Treskiornítidos

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♦ SOBRE CUERVILLOS, BANDURRIAS Y ESPÁTULAS

♦ Dos grupos de aves con características distintivas están incluidos en la familia Threskiornithidae. De un lado se encuentran los ibis y bandurrias, con sus picos más bien delgados, curvados y largos; del otro, las singulares espátulas, con su pico recto, pero ensanchado en forma de cuchara hacia la punta. La familia reúne poco más que una treintena de especies en todo el mundo, de las cuales, doce están presentes en Sudamérica. En Argentina habitan ocho especies, y de ellas, seis se encuentran en ambientes del noroeste argentino.

Cuervillo cara pelada, Phimosus infuscatus. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ El ibis sagrado (Threskiornis aethiopicus) es una ave extinta en el Egipto moderno, pero para los antiguos egipcios tenía un significado especial. De hecho, Thot, dios de la sabiduría y de la escritura, y protector de los escribas, era representado a menudo con cabeza de ibis -aunque otras veces aparecía con la cabeza de un babuino-. De entre todas las aves que en la actualidad se incluyen en la familia de los treskiornítidos, ésta seguramente es la más célebre. Se cuenta que en tiempos de los faraones, cuando disminuía el nivel de las aguas del Nilo, quedaban grandes superficies de limo propicias para la incubación de huevos de serpientes, y eran los ibis, justamente, los encargados de dar cuenta de los nidos, alimentándose en gran número de los ofidios. Quizás, sea esta circunstancia el origen de la asociación de esta ave con el dios Thot.

Herodoto, en cambio, en Los nueve libros de la historia, brinda una particular explicación del trato que los habitantes del antiguo Egipto prodigaban al ibis sagrado. Cuenta allí que hay un sitio en Arabia, situado en una quebrada estrecha que se dirige desde los montes a una llanura, que a su vez es lindera con la de Egipto, en el que encontró una enorme cantidad de restos óseos de serpientes; espinazos grandes, otros menores y algunos más pequeños todavía, pero tantos, que él no alcanza a referir; había llegado a ese lugar cuando se informó de la existencia de serpientes aladas. Se contaba que, con cada primavera, estas serpientes con alas volaban desde Arabia a Egipto y que eran los ibis los que les salían al encuentro en aquella quebrada, matándolas, y así impidiendo a la terrorífica invasión llegar al país del Nilo. Y siguiendo a Herodoto, los árabes decían que era por este servicio el que las aves recibieran gran veneración en Egipto, explicación con la que incluso estaban de acuerdo los mismos egipcios.

El mismo nombre de la familia, Threskionithidae, hace referencia a la asociación que han establecido los hombres entre estas aves, o al menos una especie de ellas, y las deidades. El término proviene del griego threskos, que quiere decir “religioso” y ornis, que significa “ave”.

Cuervillos de cañada, Plegadis chihi. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

En la familia de los treskiornítidos se incluyen aves de tamaño mediano conocidas popularmente en Argentina como cuervillos, espátulas y bandurrias, entre otros nombres que se les asignan. Los primeros, reciben en otros lugares denominaciones tales como las de “cuervos”, “moritos” o, como ya hemos visto, “ibis”, siendo ésta, seguramente, la más elegante de cuantas existen. La denominación de cuervillo, y como es obvio la de cuervo –que como ya se señaló, también reciben–, aparentemente proviene de un parecido -bastante escaso por cierto- a ciertos córvidos, con los que comparten solo la coloración oscura, pero no mucho más que eso.

El más llamativo y singular entre los ibis seguramente sea el americano ibis escarlata (Eudocimus ruber), característico de las zonas de manglares y estuarios del norte de Sudamérica, y que debe su nombre común más conocido a la particular coloración de su plumaje, rojo intenso, a veces más anaranjado o más rosado profundo, en el que únicamente la punta de las alas son negras.

