Sabios en “tierras lejanas”

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♦ EL PASO POR SALTA DE MAX SIEWERT, PAUL G. LORENTZ Y GEORG HIERONYMUS

♦ De los científicos alemanes que Sarmiento trajo a la Argentina para fundar la Academia de Ciencias de Córdoba, dos de ellos, por distintos motivos, permanecieron durante un período de su vida en la ciudad de Salta. El Profesor Dr. Max Siewert, que durante un año dictó clases en la antigua Escuela Agronómica, luego cerrada, y el Dr. Paul Günter Lorentz, botánico, que recorrió nuestro suelo durante varios meses acompañado por otro prestigioso sabio alemán, el Dr. Georg Hieronymus, quien actuaba en calidad de asistente y ayudante. Ambos recolectaban plantas silvestres y se convirtieron en los primeros creadores de un herbario, desde el punto de vista científico moderno, con vegetales salteños.

Parados, de izquierda a derecha, Pablo Lorentz, Carlos Schultze Sellack y Alfredo Stelzner. Sentados, Max Siewert, Augusto Vogler y Fritz Weyenbergh.

♦ Por Lázaro Juan Novara

♦ Con la creación de la Academia de Ciencias de Córdoba, mediante la Ley 323 del 11 de Setiembre de 1869, se autorizaba “… al Poder Ejecutivo para contratar dentro o fuera del País hasta 20 profesores, que serán destinados a las Ciencias Especiales en la Universidad de Córdoba y en los colegios nacionales”. Gracias a ello, entre octubre de 1870 y noviembre de 1873 arribaron a la Argentina seis especialistas en Ciencias Exactas y Naturales, que marcarían un nuevo rumbo para el estudio de las ciencias en el país. El primero en arribar fue Paul Günter Lorentz, botánico sajón de 35 años de edad. Al mes siguiente llegó Max H. Siewert, químico, único holandés del grupo donde todos, menos él, eran alemanes. El 6 de abril de 1871 accedió a Córdoba el Dr. Alfred Wilhelm Stelzner, geólogo; minerólogo para mayor precisión. Al año siguiente, en septiembre, llegó Hendrik Weyenberg, zoólogo. En agosto ingresó el Dr. Carlos Schultze Sellack, físico, y en noviembre arribó el sexto: el Dr. Christian August Vogler, matemático.

Así compuesto el primer cuadro profesional, comenzaron sus actividades en Argentina, no sin grandes tropiezos, debido principalmente a la falta de medios y a las desavenencias que hubo entre varios de ellos y el organizador de la Academia, el Dr. Carlos G. C. Burmeister, por razones que sería largo de explicar. De este “gran grupo de seis”, dos de ellos tendrían relación con la provincia de Salta. Quizás, el más ligado a nuestra sociedad haya sido el químico Siewert, quien luego de ser dejado cesante en Córdoba junto a Weyenberg y Vogler por los desentendimientos ya comentados con Burmeister, se radicó con su familia en Salta en 1874, aceptando el cargo de profesor en la Escuela Agronómica. Dice Marsal (1970: 374): “El presidente Sarmiento reconoció que no debía perder a algunos de estos valiosos científicos y nombró… a Siewert en la Escuela Agronómica de Salta (en algunos documentos designada como Instituto o Quinta Agronómica). Siewert actuó en Salta hasta 1874, pero la escuela fracasó por falta de interés y conocimientos básicos de la juventud que podría haberse inscripto y fue cerrada por ley del 6 de Junio de 1876, conjuntamente con todas las otras escuelas de agronomía existentes en las provincias. Sarmiento, desde su banca de senador nacional, se opuso tenazmente a esta supresión de escuelas”. Más adelante sigue diciendo Marsal: “El Prof. Siewert se encontraba en malas condiciones en Salta, el paludismo que lo había atacado casi desde su llegada a Córdoba le producía muchas molestias y reducía su capacidad de trabajo. Ante la decisión del Congreso Nacional clausurando la escuela y de los pocos medios para trabajar que obtenía, decidió regresar a su país natal. La estada de este distinguido científico en Salta, ha pasado casi desapercibida y no he podido obtener datos de su actividad en ese período. En el Colegio Nacional solo queda una mención que ocupaba una lista de profesores”. Al respecto, Lávaque (1970: 328) comenta solamente que fue un “… químico alemán de corta actuación (en Salta)”. Vuelto a Europa se hizo cargo del Instituto de Experimentación Agrícola de Danzig, puesto que ocupó hasta su muerte, el 16 de Febrero de 1890. Según Marsal (loc. cit.) el elogio fúnebre publicado en un diario de Danzig dice: “Ha muerto como un soldado en su puesto”, víctima de una septicemia contraída en el laboratorio. Tenía en ese momento 59 años y dejó a su viuda y cinco hijos, cuatro de ellos argentinos.

