Una mirada desde la ciencia y el corazón

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♦ ENTREVISTA CON CLAUDIO JUAN BIDAU

♦ Claudio Juan Bidau es Doctor en Ciencias Biológicas (UBA). Ha sido profesor de Biología y Genética Evolutiva en cuatro universidades nacionales e investigador visitante en distintas instituciones de Brasil, Uruguay, España, Reino Unido y Estados Unidos. Sus intereses biólogicos abarcan áreas como las de la biología evolutiva, la morfometría, la genética, la ecología y la macroecología de varios grupos animales, incluyendo ortópteros, peces, anfibios anuros, mamíferos y otros. Por otra parte, en años recientes se ha interesado también en aspectos de la historia de la biología de los siglos XIX y XX. Ha publicado más de 200 trabajos científicos en revistas internacionales y ha escrito varios artículos para Noroeste Salvaje, algunos en coautoría con Elio Daniel Rodríguez, con quien esta realizando un trabajo de relevamiento y estudio de los ortópteros del valle de Lerma.  En la siguiente entrevista nos cuenta diferentes aspectos de sus investigaciones, pero también nos habla de su visión del mundo y de los problemas que afectan al planeta en su conjunto, con una mirada desde la ciencia y el corazón.

Claudio J. Bidau con el profesor Keith Jones en los Jardines Botánicos Reales de Kew, Inglaterra, en 1994. Fotografía: Gentileza de Claudio Juan Bidau.

♦ Entrevista por Elio Daniel Rodríguez

♦ 04 – 08 – 2018

– ¿Qué encuentra en la naturaleza cuando se sumerge en su estudio o en su contemplación? O, dicho de otra manera: ¿qué sentimientos le inspira el mundo natural?

Esta es una gran pregunta que requiere una elaborada respuesta. Si bien el mundo natural me atrajo desde pequeño (recuerdo siempre la primera vez que contemplé el océano en unas vacaciones con mis padres), creo que el mayor impacto lo comencé a experimentar después de los 20 años y empezaron mis viajes a lugares exóticos y salvajes. La contemplación de la estepa patagónica, las auroras boreales en los bosques de Michigan, la cordillera andina o la floresta amazónica por ejemplo, produjeron – y aún producen – en mí un enorme goce estético. La belleza de la naturaleza es incomparable con cualquier logro humano y llena al individuo de un sentido de suprema majestad y al mismo tiempo de pequeñez personal. De insignificancia. Por otra parte, como buen biólogo evolucionista, sé que toda la maravilla del mundo orgánico tiene un origen único en el tiempo profundo – casi cuatro mil millones de años – y que es consecuencia del proceso de evolución por el que todos los seres vivos, desde la más humilde bacteria, hasta las plantas superiores y los más complejos invertebrados y vertebrados, compartimos un mismo mecanismo hereditario mediado por los mismos ácidos nucleicos y procesos metabólicos, con genes originados en nuestro común antecesor. Esto me produce una sensación de comunión con todos los seres vivientes presentes y pasados que me llena de emoción y un sentimiento de grandeza universal.

-Ha dedicado gran parte de sus horas de estudio e investigación a los insectos. ¿Cuéntenos por favor qué cosas le atraen de ese maravilloso campo de la ciencia?

Es cierto que he dedicado mucho de mi trabajo a los insectos. Aunque realicé incursiones en especies de coleópteros (escarabajos, gorgojos, etc.) y hemípteros (chinches, vinchucas, etc.), mi mayor dedicación estuvo dirigida hacia los ortópteros (tucuras, langostas, saltamontes, esperanzas y grillos) y más recientemente, a los ortopteroides en general, incluyendo fásmidos (bichos palo e insectos hoja), mántidos (mamboretás, tata-dios), blátidos (cucarachas), y otros. Y aunque, mediando mi carrera, comencé a interesarme por otros grupos de organismos, nunca dejé de investigar distintos aspectos de la biología de los ortópteros hasta el día de hoy. Aunque mis comienzos con las tucuras fueron un poco casuales, debo decir que de a poco me fui aficionando a ellas hasta ´p enamorarme, aunque parezca gracioso. Los motivos son múltiples. En primer lugar, es un grupo cuyas características genéticas me permitían explorar un problema que me apasionaba en mis comienzos, como el referente al papel de los reordenamientos o mutaciones cromosómicas en la evolución. Las tucuras se prestan para estos estudios: tienen pocos y grandes cromosomas, las mutaciones son fáciles de detectar microscópicamente, existen muchas especies (unas 28.000), son conspicuas, usualmente abundantes y fáciles de colectar en el campo y estudiar en el laboratorio. Además, se las encuentra en todos los ambientes, son maravillosamente variables en morfología y pueden estudiarse con facilidad en sus múltiples aspectos. Son excelentes modelos biológicas.