Bandurrias australes, Theristicus caudatus. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

La longitud de los integrantes de la familia, se ubica, en el caso de algunas especies con distribución en Argentina, entre los 40 cm del cuervillo de cañada (Plegadis chihi) y del cuervillo cara pelada (Phimosus infuscatus) y los 62 cm de la bandurria mora (Theristicus caerulescens). Muchas especies cuentan con picos largos y curvados hacia abajo, mientras que otras lo presentan recto y aplanado y ensanchado horizontalmente hacia el extremo; las patas son medianamente largas; no existe dimorfismo sexual, pero sí hay en algunas especies diferencias estacionales en el plumaje o de acuerdo a la edad de los individuos. Cuando vuelan llevan extendido el cuello y alternan sostenidos aleteos con momentos en los que planean; algunos se desplazan en grandes bandadas que se mueven formando una «V».

La espátula rosada (Platalea ajaja) también pertenece a la familia de los treskiornitidos, pero no tiene el pico curvado hacia abajo como es característico en los cuervillos, sino que el suyo, como se explicó, es más bien recto y ensanchado en el extremo a la manera de una espátula. Pastor Arenas y Gustavo Porini cuentan que los tobas de la provincia de Formosa lo transformaban, cuando daban caza a un ejemplar, en una cuchara, usando para ello la maxila, es decir la parte superior del pico, con la que comían puré de “zapallo” o “anco”, o bien caldo o carne desmenuzada de pescado. Se trata de un ave de una belleza extraña; de lejos recuerda la elegante y grácil figura de un flamenco –de hecho, un viejo nombre que con que se aludía a la especie era el de “flamenco espátula”–, pero un análisis más detallado deja en evidencia la cabeza desnuda y el singular pico, algo grotescamente formado en la punta. Es interesante observar a esta ave buscar su alimento, para lo cual va avanzando en aguas fangosas poco profundas, moviendo el pico hacia uno y otro lado y atenta a la detección de las presas que conforman su dieta.

Los miembros de la familia Threskiornithidae están por lo común asociados al medio acuático en sitios como lagunas y bañados, pero hay miembros de esta familia que frecuentan las praderas abiertas, de pastos cortos, a veces bastante lejos del agua, o que también pueden verse en los campos arados.

De las 8 especies de esta familia que habitan en Argentina, 6 están presentes en ambientes del noroeste argentino.

Espátulas rosadas, Platalea ajaja, junto a otros habitantes de una laguna. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

LOS TRESKIORNÍTIDOS DEL NOA Y DE ARGENTINA

En nuestro país el más común es el ya mencionado cuervillo de cañada (Plegadis chihi), que puede verse conformando grandes bandadas. El cuervillo cara pelada (Phimosus infuscatus) es fácilmente distinguible del anterior porque un amplio sector de su cara se presenta desnudo y de coloración rosácea. El cuervillo puneño (Plegadis ridgwayi) es habitante de lagunas altoandinas. También tiene parte de su área de distribución en nuestro país el tapicurú (Mesembrinibis cayennensis), pero solamente se distribuye por una porción del área noreste.

La espátula rosada (Platalea ajaja) se distribuye a lo largo de un amplio territorio que abarca desde el norte del país hasta Buenos Aires, Río Negro, La Pampa y San Luis, llegando  ocasionalmente más al sur y en las Islas Malvinas.

Entre las bandurrias, la bandurria boreal (Theriticus caudatus) y la bandurria mora (Harpiprion caerulescens) están presentes en Argentina y en el NOA. La bandurria austral (Theristicus melanopis) es propia de la región patagónica, aunque realiza desplazamientos migratorios hacia el área centro del país.

Bibliografía:

Arenas, Pastor & Porini, Gustavo. 2009. Las aves en la vida de los tobas del oeste de la provincia de Formosa (Argentina). 1ª ed. Tiempo de Historia. Asunción.

De la Peña, Martín Rodolfo. 2015. Aves argentinas – Incluye nidos y huevos. Eudeba y Ediciones UNL. Buenos Aires.

Narosky, Tito & Yzurieta, Darío. 2010. Aves de Argentina y Uruguay – Guía de identificación. Vazquez Mazzini Editores. Buenos Aires.

Rodríguez de la Fuente, Félix. 1986. Enciclopedia Salvat de la Fauna. África. Tomo 5. Salvat Ediciones. Barcelona.

Toledano, Joseph. 2006 – Erotismo y sexualidad en el antiguo Egipto. Folio. Barcelona

 

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