Una belleza no muy común

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♦ Atlides polybe

♦ Por Elio Daniel Rodríguez

♦ 10-02-2019

Perteneciente a la familia Lycaenidae, Atlides polybe es una mariposa algo pequeña, de hermoso colorido y diseño y de llamativo comportamiento, pero bastante difícil de encontrar. El  nombre vulgar que se le ha dado en algunas guías de lepidópteros es el de “estriada común”, lo que puede  inducir a pensar que es muy fácil hallarla en el campo, lo cual ésta algo lejos de la realidad, ya que, por lo general, los encuentros con esta especie son bastante esporádicos y casuales. De todos modos, aunque nadie aseguraría ciento por ciento el poder ver en una salida a esta especie, si puedo decir en dónde habrá de buscarla el apasionado en el fascinante y multicolor universo de los lepidópteros que quiera tener mayores probabilidades de éxito con la especie.

Al menos desde mi experiencia y en el contexto geográfico del valle de Lerma y alrededores, prefiere, como sucede en general con los licénidos, las áreas bien iluminadas y, en el caso de esta especie, ambientes sobre todo de tipo chaqueño, habiéndola hallado yo tanto en Chaco Serrano como en el mismo “fondo” del valle, en un sector de pradera que, afortunadamente para la naturaleza, al menos cierto tiempo permaneció algo olvidado por la mano del hombre.

Los licénidos son mariposas de tamaño generalmente humilde que, en promedio, se ubican en torno a  los 50 mm de envergadura, pero con especies muy pequeñas, como Micropsyche ariana, de Afganistan, con 13 mm. No obstante, es necesario aclarar que hay algunas especies que son relativamente grandes, como  Liphyra brassolis, con una envergadura cercana a los 80 mm.  Creo estar convencido de que si las mariposas que componen esta familia fueran más grandes seguramente deslumbrarían hasta a la persona menos atenta para con las cosas de la naturaleza.

Muchos integrantes de la familia Lycaenidae, que se encuentra en todas las regiones biogeográficas pero principalmente en las zonas templadas y tropicales del mundo, poseen llamativas formas y diseños alares que incluyen “colas” en las alas posteriores –que parecen crear la apariencia de antenas– patrones de coloración que simulan ojos, líneas que convergen hacia estas áreas del cuerpo y hasta movimientos llamativos,  y que en conjunto, según se considera generalmente, sirven para atraer la atención de los depredadores hacia estos puntos. ¿Pero por qué querrían estos frágiles insectos atraer hacia ellos o hacia algún lugar particular de sus cuerpos a los depredadores?

La explicación más extendida, y que podría denominarse “te llevarás un chasco” lo expone argumentando que un insecto que, al ser visto por un depredador, logra llamar la atención de este hacia los extremos de las alas posteriores, una parte de su cuerpo de un interés no tan vital como podría serlo la verdadera cabeza, desvía el ataque hacia esta zona y salva de esta manera su vida. Casi todos los trabajos de divulgación lo expresan de este modo, pero las cosas podrían ser ligeramente distintas.

Mientras liba, la mariposa estriada común, Atlides polybe, mueve en el plano sagital sus alas posteriores, coloca perpendicularmente la porción de sus alas ubicadas en el ángulo anal y mueve sus “colas” cual si fueran antenas. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

No estaría mal que una segunda manera de explicar el fenómeno lleve por nombre “aprenderás que soy linda pero no sabrosa”. Si un lícénido logra ofrecer un bocado a bajo costo a su potencial depredador para que este compruebe que no se trata de una buena comida, tal vez la mariposa conserve su vida y el comensal aprenda la lección. Si el sabor de la mariposa no le resultó agradable, es decir, si al fin de cuentas no se trataba de un alimento palatable, el depredador puede recordar el particular diseño alar, asociarlo con un mal gusto y no repetir la experiencia. Creo que se entiende razonablemente que si la mariposa ofreciera en sacrificio una parte vital de su cuerpo ella no tendría ninguna ventaja en el aprendizaje del depredador; pagando el hasta cierto punto razonable tributo del bello ángulo anal de sus alas posteriores enseñaría a su depredador a no intentarlo de nuevo y proseguiría con su vida. En cualquier caso, la manera en que logran estos pequeños insectos confundir a sus depredadores es fascinante y en el ejemplo que sigue a continuación, tomado de mis observaciones de Atlides polybe, trataré de explicarla.

Sobre un valle de Lerma soleado, la pradera se mecía con el mayor o menor empuje de una brisa placentera. Era un mediodía caluroso de fines del mes de enero. Cerca mío las verbenas blancas (Hyptis lappace), con sus llamativas flores, atraían a muchos insectos, y más allá también lo hacían los doctorcitos (Eupatorium inulifolium). Uno de ellos era especialmente grande y se destacaba de un lado del lecho seco del viejo cauce donde crecía. Caminé hacia él. Libaban algunas mariposas y vi entre ellas a una bastante llamativa aunque algo pequeña: era una estriada común. Me acerqué con cautela, apunté mi cámara fotográfica y disparé varias veces el obturador. Luego me detuve a observarla y advertí que se trataba, como casi siempre, de un macho –las hembras son más difíciles de ver–, que se mostraba bastante confiado ante mi presencia.  Con las alas plegadas, “frotaba” las posteriores –es decir, las movía en el plano sagital–, dejando ver así,  repetitivamente,  el llamativo celeste de parte del área ventral de sus alas anteriores. Mientras tanto, unas finas colas, que daban la impresión de activas antenas, parecían tener vida propia e independiente y estar explorando el aire circundante; los ángulos anales de las alas posteriores, se ubicaban perpendicularmente al cuerpo de la mariposa  y semejaban ojos oscuros, incluso con la apariencia de brillo en su sección superior, subiendo y bajando con el frotar de las alas. ¡Era una imitación maestra de una verdadera cabeza y si yo hubiese sido un depredador creo que a ese lugar habría dirigido mi frustrado ataque!

Vista desde atrás, los ángulos anales de sus alas posteriores parecen oscuros ojos con un verosímil reflejo celeste en la parte superior. Fotografía: Elio Daniel Rodríguez.

Bibliografía:

-Klimaitis, Juan F.; Moschione, Flavio N. & Klimaitis, Cristian L.  2018. Maravillas aladas de Argentina: mariposas de la Puna a la Patagonia. Ecoval Editorial. Córdoba.

-New, T. R. (Editor). 1993. Conservation Biology of Lycaenidae (Butterflies) IUCN. Gland, Suiza. En línea en: https://portals.iucn.org/library/sites/library/files/documents/SSC-OP-008.pdf

-Robbins, R. K. 1981. The “false head” hypothesis: predation and wing pattern variation of lycaenid butterflies. The American Naturalist. University of Chicago. 118, 770-775.

-Volkmann, Luis & Núñez Bustos, Ezequiel. 2010. Mariposas serranas de Argentina Central. Huerta Grande. Córdoba.

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