebiles, tipas, nogales silvestres, cedros, etc.) y vegetación epífita y parásita (bromelias, helechos, líquenes, orquídeas, etc.). Precisamente, la boca de la quebrada, con precipitaciones de 1200 mm anuales, es un famoso lugar de paseo conocido como “Los Laureles”, que hizo las delicias de los salteños amantes de los picnics medio siglo atrás.

A poco de andar se alcanza Chorro Blanco, donde el puente cruza el río Escoipe, y se observan potentes estratos de roca calizas amarillas pertenecientes a la Formación Yacoraite. Más tarde el camino bordea rocas areniscas de color rojo hasta Las Ánimas y luego de algunos kilómetros se alcanza Mal Paso, donde está el campamento de Vialidad y a través de un viejo y vistoso puente de hierro se cruza el río. Se trata de una parada obligada para observar no sólo el bello paisaje sino también los apilamientos de rocas pizarrosas del basamento antiguo (Precámbrico), montando por una espectacular falla geológica sobre las areniscas rojas y las calizas amarillas (Cretácico).

Un viejo y vistoso puente de hierro cruza el río en el paraje “Mal Paso”, una parada obligada para apreciar la naturaleza del lugar y su impactante geología. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

El camino continúa pasando por Agua Negra, río Malcante, y Huayra Huasi, hasta alcanzar la localidad de San Fernando del Valle de Escoipe, a 1.860 msnm. Toda la región ha sufrido desde tiempos inmemoriales los famosos “volcanes de barro”, torrentes de lodo y rocas que se desplazan como coladas densas que arrasan todo a su paso. Ellos son producto de laderas con fuertes pendientes, materiales sueltos inestables, y veranos con lluvias copiosas. Uno de los más destructivos fue el de 1976, que sepultó parte del viejo pueblo, destruyendo la casa habitación de mi tío abuelo Domingo Alonso.

Dos de mis tíos abuelos, Basilio y Domingo, habían llegado allí a principios del siglo XX. El lugar se transformó en posada y fonda para quienes bajaban con sus arreos de mulas cargados desde los valles con cueros, vino, pasas, especias, lana, tejidos y los canjeaban por harina, azúcar, yerba, ropa y otras mercaderías que venían desde Salta. Mi padre transportaba esas mercaderías en un viejo camión Ford 1937, por un camino que corría en gran parte a lo largo del río con el peligro y las penurias que representaban aquellas crecientes del verano.

Mi primer viaje a Escoipe fue hace 56 años cuando contaba con una semana de vida. Desde entonces la geología y los fenómenos de la quebrada no me han sido ajenos. No es raro entonces que sienta una gran subjetividad cuando trato de enmarcar un anecdotario de ya medio siglo en esta corta nota. En Escoipe vivió cuando era niño Bruno Baldis, hijo del ingeniero que trazó la Cuesta del Obispo, quién llegó a ser uno de los grandes geólogos argentinos. Cientos de personalidades de la literatura, la historia, la política y la ciencia pasaron alguna vez por ese sencillo poblado y ello merece un anecdotario aparte.

Al comenzar a ascender la Cuesta del Obispo el paisaje se ofrece imponente a la vista. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Continuando el viaje llegamos a la hostería de El Maray, donde se aprecia una vista espectacular de farallones de areniscas rojas lavadas, que cada tanto son sobrevoladas por algún cóndor. Algunos kilómetros más arriba está el desvío a viejas minas de cobre explotadas desde tiempos coloniales (Custodio, Salamanca). La ruta sigue con la misma espectacularidad de capas multicolores pasando por el Pie de la Cuesta, San Martín y Yonar, donde el camino va comenzando a zigzaguear en curvas y contracurvas. En una de ellas, llamada “La Herradura” se encontró en 1959 el primer yacimiento de uranio en rocas margosas que abrió pie a los hallazgos del Valle del Tonco con la famosa mina “Don Otto”. Todavía quedan allí los socavones de exploración y mineralizaciones de fosfatos hidratados de uranio y calcio.

Finalmente se llega a la Piedra del Molino a 3.350 msnm., altura máxima de la Cuesta de Obispo, dueña de una vista panorámica espectacular. Ese lomo de montaña es la divisoria de las aguas, corriendo hacia el oeste las que van al Valle Calchaquí y hacia el este las que alimentan las cabeceras del río Escoipe. Entre la boca de la quebrada a 1.330 msnm y el abra de la Piedra del Molino, se han ascendido a lo largo de unos 50 km de recorrido, unos 2 km en la vertical. Ello es suficiente para pasar desde el ambiente húmedo selvático de Los Laureles hasta pastizales secos de altura con precipitaciones menores a 200 mm anuales.

Cuesta del Obispo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Las diferencias de alturas y de pendiente se hacen mayores cuando se estudia un perfil entre el cerro Malcante (5.226 msnm) y su salida en el río Escoipe (1.800 msnm), donde las diferencias de cota superan los 3.400 metros en 14 km de distancia. Ello da pie a los fenómenos de remoción en masa en la comarca, donde el relieve está sometido a un feroz desgaste hidráulico que pone en riesgo la vida y los bienes de los que allí habitan. A esto se suman los viejos colapsos de laderas por sismos históricos que fueran estudiados en la década de 1980 por el Dr. William J. Wayne y su esposa Naomí, de la Universidad de Nebraska (Lincoln), en colaboración con el suscripto.

La economía de subsistencia a lo largo de la quebrada está basada en la cría de ovinos y caprinos y en los escasos espacios cultivables donde se obtiene poroto “pallar”, maíz capia, habas, así como duraznos, manzanas, peras y nueces de Castilla. Más allá de cualquier juicio de valor, la quebrada de Escoipe es una apoteosis de relieves que conjugan una sinfonía de formas y colores de alto valor estético y paisajístico, digno del más exquisito de los visitantes.

 

 

 

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