– Queda claro entonces que los ortópteros ocupan en este sentido un lugar especial en sus investigaciones: ¿pero cómo es que un biólogo elige aquellos grupos con los que quiere mantener una relación “más íntima”, para decirlo de alguna manera?

Interesante pregunta ligada a la anterior, pero difícil de responder en términos generales. Algunos pueden tener un interés especial en un grupo desde temprana edad, por ejemplo, las aves, ya sea por el placer que les causa su contemplación o por sus hábitos. Otros, porque fueron influenciados por un profesor excepcional que les mostró las maravillas de tal o cual grupo. Y otros, como en mi caso, porque se interesan por un problema y buscan un modelo para responder a las preguntas que el problema les suscita. En mi caso, vale una anécdota personal que ya he relatado en una publicación previa: al final de la carrera de Licenciatura en Ciencias Biológicas en la UBA, cursaba mi última materia, Genética II (evolutiva) dictada por el Dr. Juan Héctor Hunziker, un excepcional genetista evolutivo de plantas que luego fue mi querido Director de Tesis Doctoral. En sus clases, me interesé muchísimo por los trabajos de Theodosius Dobzhansky sobre la variación cromosómica en las moscas Drosophila, de América del Norte y Brasil, y su relevancia en la evolución: pensé en buscar un modelo entomológico similar y la ocasión se dio cuando en un trabajo práctico de esa materia, tuvimos una clase sobre evolución cromosómica en tucuras del género Dichroplus, uno de los más variables acrídidos en términos cromosómicos. Las preparaciones citológicas que hice de varias especies me salieron tan bien que me quedé fascinado en su observación microscópica, especialmente por una especie, que posee cromosomas sexuales modificados por mutaciones cromosómicas. Allí decidí que, en el futuro, ése sería mi grupo de preferencia, y así fue. Con los Dichroplus publiqué numerosos trabajos científicos además de realizar mi Tesis Doctoral.

Claudio J. Bidau en 1993, de visita en el Zoo de Londres, “encerrado” en la jaula del “animal más destructivo sobre la Tierra”. Fotografía: Gentileza de Calaudio Juan Bidau.

-También ha efectuado muchas contribuciones al conocimiento de los roedores del generó Ctenomys conocidos vulgarmente como Tuco-tucos. Cuénteme por favor algo sobre la vida de estas criaturas. 

Los tuco-tucos me han producido grandes satisfacciones en mi carrera científica. A fines de los años 80 y principio de los 90 del siglo pasado, comencé a pensar que mis ideas sobre la importancia de las mutaciones cromosómicas en la micro-evolución y la especiación, deberían ser testeadas en otros modelos animales, en particular mamíferos. Un encuentro casual con el Profesor Julio Rafael Contreras, notable especialista en roedores y aves argentinas, y en aquel momento director de un instituto del CONICET en Corrientes, me dio la clave, siendo además el comienzo de una profunda amistad y un fructífero período de colaboración. El género Ctenomys era el grupo de elección. Este género de roedores caviomorfos (emparentado con las vizcachas, chinchillas, el carpincho, el coypo y las ratas espinosas), es endémico de Sudamérica. Sus más de 70 especies hasta hoy descriptas se extienden desde Perú a Tierra del Fuego y desde el Atlántico hasta el Pacífico habitando una gran diversidad de ambientes. La mayoría de las especies (al menos 42) se encuentran en Argentina. Son roedores estrictamente subterráneos que pasan alrededor del 95% de sus vidas en sus complejas madrigueras, donde mantienen un microclima constante, independiente del ambiente externo, ya sea a más de 4.000 metros en la Puna o a nivel del mar en las costas de la provincia de Buenos Aires. Poseen numerosas adaptaciones a la vida subterránea y excavadora. Son herbívoros altamente territoriales y agresivos, conociéndose solo una especie con hábitos sociales. Su origen evolutivo es muy reciente y manifiestan una extraordinaria variabilidad cromosómica intra- e inter-específica: una especie de Bolivia posee solo 10 cromosomas y otra de Corrientes, 70. El género es un modelo excepcional para estudiar los efectos de la variabilidad cromosómica en la especiación y mis estudios, en muchos casos en colaboración con colegas de Argentina, España, Uruguay, Gran Bretaña y Brasil, nos han permitido muchos hallazgos novedosos que incluyen la descripción de nuevas especies para la ciencia, patrones novedosos de comportamiento de cromosomas sexuales y la construcción de la primera filogenia molecular del género con mis colegas de Uruguay.

