Silencios profundos y “dunas que cantan”

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♦ SOBRE EL HUANCAR DE ABRA PAMPA Y ALGUNOS OTROS LUGARES

♦ ¿Representa el silencio un valor en sí mismo? ¿Emiten sonidos “musicales” las arenas? ¿Existen realmente las “dunas cantoras”? En el siguiente artículo se analiza la cuestión y se proponen lugares con alto potencial en este tipo de atractivos, presentes en el noroeste argentino.

Al fondo, el cerro Huancar de Abra Pampa, Jujuy. Fotografía: Gentileza de Teófilo Manuel Puca.

♦ Por Ricardo N. Alonso

♦ Doctor en Ciencias Geológicas (UNSa-CONICET)

♦ 16 – 06 – 2018

♦ Graduada en la Universidad de Berkeley (Estados Unidos) y  radicada en Salta, Evelyn Marschall es una neurobióloga alemana, que dedica su vida al estudio del sonido y de cómo éste afecta a los seres humanos, tanto positiva como negativamente.

Todos sabemos lo que es el ruido. Todos sabemos lo insoportable que resulta cierta música con ruido a lata. O un auto con escape libre. O algún desequilibrado montando una moto de alta cilindrada y haciendo explotar los oídos de peatones y otros seres vivos. El ruido excesivo nos pone de mal humor, nos altera.

En el otro extremo está el silencio absoluto, que es otra clase de sonido, el que se puede experimentar en el espacio exterior o bien en el fondo de los socavones mineros. Cuando se baja al interior de la Tierra, como en el caso de las minas subterráneas, se alcanza la oscuridad total y también el silencio total. Manuel J. Castilla supo expresarlo en bellas poesías en su logrado libro Copajira. No podemos ni tan sólo ver nuestra mano a escasos centímetros, y sí, en cambio, podemos escuchar hasta el bombeo del corazón y el fluir de la sangre. Son experiencias únicas y maravillosas. Experiencias que se dice que les sirvieron a los terapeutas del sonido, entre los cuales se encuentra Evelyn, para poner orden en el desorden acústico que permea los cuerpos de hombres y mujeres; sometidos al estrés de la vida moderna, con miles de decibeles nocivos que nos afectan día a día.

Por esto fue una experiencia gratificante hace ya tiempo compartir con ella, y junto a la periodista Silvia Ruiz, y a mi amiga armenia Yeprakse Janin Papapzyan,  un panel debate sobre los sonidos naturales de la Tierra versus los sonidos que afectan al hombre. En dicho panel, grabado para la televisión por Silvia Ruiz, me dediqué a exponer –entre otros temas–  el de la musicalidad de las arenas, de las cuales el mejor ejemplo en el norte argentino lo tenemos en el Huancar de Abra Pampa, en la provincia de Jujuy.

Es importante mencionar que millones de dunas ocurren a lo largo y ancho de los desiertos del mundo y zonas costeras. Entre ellas existen unas 30 que tienen la rara particularidad de emitir sonidos que van, desde una música suave, a terroríficos estampidos. Ya Marco Polo hizo referencia en sus viajes a espíritus diabólicos “que a veces llenan el aire con los sonidos de todo tipo de instrumentos musicales, y también de tambores y choque de armas”. Por miles de años los nómades que han viajado a través del desierto escucharon sonidos misteriosos que atribuyeron a duendes y demonios. Otros exploradores han creído escuchar el sonido de campanas, trompetas, órganos, tamboriles, instrumentos de cuerdas, disparos de cañones, truenos, aviones, gemidos, y toda una gama de efectos sonoros desdoblados por la imaginación en objetos reales o fantásticos. Más allá de esto, lo cierto es que los investigadores científicos no están de acuerdo sobre cómo y porqué en muchas partes del mundo, bajo ciertas condiciones, las arenas “cantan”. Así lo expresan, los doctores F. Nori, P. Sholtz y M. Bretz de la Universidad de Michigan en un clásico trabajo que publicaron en Scientific American. Allí informan del sonido registrado en distintas dunas de Libia, el desierto de Kalahari, y en Nevada, que se ubica entre los 50 y los 2.500 hertz, y cuya duración es desde unas milésimas de segundo hasta casos extremos que llegan a durar unos 15 minutos.

Un ejemplo de “dunas cantoras” son las del oasis de Ourgia en África. Distintos investigadores se han abocado a tratar de entender las causas del sonido. Los trabajos se han centrado en comprender la dinámica del movimiento de los granos de arena, el colapso en cascada sobre las paredes de sotavento, el tamaño y forma de los granos individuales de arena, la temperatura y humedad, las corrientes eléctricas que se generan por rozamiento entre los granos, y el camino por el cual ellos interactúan. Algunos han enfocado los estudios sobre el pulimento de los granos de arena, los cuales en ciertas dunas muy trabajadas son esferas casi perfectas con una superficie finamente esmerilada. La conclusión generalizada es que no hay una explicación totalizadora que ilumine la amplia variedad de tonos musicales y la intensidad de algunos sonidos.