El botánico Pablo Lorentz. Tuvo con Argentina lo que podría definirse como “amor a primera vista”. 

LORENTZ Y SU PRIMER VIAJE A TUCUMÁN

El botánico Lorentz fue designado por decreto del día 16 de marzo de 1870 en el que se le fijaba en cuantioso sueldo de 200 pesos fuertes mensuales; toda una fortuna para la época. Llegado a Córdoba, en octubre de ese año, encontró que la facultad recién se formaba. No se podía pensar en iniciar las clases, estaba todo por hacerse, y la obra era tan grande que solicitó de inmediato el nombramiento de un ayudante. Para tal fin, recomendó al Dr. Georg Hieronymus, joven científico silesiano de sólo 26 años de edad, que fue prontamente aceptado. Ante tal panorama, unido a su desconocimiento del idioma castellano, y mientras esperaba la llegada de su asistente, Lorentz se dedicó en soledad y con gran ahínco a recolectar plantas de los alrededores de la ciudad de Córdoba, formando un herbario, el primero que se hacía en la Argentina con criterio moderno. Decía Lorentz en su informe científico que “habiendo adquirido un conocimiento práctico de la flora en estos parajes y ya trocadas las primeras impresiones, confusas, en un conocimiento preciso de la vegetación de las localidades exploradas, podía pensar en emprender un viaje más largo para conocer otra vegetación diferente a la que ofrece la provincia de Córdoba, la cual tenía tanto más deseo de conocer, cuanto más entusiasmo excitaba en los viajeros que podían apreciar en algo su riqueza y hermosura”. Así, organizó un primer viaje junto con el Dr. Stelzner, quien lo acompañó en parte, yendo a Tucumán por Santiago del Estero y pasando a Catamarca por la sierra de Aconquija, Siambón, Valle de Santa María, El Arenal, mina de Capillitas, Andalgalá y Pilciao. Volvió a Tucumán por la Cuesta de Escaba y de allí retornó a Córdoba por Monteros, Medina, Graneros, Albigasta (hoy Frías), Recreo, Salinas Grandes y Quilino. Este primer viaje se inició el 23 de Noviembre de 1871 y finalizó el 30 de Mayo de 1872. Fueron más de seis meses de sacrificios, pero con las alforjas llenas de novedades para la ciencia a su regreso. En este primer viaje  Lorentz no llegó a Salta, pero quedó tan fascinado por la flora tucumana que esto le sirvió de inspiración para organizar otro viaje más largo, que lo conectaría con nuestro suelo.

EL GRAN VIAJE A BOLIVIA

El Dr. Hieronymus llegó a Córdoba en septiembre de ese año, en momentos en que Lorentz se hallaba organizando la segunda expedición, en la que intervendrían ambos y en la que pasarían por Salta para llegar hasta Bolivia. Esta gran aventura se inició en Córdoba el 8 de noviembre de 1872. Por las tarjetas de herbario que consulté, en su itinerario pasaron por Quilino, Salinas Grandes y Catamarca (hoy San Fernando del Valle), habiéndose detenido varios días en su capital. Hasta allí. el viaje se realizó con mucha prisa, de modo que no deben de haber herborizado demasiado en su trayecto. En Catamarca concretaron al menos una excursión a la Quebrada del Tala y Chacrita de los Padres. Continuaron luego hacia Tucumán, donde estuvieron recolectando plantas desde el 6 de diciembre. El año nuevo de 1873 los encontró en el departamento de Tafí, y permanecieron todo enero en esa provincia. Recién para el mes de febrero ingresaron a la provincia de Salta por el antiguo camino que seguía un trazado próximo a la actual Ruta 9, pasando por La Florida (cerca de El Tala) y un paraje denominado Prino, que no pude ubicar en los mapas modernos. Pasaron por Rosario (hoy Rosario de la Frontera), haciendo una breve escala en Nogalito (Posta de Yatasto). Se detuvieron en el antiguo pasaje del río Juramento y siguieron por las cumbres de Guaguayaco, El Chamical,  Finca La Cruz y La Quesera, sobre la actual Ruta Provincial 48.