– Otra línea de investigación en sus estudios está constituido por la etnobotánica. Me imagino que en este campo hay todavía muchas cosas por saber en nuestro país.

Me agrada mucho responder a esta pregunta. La idea de trabajar en estudios sobre la citotoxicidad y genotoxicidad de plantas medicinales del nordeste argentino y Paraguay no fue mía, sino de un gran y querido amigo y colega, lamentablemente ya fallecido a temprana edad: el Dr. Aníbal Amat, doctorado en La Plata y Profesor Titular de Botánica de Plantas Vasculares en la Universidad Nacional de Misiones. Nuestro interés era el de investigar si las dosis etnoterapéuticas (es decir, aquellas recomendadas por los vendedores informales de las múltiples plantas medicinales consumidas en la región) podían poseer efectos tóxicos sobre las personas que las ingieren. En una serie de trabajos, estudiamos con diferentes técnicas unas 15 especies de plantas medicinales folclóricas, incluyendo la yerba mate elaborada y sin elaborar. Encontramos en general que si existían efectos genotóxicos o citotóxicos, estos solo ocurren en dosis superiores a las etnoterapéuticas, demostrando que la ancestral práctica deriva de una sabiduría implícita en el empirismo de nuestros pueblos nativos. Mi opinión es que, en nuestro país, estos estudios deberían intensificarse y ser más apoyados por las instituciones que deben financiar la ciencia, no solo para estudiar los efectos y composición de las plantas medicinales de uso tradicional, sino para la búsqueda de nuevas especies vegetales que puedan aportar medicamentos novedosos para la salud humana.

Claudio J. Bidau como estudiante graduado en 1981, en la Estación Biológica Northwoods, Watersmeet, Michigan, USA. Fotografía: Gentileza de Claudio Juan Bidau.

¿En qué investigaciones está trabajando actualmente?

En realidad, en varios temas distintos. Soy bastante ecléctico al respecto pero al fin, todas mis investigaciones se enmarcan en lo que es mi interés fundamental, que es la evolución. Soy un biólogo evolucionista y siempre me guie por la famosa frase del gran biólogo ruso Theodosius Dobzhansky: “Nada tiene sentido en biología sino es a la luz de la evolución”. Y aunque comencé como citogenetista de poblaciones de insectos, fui derivando hacia otras áreas de la biología evolutiva y otros organismos modelo. Esto no es muy sorprendente: al estudiar, por ejemplo, la variabilidad cromosómica de mis tucuras y plantearme hipótesis acerca de su adaptación y evolución, fue inevitable realizar toda otra serie de observaciones sobre otros aspectos de su biología que generaron nuevas preguntas e hipótesis, Asimismo, uno desea saber si las propias hipótesis pueden ser aplicables a otros modelos animales y a otras jerarquías taxonómicas. De allí mi paso a los mamíferos y el internarme primero en la genética molecular y luego en su biogeografía, ecología evolutiva y morfología. No abandoné nunca a la genética ni a los ortópteros, aunque actualmente estoy más involucrado en trabajos a gran escala (regional, continental, mundial). Trabajo en modelos de distribución del tamaño corporal de distintos grupos de animales (peces, anfibios y mamíferos -cánidos, félidos, cetáceos, primates, roedores-) y su relación con los factores climáticos presentes y pasados que la regulan. El tamaño corporal es un factor clave en la evolución que afecta todos los aspectos de la historia de vida de los organismos. También me he involucrado en el estudio del dimorfismo sexual de tamaño de vertebrados e invertebrados, que es un asunto aún muy misterioso desde el punto de vista evolutivo. Me interesan los problemas de alometría, es decir el crecimiento diferencial de distintas partes del cuerpo animal, la evolución cromosómica a nivel global de peces y mamíferos, y la conservación de las especies. Últimamente he comenzado a hacer algunas incursiones en la historia de las ciencias biológicas.