El Dr. Nori y sus colegas mencionan para América del Sur sólo dos dunas, ambas en Chile: El Bramador y Punto del Diablo. Sin embargo, nosotros tenemos uno de los mejores ejemplos en el Huancar de Abra Pampa, que no sólo ha sido investigado científicamente, sino que también ha inspirado a numerosas poetas. El término “Huancar”, según Palleari (Diccionario Toponímico Jujeño) se refiere precisamente a “arenales donde el viento produce sonidos de extraña musicalidad”. En quechua “huancar” significa “tambor” según el estudioso humahuaqueño Sixto Vazquez Zuleta, descendiente de antiguos médicos kallawayas y autor de una magnífica obra folclórica regional.

El folclore popular ha ubicado en esas dunas los dominios de Satanás, la morada de la Salamanca, el baile de los duendes, el enojo de Coquena y los bramidos de la Pachamama. No es para menos. Como dice Palleari, el arenal abundante y plañidero, emana cierta fuerza mágica, manifestación extraordinaria de la naturaleza, de sorprendentes características, que se mueve, canta y gime. La poeta Dora Tregini ha dedicado un poema al huancar de Abra Pampa en su libro “Hacia la Puna”, donde plasma la emoción de las arenas silbarinas. En la primera estrofa dice: “En tu falda de soles increados/ brilla la arena lúcida del tiempo/ y en tu tamborileo se perfilan/ los abrazos del viento”. Y en otra estrofa algo que siente bien quién allí se acerca de noche: “Cuando en noches oscuras solo se oyen/ las tímidas pisadas de un viajero/ junto al pie de tu falda se entreabre/ el portal de un fatídico misterio”. Y sigue “Nunca más volverá ese caminante/ a integrar el hogar cálido y tierno/ porque el encanto de la Salamanca/ lo atrapará, con su poder siniestro”.

Huancar de Abra Pampa, oráculo del viento, con su quejido de quena triste, con su vocación de guitarra que templa el diablo, sigue allí al igual que otras raras dunas en el mundo, desafiando el misterio de su musicalidad. Un lugar mágico para ser visitado por turistas y por quienes quieran descubrir profundos misterios de la naturaleza, como las “piedras rayo”, que son tubos de arena fundida por descargas eléctricas atmosféricas, de alta temperatura y baja presión, que producen unos vidrios muy especiales.

Otros lugares emblemáticos de silencio o con sonidos naturales son El Anfiteatro, la Garganta del Diablo, las dunas trepadoras de la Puna, el centro de los salares, las cumbres de montañas y volcanes, las quebradas profundas (verdaderos diapasones naturales), el Valle Encantado, y decenas de lugares más. Salta y Jujuy tienen un enorme potencial de sitios de alta gama que se destacan por su maravillosa acústica, por el silencio profundo, o por sus sonidos naturales, que representan un verdadero tesoro para el exigente turismo del siglo XXI. La pregunta entonces es: ¿cuánto cuesta el silencio? Deberíamos pensar en poner en valor ese bien preciado que es el silencio, del cual nuestro paisaje andino es un poseedor privilegiado.

♦ Algo más sobre el Huancar de Abra Pampa

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ El señor Teófilo Manuel Puca nació en Abra Pampa, es docente jubilado del nivel Primario y un enamorado de su región, su cultura y su naturaleza. Es quien puso gentilmente a disposición de NS las fotografías del cerro del Huancar, en Abra Pampa, que ilustran este artículo, y, al enviar las imágenes, contó algunos aspectos interesantes de este lugar que bien vale destacar aquí.

Señaló en este sentido que otro nombre con el que se conoce al Huancar es el de “Cajero”, y esto tiene su explicación; dice Teófilo que, cuando sopla mucho viento en invierno, en especial en el mes de agosto, a la distancia se escucha el sonido de alguien que toca una caja, pero no se trata de un músico y su instrumento, sino, más bien, del viento haciendo “su trabajo con las arenas del Huancar”.

Al cerro le dan también el nombre de “Mandinga”, y sobre la cuestión Teófilo nos dice que tal denominación obedece a que “en las arenas del Huancar algunos paisanos hacían sus contratos de negocios”.

¡Gracias amigazo Manolo por tus hermosas fotografías y por los datos tan interesantes!

Teófilo Manuel Puca, docente jubilado y enamorado de la naturaleza y cultura de su región, la Puna jujeña. Fotografía: Gentileza Teófilo Manuel Puca.

 

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