Un comedero para las aves

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¡LLEGAN VISITAS A NUESTRO JARDÍN!

Es asombroso cómo responde la naturaleza cuando se hace algo por ayudarla.

Gerald Durrell.

Muchas personas sienten fascinación por las aves y algunas desearían poder ayudarlas, sobre todo en los duros inviernos, con su búsqueda de alimento. Pero, ¿qué cosas deben tenerse en cuenta a la hora de hacer un comedero para las aves?

Por Elio Daniel Rodríguez

Atraer con alimento a las aves a un jardín, a un balcón e incluso a la simple ventana de un departamento constituye una cuasi providencial ayuda para muchos ejemplares silvestres –fundamentalmente en los tiempos invernales- y un indudable placer para los amantes de la vida salvaje. Teniendo en cuenta algunas consideraciones que luego se señalarán, para el que quiera tener cerca a los pájaros  no es necesario en absoluto el confinar a seres maravillosos tras los barrotes de una jaula; el solo disponer de cierto tipo de alimentación en algunos lugares apropiados servirá para tener a nuestros alados amigos muy cerca, tanto más, cuanto más se acostumbren a nuestra presencia y confíen en nuestras “señales de amistad” y en nuestras buenas intenciones.

No debe pensarse que esta actividad se realiza en procura de salvar especies; por lo general, a nuestro comedero se acercarán ejemplares pertenecientes a especies que no están amenazadas pero que, en verdad, sí pueden tener algunos problemas de provisión de alimentos en la estación fría y que incluso podrían morir si no consiguen encontrar de manera natural comida suficiente. Sin embargo, visto desde un punto de vista evolutivo, alimentar a las aves en invierno puede serperjudicial para las poblaciones de especies involucradas por una razón sencilla.  Andreas Schulze cuenta en su libro Guía para los amantes de las aves (Editorial Blume, 1988) que, justamente, como en invierno algunos animales morirían de hambre si no se les suministrara alimento, esto conduce a razonar que, ayudados en esto por las personas, más individuos adultos sobrevivirán y competirán, llegada la primavera, para ocupar el territorio. Por consiguiente, un mayor número de parejas dispondrán de menores superficies, lo que ocasionará precariedad alimentaria para las crías, con lo que se verá disminuido el éxito de las nidadas. Esto determina que, a pesar del aporte alimenticio en invierno, la especie no incremente el número de componentes en la mayoría de los casos y que, en lugar de eso, el mecanismo de la selección natural se vea afectado, transmitiendo sus caracteres hereditarios unos individuos que, en circunstancias normales, no hubiesen llegado a reproducirse.

Un comedero para aves puede consistir en un humilde plato en desuso como en una plataforma adherida de alguna manera a un poste clavado en la tierra, una estructura apropiada suspendida desde la rama de un árbol o un recipiente adosado a la pared del jardín. Es cierto que algunas aves prefieren que se les eche la comida en el suelo, y si se le presentan las dos opciones, es decir, el alimento en el comedero a cierta altura o directamente esparcido en el piso, muy posiblemente elegirán la segunda, pero colocar el alimento en un comedero especialmente dispuesto a la altura de una ventana, por ejemplo, nos permitirá contemplarlas mejor y ver de esa manera sus modos de alimentación, sus formas y colores, y hasta ciertas “discusiones”, que suelen presentarse entre los comensales.

Las dimensiones de la plataforma del comedero pueden variar, y si bien cuando hay suficiente espacio en el jardín pueden instalarse en él comederos grandes para que los concurrentes no se molesten demasiado, en jardines más pequeños los comederos pueden ser menores e igualmente los pájaros se las arreglarán para comer allí. La superficie que cumple las funciones de plataforma de alimentación puede ser rodeada de un borde apenas insinuado, lo que será de utilidad tanto para que un ocasional viento no  barra el alimento como  para que este no caiga al suelo cuándo los pájaros se alborotan o disputan la comida con cierta vehemencia. Puede colocársele al comedero, por otra parte, algún aditamento que haga las veces de techo, lo queevitará que el alimento, por ejemplo, se moje en caso de lluvia, pero esto es inconveniente si nuestro objetivo es fotografiar a las aves, ya que la luz se verá reducida y los comensales tal vez no se muevan tan libremente.