– ¿Cuál es la mayor amenaza que se cierne sobre la vida en la Tierra? Y siguiendo esta misma línea: desde su óptica: ¿no nos damos cuenta de que debemos cambiar? ¿O nos damos cuenta de ello pero no lo hacemos? ¿Por qué pasa esto?

La respuesta es en principio simple: nuestra especie, Homo sapiens, y la sociedad tecnológico/industrial. El crecimiento desmesurado de la población humana, la creciente urbanización, la destrucción de hábitats naturales, la polución causada por las industrias, la sobre-explotación de los recursos naturales, el abuso de los combustibles fósiles, los plaguicidas, las guerras devastadoras, …todo eso lo hemos inventado nosotros, con un incremento exponencial desde la revolución industrial. En menos de 300 años (un nanosegundo en tiempo evolutivo), si bien la vida humana ha experimentado mejoras en salud, alimentación, etc., la destrucción creciente del medio ambiente es una espada de Damocles que repercute en nosotros mismos: la catástrofe de la Biósfera por causas antropogénicas implicará también nuestra destrucción a corto plazo. Creo que mucha gente es consciente de que la situación se está tornando angustiante. Lo veo reflejado en la gran cantidad de ONGs que luchan por defender la destrucción del ambiente, por evitar la extinción de especies, la polución y la eliminación de gases de efecto invernadero. Hay continuas campañas que son firmadas por cientos de miles, millones de personas. Sin embargo, no somos la mayoría. Yo atribuyo esto a dos causas esenciales (y muchas subsidiarias). La primera es básicamente de naturaleza evolutiva y de la que no somos totalmente responsables. Me refiero al desfasaje entre nuestra evolución orgánica y la evolución cultural. Nuestra especie es muy joven: apenas unos 300.000 años de su origen africano. Hace apenas 60.000 años que comenzó la salida de África y la colonización del resto del planeta; el desarrollo de la agricultura y la domesticación de animales solo comenzó hace más o menos 10.000 años, y no simultáneamente en todo el mundo. Esta revolución agrícola dio origen a lo que hoy llamamos civilización, la aparición de las ciudades, la división del trabajo y el surgimiento de sistemas políticos. Esto significa que durante un 97% de nuestra existencia como Homo sapiens, fuimos cazadores recolectores, y aún hoy existen etnias que lo son (lamentablemente en rápida declinación por las mismas causas antropogénicas antes mencionadas). Sin embargo, el hombre actual no es esencialmente diferente de sus antepasados africanos: la evolución cultural permitida por el lenguaje y luego el sedentarismo, “corrió” más rápidamente que la orgánica. Físicamente seguimos siendo los mismos cazadores/recolectores de la sabana africana. Culturalmente el abismo es inmenso. Y todo ello se aceleró hace apenas 300 años (un milésimo de nuestra existencia), con el inicio de la Revolución Industrial. Considero que la velocidad del cambio cultural fue de tal magnitud que no ha sido posible la correcta adaptación al nuevo ambiente: seguimos siendo gente de sabana en un mundo del futuro y de allí, los desaguisados que cometemos. El segundo factor que mencionaba es aún más grave: la civilización ha llevado a la existencia de sistemas políticos que se han convertido en un fin en sí mismos y no bregan por el bienestar de la especie ni de la Biósfera sino por intereses económicos espurios y el poder en sí mismo, lo que los lleva a desconsiderar cualquier aspecto relacionado con el bien futuro de nuestro planeta. Basta contemplar la tremenda desigualdad en la distribución de recursos y a quienes detentan el poder político y económico. La pobreza es rampante y al pobre le interesa subsistir, y poco tiempo tiene para pensar a largo plazo en el planeta. Y la educación impartida por los regímenes favorece esta situación, que es de conveniencia a sus intereses económicos.

Claudio J. Bidau en 2001 en el Museo Británico de Historia Natural junto a la estatua de Charles Darwin, su “héroe intelectual”. Fotografía: Gentileza de Claudio Juan Bidau.