Georg Hieronymus acompañó a Lorentz como asistente y ayudante.

EN LA CIUDAD DE SALTA

No encontré antecedentes sobre la fecha exacta en que ingresaron a la ciudad, hecho que sin dudas ocurrió entre el 22 de febrero y los primeros días de marzo de 1873. El detalle de su estadía con los salteños se perdió en la noche de los tiempos: dónde se alojaron, con quiénes estuvieron, dónde contrataron caballos y baqueanos… Sólo pude averiguar que luego de un breve descanso de pocos días realizaron un viaje en mula y con cargadores, que, por la inaccesibilidad del terreno, el interés de su flora y la grandiosidad del paisaje, les resultó una excursión inolvidable, como aún hoy lo sería para cualquier botánico.

 LA ASCENCIÓN AL NEVADO DE CASTILLO

El viaje que realizaron fue de tanta importancia para la ciencia botánica, que a principios de la década de 1950, otros dos grandes botánicos modernos, los Dres. Hermann Sleumer y Federico Vervoorst, lo repitieron para obtener, en las mismas fechas que Lorentz y Hieronymus, ejemplares similares de idénticas especies de plantas que recolectaron éstos y que técnicamente denominan “corotipos”. Según datos del mismo Dr. Vervoorst, salieron de Salta el 9 de Marzo de 1873, pasando por San Lorenzo. Continuaron luego hacia el norte a través de Castellanos y Lesser. El día 11 hicieron campamento en Yacones, cerca del arroyo Huaico Hondo, remontándolo al día siguiente hacia el oeste por un tramo de 8 km hasta la desembocadura del río Potrero de Castillo, a 2.300 msnm.

Al día siguiente, siempre aguas arriba, llegaron a la Cuesta del Carancho (2.800-3.200 m s.m.). El 15 recorrieron Mal Paso y La Ciénaga (3.950 m). Pasaron por Real de los Pastores y Azul-Azul. Un día después volvieron por la quebrada a Mal Paso y de allí fueron a El Valco (3.450 m), alcanzando Las Cuevas, cerca de Tres Lagunas (4.250 m). Entre los días 19 y 24 recorrieron la base del nevado del Castillo, retornando a Salta por el mismo camino en un tiempo que con seguridad no fue inferior a los 3 días. Por el material que recolectaron, hay referencias de que el 29 de ese mes herborizaron plantas en los alrededores de la ciudad.

Resulta admirable pensar en la forma que hacían sus viajes, sin ningún tipo de apoyo, llevando en sus alforjas lo que pudieran cargar luego de haber acomodado sus prensas para secar plantas y salir por parajes totalmente desolados, en donde un accidente, por pequeño que fuere, significaba una muerte casi segura. Dormían a la intemperie, con temperaturas inferiores a cero grado, con seguridad mojados por el rocío, las lluvias  y por transitar en cauces de ríos aún crecidos desde el mes de febrero, ¡Y esto no era más que una pequeña excursión en un alto del gran viaje de miles de kilómetros que hacían desde Córdoba a Bolivia!

