¿Qué es un naturalista?

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♦ ENAMORADOS Y ESTUDIOSOS DE UN MUNDO BELLO, COMPLEJO Y DIVERSO

Un verdadero naturalista encuentra atractivo e interesante cualquier elemento o ser vivo de la naturaleza, pues posee un espíritu “lirico”, que halla poesía y belleza en todo cuanto lo rodea. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Lázaro Juan Novara

♦ 05 – 08 – 2018

Un verdadero naturalista, el “lírico” por excelencia, es aquella persona que además de amar y estudiar la naturaleza, goza y disfruta de todas las revelaciones que ésta a cada instante le brinda. Es quien se sorprende cuando arrodillado en el suelo descubre una nueva especie de hormiga entre la hierba, una nueva flor o un fósil entre las rocas. Es quien se sobrecoge cuando al levantar la vista observa el fragor de una nube de tormenta, o quien se emociona cuando lo sorprende una puesta de sol apacible entre los cerros…

Pero todo ello no alcanza para definir el espíritu de un naturalista. Naturalista es una persona que ama el trabajo en soledad y al aire libre, sin que por ello ignore la labor en la biblioteca y el laboratorio, que le permiten comprender mejor los fenómenos que a diario observa. Puede pasarse horas encerrado, absorto ante un libro o un microscopio y sentir fastidio cuando el reloj le indica que ya es hora de retirarse. Es una persona que detesta las aglomeraciones y rehúye de los eventos sociales. Por lo general introvertido, prefiere la aventura de un paseo entre los cerros donde no hay caminos, con su mochila y sus elementos de trabajo a cuestas, antes que una reunión social, donde, si asiste por compromiso, por lo general permanece callado, pensando en su trabajo o vaya a saber en qué.

Como enamorado y estudioso de las cosas de la naturaleza que es, el naturalista se sorprende y se detiene ante una flor extraña o que quizás no vio antes. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

A no ser que las circunstancias lo obliguen, o que encuentre otro naturalista con alma gemela a la suya, casi nunca habla de lo que hace. Lo disfruta solo. Él lo sabe y sabe que no lo entienden, entonces, ¿para qué contar y hablar de cosas que a los demás no alcanzan a llegarles? Lo mejor, según su criterio, es quedarse callado y pasar desapercibido.

Casi siempre observa la naturaleza para sí, porque nunca se cansa de seguir aprendiendo las cosas nuevas que ésta a diario le brinda. Mientras más estudia, más sabe que nunca es suficiente. Todo lo quiere conocer para satisfacer su natural curiosidad. En el camino ve lo que la mayoría de las personas no saben observar. Carece de capacidad e intuición para las cosas materiales. No sabe hacer fortuna. Casi siempre vive pobre y muere pobre. Pero no le importa, su felicidad no está en los bienes ni en el dinero. Para él, la felicidad está en lo que hace y no en lo que tiene. A menos de que provenga de una familia pudiente, suele suceder de que dependa por completo de un cargo oficial de profesor, de técnico o investigador que apenas le permite comer; y tal vez no sabría qué hacer si lo despiden de ese puesto.

Pasa su tiempo saliendo al encuentro de la naturaleza, o bien encerrado entre libros, tratando de comprenderla. Aborrece la notoriedad y la publicidad, le disgustan los cargos jerárquicos, que lo atan a un sistema burocrático y social que casi nunca comprende. Acepta con sumo agrado la compañía de jóvenes con poca experiencia pero con idéntico amor a la naturaleza y afán por descubrirla. Cuando se rodea de ese grupo bisoño, en el que él ya es un líder por su larga experiencia, entonces se ha convertido en maestro. Formó su propia escuela en donde muestra los senderos que él ya ha transitado y se siente feliz de que otras personas sigan su propio camino. Sabe que algún día sus discípulos lo superarán llevando los conocimientos sobre la naturaleza más lejos de lo que él alcanzó con su propio esfuerzo. Y se siente realizado por eso.

Un naturalista se sobrecoge ante el anuncio que de una tormenta hacen las oscuras nubes en el cielo. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

A esa persona, reacia a comentar lo que hace, la gente no le presta atención, y a él no le importa; al contrario, lo prefiere. Por ese motivo son pocos los que conocen la permanente labor que realiza y los lugares en que trabaja, y por eso, rara vez consigue comprensión y ayuda.

 

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