– En lo relacionado al Cambio Climático Global, qué consecuencias para la vida en la Tierra pueden preverse con la tendencia actual. 

El sobrecalentamiento global y el cambio climático constituyen una catástrofe en ciernes cuyos efectos destructivos sobre la Biósfera ya se hacen sentir claramente: derretimiento de los polos y los glaciares, condiciones atmosféricas sin precedentes en diferentes partes del planeta, aumento del nivel del mar, etc. La Tierra, en su larga historia de 4.500 millones de años ha experimentado cambios climáticos en muchísimas ocasiones, pero siempre debidos a su propia historia y evolución geológica y biológica. El cambio climático que produjo el reemplazo de selvas lluviosas por sabanas en África hace varios millones de años, probablemente favoreció el desarrollo de nuestro linaje evolutivo y el surgimiento de nuestra propia especie. Homo sapiens atravesó con éxito períodos de cambio de clima en su evolución, como, por ejemplo, la última gran glaciación, pero éstos siempre fueron fenómenos naturales a largo plazo, que permitieron su adaptación a las nuevas condiciones. Lo que ocurre hoy, no tiene precedentes: el cambio actual, generado por las actividades antropogénicas que antes mencionaba, es tan veloz que ya no hablamos de miles de años sino de décadas. Los efectos se están haciendo sentir en menos de lo que dura una vida humana. Y lo peor es que la ciencia lo predijo con precisión, y las predicciones, si el calentamiento global sigue a este ritmo –y seguirá y se acelerará, ya que no se toman medidas adecuadas para combatirlo–  son cada vez más pesimistas. Contemplamos a diario cómo los países industrializados ponen todos tipo de trabas a la coordinación de medidas mundiales que ayuden a evitar la catástrofe a corto plazo, ya que ellas interfieren con sus intereses económicos mezquinos. Algunas administraciones, como la actual de los Estados Unidos, llegan directamente a la negación de la existencia del cambio global, aun cuando sus propios científicos han dado la alarma y siguen alertando sobre sus graves riesgos. El cambio climático no solo nos afectará a nosotros: muchas especies no podrán adaptarse a este veloz cambio en su ambiente y sucumbirán (el aumento de temperatura de los océanos ya está causando estragos en los arrecifes de coral); otras cambiarán su distribución geográfica buscando un ambiente más adecuado, lo que será problemático en el caso de especies potencialmente peligrosas para los humanos y animales domésticos o plagas de la agricultura; las interacciones tróficas en los ecosistemas naturales y agrícolas se verán alteradas, etc. Si a todo esto sumamos la destrucción de selvas y bosques nativos que promueve la desertificación, la calamidad está a la vuelta de la esquina.

– Usted es autor de un trabajo que evaluó la manera en que el Cambio Climático estaba afectando en Argentina a las poblaciones de escorpiones del género Tityus? ¿Qué nos puede decir sobre ello?

 El asunto tiene que ver con lo que hablaba anteriormente. El calentamiento global está llevando a muchas especies animales y vegetales a modificar sus áreas de distribución geográfica en busca del clima más adecuado para su supervivencia. En el caso de estos escorpiones, al diseño de este trabajo nos llevó el aumento de reportes de casos de escorpionismo en áreas de Argentina que hasta no hace mucho no eran problemáticas sanitariamente. Nuestra idea fue predecir a mediano plazo las variaciones en la distribución geográfica de las especies más peligrosas para el hombre en vista del aumento global de la temperatura. ¿Podrían estas especies avanzar hacia el sur e invadir áreas previamente no ocupadas? La respuesta es, sí. Afortunadamente, la tecnología actual nos permite realizar predicciones biológicas sobre el efecto de las variaciones climáticas en la biología e historia de vida de las especies. Hoy podemos acceder vía Internet a gigantescas bases de datos climáticas sobre condiciones puntuales de temperatura, precipitación, evapotranspiración, cobertura vegetal, etc., presentes y del pasado, en cualquier lugar del mundo. Además, contamos con programas avanzados de computación que usan algoritmos que permiten predicciones muy precisas hacia el futuro próximo.

-Desde su punto de vista de biólogo y, por lo tanto, de conocedor de los procesos que mantienen la vida en nuestro planeta, ¿cómo podría definir entonces, a la vista de lo que ya se vino diciendo, la relación actual que mantiene el ser humano con la naturaleza?