Otra salida que efectuaron fue por el río Mojotoro hasta el fuerte de Cobos. A mediados de abril tomaron camino a Jujuy; ingresaron por la quebrada de Humahuaca pasando por Volcán, Tilcara y Yavi. Pasaron a Bolivia por el actual Villazón y descendieron a Tarija por el Valle del Tambo. Regresaron a la Argentina herborizando en Santa Victoria e Iruya, y llegaron al Valle de Zenta (San Ramón de la Nueva Orán) a mediados de julio de 1873. Al mes siguiente hicieron un ingreso al chaco salteño por donde hoy se encuentra el ramal ferroviario a Formosa. A mediados de agosto llegaron al antiguo Fortín Dragones, y desde allí volvieron a Orán.

Permanecen allí hasta mediados de octubre, y ya en la segunda quincena de ese mes, regresaron a la ciudad de Salta pasando por Santa María, San Lorenzo (cerca de Ledesma), San Pedro y Salta por Cobos y Mojotoro. Permanecieron por segunda vez en nuestra ciudad unos veinte días durante noviembre, abandonándola para siempre a principios de Diciembre, cuando tomaron rumbo al sur por el valle de Lerma, por lo que hoy es la Ruta 68 a traves de Cerrillos, Coronel Moldes, La Viña y Guachipas. Entre el 7 y 11 de diciembre herborizaron en la  “Cuesta entre Guachipas y Ojo de Agua” (hoy cuestas del Cebilar y del Lajar), El Carmen y estancia El Rincón. Pasaron a Pampa Grande y entraron a Tucumán por La Florida. Llegaron de regreso a Córdoba en febrero de 1874, luego de un viaje de 16 meses en el que recorrieron cerca de 4.000 km.

Subida al Nevado de Castillo. Fotografía: Lázaro Juan Novara.

LAS PLANTAS DE LORENTZ

Acostumbrado como estaba a los grandes herbarios y bibliotecas europeos, y careciendo aquí de los elementos necesarios para el trabajo científico, Lorentz señalaba: “Aquí he sido el primer botánico que ha venido al país y por mucho tiempo el único, estando al principio falto de recursos suficientes para la clasificación, el autor de estas líneas (refiriéndose a sí mismo) se dirigió a Europa para conseguir la asistencia de un perito que reuniese a los conocimientos los recursos necesarios para ayudarle en este trabajo, y su buena suerte le deparó al Sr. Profesor Grisebach de la Universidad de Gottingen”. De cada planta que herborizaba formaba dos ejemplares, uno para la Academia de Córdoba y el otro para el Dr. A. Grisebach, quien los determinaba científicamente en la bien provista biblioteca que poseía y de la que carecía Lorentz, remitiéndole luego los nombres por carta. Grisebach nunca estuvo en la Argentina, pero con esos ejemplares de herbario que recibía de Córdoba, y que sumaron más de 2.000, publicó dos obras que serían fundamentales para la botánica en nuestro país. El primer trabajo  lo tituló “Plantae Lorentzianae” (Las plantas de Lorentz) en 1874, obra de 232 páginas en la que describe 927 especies y 83 variedades, de ellas, 394 endémicas argentinas y, de este número, 311 descriptas por primera vez para la ciencia. Describió además 12 géneros desconocidos hasta ese entonces. En 1879 el mismo Grisebach publicó su “Symbolae ad floram argentinam”, de mayor extensión aún y que contiene las plantas recolectadas por Lorentz en Salta. Ambas obras se convirtieron pronto en verdaderos clásicos de la literatura botánica y su consulta aún hoy es obligada para quienes trabajan en este tema.

Los duplicados que estaban depositados por Grisebach en el museo de Berlín se destruyeron durante un bombardeo en 1944, por lo que hoy queda solamente la copia de ellos en Argentina, en el Museo Botánico de Córdoba.