Como alimento, las miguitas del pan que quedan esparcidas en la mesa tras el desayuno o la merienda son de utilidad para algunos pájaros; también los granos de arroz blanco, pero solo hervido, que a veces permanecen en el plato después del almuerzo y que tantas veces son arrojados a la basura pueden hacer las delicias de las aves del jardín; y algunas frutas, como naranjas cortadas por la mitad o aquellas partes de las peras o manzanas que las personas desechanestán en condiciones perfectamente de ser aprovechadas por algunas aves. Pero si se puede adquirir, además, en algún comercio especializado alimento para pájaros, este atraerá a nuestro jardín a un número mayor de especies, que brindarán cada día un agradable espectáculo. No debe olvidarse el colocar cerca del comedero un recipiente con agua fresca; las aves valorarán mucho esta ayuda –sobre todo en nuestro noroeste argentino en los meses del invierno e inicios de la primavera- y podrían no solo saciar su sed allí sino también bañarse.

Conviene instalar el comedero en un espacio abierto, que sea visible para las aves y al que puedan llegar desde las ramas de un arbusto o árbol cercano. Esto permitirá además que,  si en el lugar merodean los gatos, ellas puedan advertirlos con el suficiente tiempo y distancia como para ponerse a salvo de sus afiladas garras.

No obstante, hay dos cosas importantes que el enamorado de las aves debe saber. La primera es que el invierno es el momento del año en el que más podría estar justificado el hecho de alimentar a las aves. La segunda es que, si se ha de instalar un comedero, este debe ser provisto de alimento con cierta regularidad; no en demasía, por cuanto debemos entender que nuestros comensales deberán también poder encontrar en la naturaleza parte importante del sustento que les asegure su supervivencia, pero si con la frecuencia necesaria como para que las aves, que tal vez aprendieron a contar con esa ayuda, no se vean privadas de pronto de semejante gesto de solidaridad y, sin tener tiempo de reemplazarlo, sufran las consecuencias. Por lo tanto, si se piensa interrumpir la actividad de mantenimiento de un comedero para aves lo mejor es que esta interrupción se haga de a poco, permitiendo a las aves adaptarse a las nuevas circunstancias.

Debe insistirse en algo: no conviene acostumbrar demasiado a las aves a abundante comida en el comedero. Ellas son y tendrán que seguir siendo capaces de conseguir sus habituales fuentes de alimentación en la naturaleza y una interferencia en ese sentido podría ser perjudicial, ya que tanto ellas deben estar habituadas a hallar normalmente su sustento como los juveniles deben aprender a buscarlo con sus naturales habilidades. Se puede brindar alimentación de cuando en cuando y esto no será en absoluto perjudicial –nadie se acostumbra a lo que no tiene constantemente- o se puede brindar algo de ayuda regularmente, aunque no la suficiente para la satisfacción de todas las necesidades alimenticias,logrando que las aves aprendan a no depender tanto de nuestra actitud y buena memoria.

Brindar a las aves alimento en un comedero especialmente dispuesto posibilita que seres a veces esquivos y a los que es relativamente complicado apreciar en detalle en la naturaleza se acerquen a nosotros y nos deleiten con sus formas, colores y sonidos. Por otra parte, también será posible de esta manera observar ciertas pautas de conducta animal y algunos modos de relacionamiento entre las diferentes especies. Los niños sacarán de la experiencia especial provecho, maravillándose con un mundo por ellos tal vez insospechado del cual pueden ser partícipes ayudando a las aves en algo tan esencial como la búsqueda de alimento y estarán en mejores condiciones para comprender el esfuerzo que realizan infinidad de criaturas en su lucha por la supervivencia, lo que puede incluso traducirse en el otorgamiento de un nuevo valor a ciertas cosas a las que a veces no les brindan la importancia adecuada, como es el hecho, por ejemplo, de contar con suficiente comida cada día para poder vivir.

Gorrión, Passer domesticus, en un comedero para aves. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Bibliografía:

Chinery, Michael. 1979. Guía práctica ilustrada para los amantes de la naturaleza. Editorial Blume. Barcelona.

Chinery, Michael. 1986. El naturalista en el jardín. HermannBlume. Madrid.

Durrell, Gerald & Lee Durrell. 1982. Guía del naturalista. H. Blume Ediciones. Madrid.

Schulze, Andreas. 1988. Guía para los amantes de las aves. Editorial Blume. Barcelona.

 

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