 Es una relación disfuncional y altamente peligrosa. El problema no es solamente actual, viene desde largo tiempo atrás. Muchas etnias del pasado y la actualidad mantenían y mantienen una relación armónica y estable con el medio natural, ya sea en culturas de cazadores/recolectores o pastoralistas. Pero lamentablemente, la tradición judeo/cristiana convenció a los hombres “civilizados” de que un ser todopoderoso creó el mundo y todas sus criaturas en beneficio de su especie favorita: nosotros. Basta con leer el Génesis bíblico. Ello ha llevado a considerar al resto de las especies como seres inferiores o esclavos (incluyendo el espanto de la esclavitud humana) que solo existen como objetos destinados a satisfacer nuestras necesidades y caprichos. Aunque a lo largo del tiempo grandes teólogos (San Francisco de Asís), filósofos (Erasmus Darwin) y científicos (Charles Darwin, Edward Wilson) defendieron el concepto de la unidad de todas las formas vivientes incluyendo el hombre, la idea de la Humanidad como dueña y señora del ambiente natural, persiste aún con mucha fuerza y no solo en la llamada civilización occidental, aunque esta es la que más estragos causa y ha causado. Además, aunque muchas personas comprenden y aman realmente la Naturaleza, muchas otras tienen un concepto errado de la misma. La Naturaleza no es tener lindas plantitas en el balcón y el jardín, ni tomar sol en la plaza del barrio ni hacer picnics o campamentos en sitios ya modificados por el ser humano. Eso es simplemente huir del continuo agobio de las ciudades y todos sus males. Todos hemos experimentado la desagradable sensación de ver un ambiente natural lleno de desperdicios dejados por supuestos amantes del mundo natural. Las personas sensibles se angustian al recorrer kilómetros y kilómetros de llanura pampeana y solo ver hectáreas y más hectáreas de soja (lo que lógicamente se justifica a través de un beneficio a la economía del país sin importar las nefandas consecuencias del monocultivo y la destrucción de un ecosistema natural). En nuestras pampas casi no vemos ya ombúes ni chajás y, sin embargo, muchas personas creen estar en un ambiente natural cuando solo están al aire libre y ese aire puede ser peligroso por la presencia de agro-tóxicos. Y uno de los principales problemas, es la educación que debe empezar en el hogar y continuar durante todos los ciclos de aprendizaje. Pero lejos estamos de ello.

Placa colocada en 2015 a la entrada del laboratorio fundado por Claudio Juan Bidau en la Facultad de Ciencias de la UNAM, Misiones. Fotografía: Gentileza de Claudio Juan Bidau.

– ¿Por qué cree que desde la política se mira a la conservación de la naturaleza como una cuestión secundaria?

 Muy buena pregunta. Podría hablar horas sobre este tema, pero seré breve. No es la política como tal la enemiga de la conservación de la naturaleza. La política por definición es un arte noble que propone el bienestar general y requiere los mismos estándares éticos para gobernantes y gobernados. El problema son los sistemas políticos y los políticos que los manejan y que usualmente defienden intereses sectoriales ligados íntimamente al poderío económico, la supremacía militar, y la explotación indebida y abusiva del medio ambiente. La mayoría de los sistemas políticos buscan réditos a corto plazo; la conservación implica mirar desde el pasado hacia un futuro lejano que beneficiará a las próximas generaciones, y los políticos solo suelen pensar en el presente, y a lo sumo, en las próximas elecciones.

– ¿Cree entonces que el hombre se ha alejado definitivamente de la naturaleza en los últimos años, o por el contrario, la enorme y creciente pasión por el turismo de observación de aves, por ejemplo, puede ser una muestra de algo que late en el interior de todos los hombres como un llamado “de lo salvaje” que permanece inalterable?