Lorentz tuvo por Argentina lo que podría llamarse “amor a primera vista”. Ante el cúmulo de sinsabores de todo tipo que tuvo que afrontar, nada le hubiera costado volver a Alemania donde era bien conocido y respetado, tal como lo hicieron todos los colegas traídos por Sarmiento. Pero su deseo de permanecer en el país y convertirse en un “gaucho rubio” ya lo había manifestado en su informe científico al decir: “Es mi ardiente deseo poder dedicar el resto de mi vida a tarea tan sublime (se refería a desarrollar la botánica en la Argentina) y pasarlo en un país tan rico y simpático”. Muy pronto aprendió bien nuestro idioma. Posteriormente, por motivos similares a los de Siewert, Vogler y Weyenberg, Lorentz fue separado de su cargo en Córdoba y nombrado profesor de Botánica en el prestigioso Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos. Participó en la expedición al desierto del General Roca junto a los Dres. A. Doering, F. Schulz y G. Niederlin en calidad de agregados científicos. Enfermo por las penalidades de sus viajes y sinsabores del trabajo, murió en Entre Ríos el 6 de octubre de 1881, dejando una joven viuda sin hijos, a los pocos meses de casado. Es el único sabio del primer “gran grupo de los seis” cuyos restos hoy descansan en Argentina.

A la expulsión de Lorentz de Córdoba, sin querérselo ni proponérselo Hieronymus fue nombrado como su reemplazante. Como su antiguo jefe no había logrado iniciar el curso académico de Botánica, el ex asistente se convirtió en el primer profesor universitario de este tema, con criterio moderno, en la República Argentina. Por causas no bien establecidas, volvió Hieronymus a Alemania en 1883 donde se dedicó al estudio de las algas, su especialidad. En 1892 ingresó como curador del Herbario del Museo de Berlín. En el otoño de 1920 sufrió un ataque de apoplejía y murió en Berlín el 18 de enero de 1921.

Durante los 12 años de vida científica que desplegó Lorentz en nuestro suelo, publicó varios trabajos entre los que se destacan: “La vegetación del nordeste de Entre Ríos” donde enumeró más de 600 especies; un récord, considerando la reducida superficie estudiada y la falta de medios para hacerlo. Su “Descripción de una excursión botánica hecha en el mes de febrero de 1876 al nordeste de la provincia” editada junto a la obra anterior, da una idea clara sobre la forma en que se realizaban los viajes científicos hace 100 años. De dicha excursión comenta que la efectuaron a caballo junto con un pesado carro de dos ruedas. Viajó con un amigo y tres discípulos suyos, acompañándolos tres peones conchabados para “diversos servicios de viaje y de la colección de objetos naturales”.

Algunos de sus conceptos son sabios y rectores aún para científicos de nuestros días y muchos poseen una vigencia notable: “El hombre dedicado a la ciencia debe tener la misma paciencia y dedicar el mismo trabajo a cualquier objeto sometido a su estudio, sin cuidarse si los resultados serán sorprendentes o modestos… la tarea de la ciencia es no limitar sus estudios a objetos interesantes que prometen grandes resultados que hasta a los legos imponen”.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Grisebach, A. 1874. Plantae Lorentzianae. Bearbeitung der I und II Saurmlung argentinischer Pflanzen des Prof. Lorentz zu Córdoba. Abhandl. Konigl. Gess. Wissensch. Gottingen 19: 49-280.-

Grisebach, A. 1879. Symbolae ad floram argentinam. Ibid. 14: 1-345.-

Lávaque, R. J. 1970. Los farmacéuticos y químicos de Salta en el siglo pasado. Bolet. Acad. Nac. Cienc. Córdoba 48 (1-4): 325-330.-

Lorentz, P. G. 1878. Informe científico sobre el resultado de los viajes y excursiones botánicas, hechas desde el mes de Noviembre de 1870 hasta el mismo mes de 1872. Bolet. Acad. Nac. Cienc. Exactas 2: 92-166.-

Lorentz, P. G. 1878 (b) La vegetación del nordeste de la Provincia de Entre Ríos. Informe científico. Buenos Aires.-

Lorentz, P. G. 1878 (c) Descripción de una excursión botánica  hecha en el mes de febrero de 1876 al nor-este de la Provincia de Entre Ríos.-

Marsal, A. 1970. La química en Córdoba en el Siglo XIX. 1) Max Hermann Siewert  Ph. D. Bolet. Acad. Nac. Cienc. Córdoba 48 (1-4): 371-382.-

Vervoorst, F. 1970. Lorentz y Hieronymus, primeros botánicos científicos de la Academia de Ciencias de Córdoba. Bolet. Acad. Nac. Cienc. Córdoba 49: 65-70.

 

 

 

 

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