 En relación a este tema, es bueno recordar el concepto de “biofilia” desarrollado por el gran biólogo estadounidense Edward Osborne Wilson en un famoso libro (Biophilia. 1984. Harvard University Press). El primero en acuñar la palabra fue el psicoanalista Erich Fromm en 1973 (La Anatomía de la Destructividad Humana. 1986. Siglo XXI) para significar “…el amor apasionado por la vida y todo lo vivo…”, pero Wilson le dio un sentido biológico evolutivo. Para él, la biofilia es la tendencia humana para enfocarse en y afiliarse con la naturaleza y los otros seres vivientes. Esta tendencia tendría una base genética –al menos en parte– y habría surgido por selección natural. La biofilia sería ventajosa para nuestra especie y también para todas las otras formas vivientes. Aunque hasta hoy no se han identificado genes para biofilia, existe mucha evidencia indirecta de su operación (ver, por ejemplo, Kellert, S.R. & Wilson, E.O. 1993. The Biophilia Hypothesis. Island Press), y en mi opinión refleja nuestro común pasado evolutivo con todos los seres vivos y la básica unidad del mundo natural. Sin embargo, la creciente divergencia entre humanos y naturaleza se ha hecho más patente en los últimos tres siglos y nuevamente debemos buscar la causa en la creciente tecnologización, urbanización, la vida continua en espacios cerrados (ciudades, casas, autos) que culturalmente frenan los que serían normales impulsos biofílicos. El conocimiento, respeto e interacción con el mundo natural fueron fundamentales para la supervivencia de nuestra especie, de allí la importancia de la biofilia como factor evolutivo. La vida en ambientes cerrados y estériles alejó al hombre de esta necesidad, aminorando sus impulsos biofílicos. El actual entusiasmo de muchas personas por la observación de aves o el turismo natural o biológico puede ser una respuesta a las fuertes tensiones que causa nuestro pasado evolutivo en el medio natural y los extremos de aislamiento a que nos ha llevado la evolución cultural y tecnológica. Es muy saludable y esperemos que siga creciendo.

– ¿Se enseña bien biología en las escuelas? ¿Se está mostrando a los alumnos el valor de la naturaleza y la importancia de conservarla? 

 Es difícil de responder. Creo que la educación en este sentido ha mejorado un poco desde que yo estudiaba en la escuela, pero no creo que lo suficiente. Aunque los programas de estudio han mejorado en algunos aspectos, el impartir solo conocimientos teóricos por parte de maestros que no están inmersos en estos temas, no alcanza. El verdadero aprecio por la naturaleza se aprende conviviendo con ella y entendiendo sus múltiples aspectos e interacciones. Entusiasma y llega más a los niños una salida al campo bien explicada e informada, que diez clases teóricas en el aula. Así como los museos de ciencias naturales han impulsado a muchos niños y jóvenes a convertirse en paleontólogos (tal es el caso del famoso Stephen Jay Gould, autor de Vida Maravillosa y La Estructura de la Teoría Evolutiva), los viajes de campo, estoy seguro, inspirarían a muchos a dedicar sus esfuerzos adultos a la ecología y la conservación.

– ¿Qué piensa que podemos hacer para tener una mejor relación con la vida natural?

Estudiar, comprender, educar, compartir información, divulgar, convivir con el ambiente natural. Y tener la sensibilidad de algunos grandes que nos precedieron.

En todas las cosas de la naturaleza hay algo de lo maravilloso.”

Aristóteles.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas”

San Francisco de Asís. Cántico de las Criaturas. 1224/1225

Hay grandeza en esta visión de la vida, con sus múltiples poderes, habiendo sido originalmente insuflada en unas pocas formas, o solo en una; y que, mientras el planeta ha ido ciclando de acuerdo a la ley fija de la gravedad, de tan simple comienzo infinitas formas muy bellas y muy maravillosas, han evolucionado y lo siguen haciendo.”

Charles Darwin. El Origen de las Especies. 1859

Para quien encuentra un encanto en las cosas tal como existen, en las inconquistadas provincias de los dominios de la Naturaleza, […….], le es permisible lamentar el aspecto alterado de la superficie de la tierra, junto a la desaparición de innumerables nobles y hermosas formas de los reinos animal y vegetal “.

Guillermo Enrique Hudson. El Naturalista en La Plata. 1895.

El buen hombre es el amigo de todos los seres vivos.”

Mahatma Gandhi.

La naturaleza no es un lugar para visitar. Es el hogar.”

Gary Snyder.

 

1 COMENTARIO

  1. Hermano, gracias por esta entrevista. No se cuando la hiciste, pero que justo que la publicaste hace apenas unas semanas.
    Hasta siempre, querido profesor Bidau. Te vamos a extrañar.

    PD: Si no te molesta, la voy a compartir en mi pagina web.

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